Cuando un like vale más que el sentido común: ¿quién está educando a nuestros adolescentes?

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El Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de La Rioja advierte de los riesgos de normalizar discursos machistas y falsas creencias científicas a través de los retos virales y reivindica la educación social como herramienta para construir relaciones saludables, pensamiento crítico y convivencia.

No ducharse para resultar más atractivo. Acumular olor corporal para conquistar a las chicas. “Maximizar las feromonas” como supuesto secreto del éxito sentimental. Lo que podría parecer una broma adolescente es la última tendencia viral que circula por Tik Tok y que nos invita a plantearnos una pregunta mucho más importante: ¿qué modelos de masculinidad, afectividad y relaciones personales estamos ofreciendo a nuestros jóvenes?

Desde el Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de La Rioja (CEESRIOJA) queremos aprovechar la noticia publicada por elDiario.es sobre el denominado pheromone maxxing para abrir una reflexión que vaya más allá de la anécdota, del escándalo y de la tentación de ridiculizar a quienes participan en estas modas.

Porque el problema no es que un adolescente decida no ducharse un día. El problema comienza cuando aprende que para gustar debe obedecer una fórmula, que las mujeres son una conquista y que su valor personal depende de su capacidad para resultar deseable.

La masculinidad no debería aprenderse a golpe de algoritmo. La adolescencia es una etapa de exploración, búsqueda de identidad, inseguridades y necesidad de pertenencia. Las redes sociales forman parte de ese proceso y ofrecen oportunidades extraordinarias para compartir, crear y aprender.

Sin embargo, también pueden amplificar mensajes que presentan la masculinidad como una competición permanente basada en el físico, la testosterona, el dominio o la supuesta superioridad sobre las mujeres.

No toda persona que participa en un reto viral comparte esos planteamientos. En muchas ocasiones intervienen el humor, la curiosidad o la presión del grupo. Precisamente por eso debemos evitar las generalizaciones y las respuestas alarmistas.

Pero tampoco podemos ignorar que determinados discursos disfrazados de consejos para ligar reproducen prejuicios machistas, difunden afirmaciones sin respaldo científico y reducen las relaciones humanas a estrategias de seducción. Las mujeres no son premios que se consiguen. Los hombres no tienen que demostrar continuamente su virilidad. Y el afecto no se mide en conquistas, seguidores ni visualizaciones.

Educar también consiste en desmontar estas ideas antes de que se conviertan en referentes. No necesitamos jóvenes obedientes, sino jóvenes capaces de pensar. Desde CEESRIOJA consideramos que prohibir, ridiculizar o responder con sermones resulta insuficiente.

Necesitamos escuchar qué hay detrás de estas conductas: miedo al rechazo, necesidad de aceptación, inseguridades corporales, soledad, presión grupal o desconocimiento sobre las relaciones afectivas.

La solución no pasa por demonizar Tik Tok ni por culpabilizar a las familias. Pasa por asumir colectivamente nuestra responsabilidad educativa. Un reto puede desaparecer mañana, pero las creencias sobre el cuerpo, la autoestima, el consentimiento, la igualdad y la manera de relacionarnos pueden permanecer durante años.

Por eso reivindicamos una educación afectivo-sexual rigurosa, el desarrollo de la alfabetización mediática y digital y la incorporación efectiva de profesionales de la educación social en los espacios donde crecen y conviven niños, niñas y adolescentes: centros educativos, familias, servicios comunitarios, asociaciones juveniles y entornos digitales.

Cinco recomendaciones para adolescentes y jóvenes

1. No confundas popularidad con verdad. Que un vídeo tenga miles de visualizaciones no convierte sus afirmaciones en científicas. Pregunta, contrasta y aprende a reconocer los engaños.

2. Tu cuerpo no necesita superar ningún examen. La higiene, el descanso, la alimentación y el autocuidado son cuestiones de salud y bienestar, no fórmulas para conseguir aprobación.

3. No necesitas conquistar a nadie para demostrar lo que vales. Las relaciones saludables se construyen desde el respeto, la reciprocidad, la comunicación y el consentimiento, nunca desde la manipulación.

4. Atrévete a ser diferente del grupo. No participar en un reto que te incomoda también es una forma de autonomía, libertad y madurez.

5. Habla de tus inseguridades. Si te preocupa tu apariencia, tu aceptación social o tus relaciones, conversa con alguien de confianza. Pedir orientación demuestra capacidad para cuidarte.

Cinco recomendaciones para las familias

1. Pregunta antes de juzgar. Un “¿qué te llama la atención de ese vídeo?” puede generar más aprendizaje que una prohibición o una bronca.

2. Interésate por sus referentes digitales. Conoce a quienes siguen, qué mensajes transmiten y qué modelos de éxito, belleza y masculinidad promueven.

3. Habla de afectividad sin tabúes. Aborda con naturalidad el deseo, el consentimiento, las relaciones sanas, la igualdad y el respeto a la diversidad.

4. Evita las burlas y las humillaciones. Ridiculizar sus inquietudes o su cuerpo puede aumentar la inseguridad y dificultar que vuelvan a pedir ayuda.

5. Educa también con el ejemplo. La convivencia, los cuidados compartidos, el respeto entre mujeres y hombres y la expresión saludable de las emociones se aprenden en la vida cotidiana.

Educar antes de que el algoritmo decida

Desde CEESRIOJA reclamamos a las administraciones públicas una apuesta sostenida por la prevención socioeducativa, la formación y el acompañamiento a las familias, así como por la presencia de educadoras y educadores sociales en los centros educativos y en los programas comunitarios de infancia y juventud.

También resulta imprescindible que las plataformas digitales asuman su responsabilidad frente a la difusión de desinformación, discursos discriminatorios y modelos de relación perjudiciales.

No podemos exigir pensamiento crítico a nuestros adolescentes si no les ofrecemos espacios donde aprender a desarrollarlo. Ni pedirles relaciones respetuosas si dejamos su educación afectiva exclusivamente en manos de los algoritmos.

Quizá la verdadera alarma no sea que algunos jóvenes crean que dejar de ducharse les hará más atractivos. La verdadera alarma sería que las personas adultas dejáramos de preguntarnos por qué necesitan creerlo.

La educación social no pretende decidir cómo deben ser nuestros jóvenes, sino acompañarlos para que puedan descubrir quiénes quieren ser, sin miedo, sin imposiciones y sin reproducir desigualdades.

Porque la autoestima no se maximiza. Se cultiva. El respeto no se viraliza. Se practica. Y la convivencia no se improvisa. Se educa.