“El juego puede más que tú”: la soledad y las mentiras tras la adicción a las apuestas en la juventud

Con el inicio de la temporada deportiva comienzan las reuniones de amigos, las emociones y la pasión por los colores. Y también las apuestas deportivas. El 13 por ciento de los estudiantes con edades comprendidas entre los 14 y los 18 años ha jugado online en el último año. El 20 por ciento lo hace de manera semanal y el 11 por ciento diariamente. Son cifras facilitadas por el presidente del Patronato de Fundación Proyecto Hombre en La Rioja, David García de la Cal quien advierte además de que la normalización de las apuestas deportivas; el acceso temprano a los dispositivos móviles y la publicidad, son los tres factores que favorecen el juego entre los menores. Mario y Luis (nombres ficticios) forman parte de esos porcentajes.

Toqué fondo al darme cuenta de que podía perder a mis padres y a toda mi familia por culpa de mi egoísmo y de pensar que yo solo podía con todo hasta que por fin me hicieron ver que este tipo de problemas no se pueden superar solo

Mario llegó a la comunidad terapéutica de Proyecto Hombre en La Rioja tras cuatro años de adicción. “Toqué fondo al darme cuenta de que podía perder a mis padres y a toda mi familia por culpa de mi egoísmo y de pensar que yo solo podía con todo hasta que por fin me hicieron ver que este tipo de problemas no se pueden superar solo. Necesitaba ayuda profesional para salir de esta y volver a vivir una vida tranquila y feliz”. Luis llegó a la Asociación Riojana de Jugadores de Azar en Rehabilitación (ARJA) en 2021. Tenía 21 años. Cinco años después se arrepiente de las “incontables veces que ha mentido y engañado a los seres cercanos y queridos. Era capaz de hacer cualquier cosa con tal de seguir jugando porque cuando estás dentro de esto, el juego puede más que tú”. Dentro de ese pozo recuerda que “eran innumerables las veces que me sentí solo, tantas que al final llega un día en el que estás continuamente engañando y mintiendo hasta el punto de vivir una segunda vida. Tu vida real como jugador no la compartes con los demás y, de cara al resto, acabas viviendo una vida totalmente falsa porque estás ocultando una parte muy importante de ti: aquello que te mueve y que altera tus emociones”.

Debemos prestar atención a otros juegos de azar como la ruleta, las tragaperras o los casinos online sin olvidar la presencia de mecánicas de azar en determinados videojuegos, que permiten gastar dinero para obtener recompensas aleatorias y a las que los menores están expuestos desde edades muy tempranas

Y aunque no existe un único perfil de menor que desarrolla problemas con el juego, la psicóloga y directora técnica de ARJA, Alejandra Calle, sí encuentra factores que pueden aumentar la vulnerabilidad como la impulsividad, la búsqueda de sensaciones, la necesidad de reconocimiento o las dificultades para gestionar las emociones. “Las apuestas deportivas tienen un atractivo particular porque se vinculan al deporte y, cada vez más, fusionados. Esta asociación puede hacer que el menor no perciba que está participando en un juego de azar, sino que sienta que está poniendo a prueba sus conocimientos deportivos y como consecuencia, infravalorar los riesgos y sobreestimar su capacidad para predecir los resultados”. Y aunque las apuestas deportivas son una vía de acceso importante, Calle alerta de que no es la única. “Debemos prestar atención a otros juegos de azar como la ruleta, las tragaperras o los casinos online sin olvidar la presencia de mecánicas de azar en determinados videojuegos, que permiten gastar dinero para obtener recompensas aleatorias y a las que los menores están expuestos desde edades muy tempranas, normalizando completamente estas dinámicas”. No hay un único perfil, pero sí un elemento común entre los menores que atienden en ARJA “independientemente de cómo se hayan iniciado en el juego, la conducta deja de ser algo puntual y empieza a escapar a su control hasta ocupar un lugar central en sus vidas e interferir en otras áreas como las relaciones familiares y sociales, los estudios o el bienestar emocional”.

Y es que, una de las principales dificultades es que el juego online puede desarrollarse en la intimidad de una habitación, desde un móvil y sin que existan señales físicas evidentes las 24 horas del día, los 7 días de la semana. De ahí la importancia de observar varias señales como una preocupación excesiva por los resultados deportivos y cuotas; consultar constantemente el móvil durante los partidos; irritarse cuando no pueden acceder al dispositivo; ver partidos o deportes por los que antes no tenía interés y ocultar lo que hacen o mentir sobre el tiempo que dedican a jugar. También es importante prestar atención, apunta Calle, a los cambios relacionados con el dinero como pedir cantidades cada vez mayores; quedarse sin dinero sin una explicación clara; realizar pagos que no saben justificar; pedir dinero prestado a amigos o familiares o intentar recuperar lo perdido apostando de nuevo.

Sin embargo, a medida que la enfermedad avanza y vas superando límites y líneas rojas, en la mayoría de los casos (también el mío) el jugador acaba convirtiéndose en un jugador solitario.

