¿Y eso del coaching qué es?

0

“Mi hija está pasando una edad del pavo insoportable. Por más que lo intentamos, ni su padre, ni sus hermanas, ni yo conseguimos hablar con ella. Cada conversación termina en portazo”. 

“Mi equipo es tremendo, me esfuerzo en motivarles, en intentar que participen, que aporten ideas, que sean proactivos… pero no hay manera. Se nota que son de otra generación”.

 “Mi hermana se va a casar y mi futuro cuñado es insoportable. Siempre tiene la razón, no escucha a nadie. Intento llevarme bien con él porque este sí que viene para quedarse, pero de verdad que ya no sé qué hacer”.

“He tenido la oferta de trabajo soñada, pero es en otro país, lo que supone que tendríamos que trasladarnos toda la familia, justo ahora que las niñas empezaban a adaptarse. No sé qué decisión tomar”.

“En las reuniones me paralizo. Veo a mi jefe tan serio, tan imponente, que, aunque tengo buenas ideas, soy incapaz de abrir la boca. Me da una rabia… y por más que lo intento, no consigo superarlo”.

¿Te suena alguna de estas situaciones? Seguro que sí. Todos tenemos alguna versión de ellas. Y cuando nos pasa algo así, ¿qué hacemos?. Pedimos ayuda, hablamos con amigos, con la pareja, con la familia, escuchamos consejos, buscamos estrategias, intentamos cambiar nuestro comportamiento. Y muchas veces lo conseguimos, pero a veces, a pesar de todo ese esfuerzo, nada cambia, nos seguimos tropezando con la misma piedra, una y otra vez. Otras veces la vida nos plantea encrucijadas, decisiones que tenemos que tomar, que sabemos que son decisivas para nuestro futuro, pero de las que no hay certeza sobre cuál es la mejor opción y no sabemos qué hacer.

Llegados a este punto, un coach es una buena solución. No para darte consejos ni para decirte lo que tienes que hacer. Un coach no es un consejero, ni un psicólogo, ni un gurú. Un coach es alguien que te acompaña a mirar lo que te está pasando, pero desde otro lugar. Porque la solución —aunque no siempre lo veamos— pasa por uno mismo.

No se trata de cambiar a la hija adolescente, al cuñado, al jefe o al equipo, ni de evaluar solo pros y contras de la mejor opción laboral. Se trata de ayudarte a mirarte tú: cómo estás interpretando la situación, qué te pasa cuando eso ocurre, qué emociones te aparecen, qué conversaciones tienes contigo mismo… en resumen, de qué manera estás participando tú en eso que no te gusta.

Casi siempre creemos que nuestro problema está fuera, en el otro, en las circunstancias, en la suerte, pero la mayoría de las veces, lo que realmente nos deja atrapados son las interpretaciones que hacemos de lo que vivimos. Y esas interpretaciones —que nos parecen verdades absolutas— son solo una forma de mirar, una entre muchas posibles.

El proceso de coaching empieza justamente por ahí: por abrir espacio a nuevas miradas y poner palabras a lo que nos pasa y descubrir las creencias, emociones y hábitos que sostienen nuestra manera actual de actuar. El coach acompaña, pregunta, escucha de verdad, y lo hace creando un espacio de confianza donde puedes observarte sin ser juzgado, con curiosidad y honestidad.

A veces, en ese proceso, nos damos cuenta de que llevamos años intentando resolver algo esperando resultados distintos, pero actuando desde el mismo lugar, como si estuviéramos empujando una puerta que, en realidad, se abre hacia dentro lado. El coaching te ayuda justamente a eso: a girar la manilla y descubrir otra forma de abrir esa puerta que estaba ahí, pero que no veías.

Así que, la próxima vez que sientas que ya lo has intentado todo y nada cambia, tal vez no se trate de hacer cosas diferentes, sino de mirar distinto, para actuar distinto y conseguir los resultados que deseas. A veces solo hace falta que alguien te ayude a mirar desde otro lugar.