“Cuando empiezas a apostar”, recuerda Luis, lo haces por un tema social, por la emoción o porque te gusta un deporte. Y sí que es verdad que, al principio, lo disfrutas más y puede llegar a darte igual perder o ganar porque son cantidades pequeñas. En esos momentos, lo que más te estimula es acertar o no acertar, más que el propio resultado económico. Cuando el problema va avanzando, puedes utilizar como excusa mental el hecho de que juegas para recuperar lo perdido, pero en realidad, cuando recuperas el dinero, o incluso cuando lo pierdes, sigues jugando. Sigues jugando mientras tengas dinero, ese es el falso objetivo: tener dinero para seguir jugando, no para recuperarlo“.

A nivel emocional, la psicóloga de ARJA explica que puede aparecer irritabilidad, ansiedad, alteraciones del sueño, aislamiento, dificultades académicas o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban. “Es importante que las familias conozcan estas señales y puedan prestar atención a los cambios de comportamiento. No hay que esperar a que aparezca una deuda importante”, insiste Calle.

Luis comenzó a jugar con amigos y conocidos. Por diversión. “Todavía no tenía una adicción real, ni la necesidad de estar jugando continuamente. Sin embargo, a medida que la enfermedad avanza y vas superando límites y líneas rojas, en la mayoría de los casos (también el mío) el jugador acaba convirtiéndose en un jugador solitario. Es en la soledad de su habitación, viendo sus partidos y pendiente únicamente de sus apuestas, donde acaba evadiéndose por completo de la realidad y desarrollando una dinámica de juego mucho más obsesiva y peligrosa. Cuando estás acompañado, no llegas a los niveles de juego que puedes alcanzar estando solo. En compañía existen ciertos límites, cuando estás solo, sientes que no hay límite alguno”.

La prevención debe ir más allá, es esencial incluir educación sobre los riesgos del juego de azar, la detección temprana de las conductas problemáticas y vías accesibles para pedir ayuda".

La prohibición no basta

En España, la participación de menores de 18 años en juegos de azar está prohibida por ley. Sin embargo, la brecha de control digital facilita el acceso mediante el uso de identidades de terceros o tarjetas prepago. La prohibición no garantiza por sí sola que el acceso quede completamente bloqueado. “Lo que vemos en ARJA es que los adolescentes utilizan cuentas de adultos de su entorno o participan a través de otras personas que realizan las apuestas. También hemos visto casos en los que los controles de identidad no han resultado suficientemente eficaces”. Esto pone de manifiesto, apunta Calle, “que no basta con prohibir el acceso a los menores: es necesario que los mecanismos de control funcionen y que se actúe frente a las vías que permiten eludirlos. Pero la prevención debe ir más allá, es esencial incluir educación sobre los riesgos del juego de azar, la detección temprana de las conductas problemáticas y vías accesibles para pedir ayuda”.

Y la responsabilidad no debe recaer únicamente en las familias ni en la capacidad de autocontrol de los adolescentes. “Debemos cuestionar la normalización del juego de azar como una forma más de ocio, especialmente entre la población joven. Cuando las apuestas se presentan asociadas al deporte, al entretenimiento y a la interacción social, puede resultar más difícil de reconocer los riesgos que implican. Proteger a los menores exige actuar tanto sobre el acceso al juego como sobre la percepción social que tienen de él. No podemos pedirles que identifiquen y eviten unos riesgos que, como sociedad, contribuimos a normalizar”.

El objetivo no es que el joven deje de interesarse por el deporte, sino que pueda recuperar una relación con el que no esté condicionada por el dinero, la emoción de apostar o la necesidad de obtener una recompensa

Así lo entiende Mario. Es consciente de que el riesgo de volver a jugar siempre va a estar ahí. “Es algo con lo que tendré que convivir siempre en una sociedad en la que la gran mayoría de las sustancias y hábitos adictivos están aceptados y normalizados. Sé que siempre tendré que estar alerta y concienciado de dónde me puede llevar volver a esa vida, volver al pozo del que con mucho esfuerzo he conseguido salir”. En el camino hacia la recuperación cuentan con la ayuda de ARJA y Proyecto Hombre en La Rioja. “El objetivo no es que el joven deje de interesarse por el deporte, sino que pueda recuperar una relación que no esté condicionada por el dinero, la emoción de apostar o la necesidad de obtener una recompensa. No basta con decirle que deje de jugar. Hay que ayudarle a construir alternativas, desarrollar herramientas de regulación emocional y recuperar otras fuentes de satisfacción porque el deporte debe volver a ser una actividad que disfrute por sí misma, no como una excusa para apostar”, insiste la psicóloga de ARJA.

En cuanto notéis que necesitáis alguna sustancia o comportamiento con el que sentís que sin él no podéis vivir, pedid ayuda y no os sintáis juzgados

Con la temporada deportiva ya iniciada, Mario no mira a las estadísticas, sino a quienes hoy están donde él estuvo. Su mensaje va directo a cualquiera que sienta que el juego ya no es un entretenimiento, sino una necesidad que erosiona sus estudios, sus afectos y su tranquilidad: “En cuanto notéis que necesitáis un comportamiento sin el que sentís que no podéis vivir, pedid ayuda y no os sintáis juzgados; esto le puede pasar a cualquiera y por muy fuertes que seamos, no saldremos solos”. Un aviso honesto de quien conoce el pozo por dentro y sabe que la adicción nunca se cobra su precio en soledad: “El juego destruye familias y vidas enteras; no solo nos hacemos daño a nosotros mismos, sino a todo lo que nos rodea”.