La acampada de Sol lee su manifiesto de despedida: “Somos la mayoría social, no nos vamos a conformar con migajas”
“¿Qué queremos?” Se preguntan los acampados en Sol en el manifiesto final consensuado después de varios días de discusiones. “Ni gente sin casa, ni casas sin gente”, responden en la principal demanda de una extensa lista de reivindicaciones con las que han querido recoger el sentido de su protesta, que va camino de la disolución pero a la que aún no han puesto fecha defenitiva.
El texto verbalizado este lunes por cuatro portavoces del movimiento [aquí puedes leerlo completo] intenta explicar de dónde ha nacido esta acampada, sus principales reivindicaciones y cómo van a intentar conseguirlas. “Somos la fuerza que tiene la mayoría social si trabaja unida, y no nos vamos a conformar con migajas”, advierten.
“Hemos aprendido que, si nos juntamos, podemos romper el aislamiento y provocar cambios reales, soñando y construyendo un futuro en el que queremos y merecemos vivir. La Acampada es prueba viva de esto”, dicen al explicar el orgien de un movimiento que tuvo el desahucio de Maricarmen como “el detonante y el símbolo de nuestra lucha”. Pero que luego siguió por “la inestabilidad en los hogares por la falta de una vivienda digna, la pérdida de nuestros barrios y la degradación de los servicios públicos”, algo que “nos hizo decir basta”.
Los acampados creen que “otra manera de hacer las cosas es posible gracias a la autogestión y el apoyo mutuo. Hemos creado una comunidad cuyas bases son el amor, los cuidados, el apoyo emocional y la esperanza de volver a una humanidad solidaria y colectiva”, añaden antes de advertir que “el reto no consiste únicamente en construir una comunidad solidaria dentro de la acampada, sino que sus derechos estén garantizados sin tener que depender de ella”.
La vivienda en el centro pero va más allá
El qué queremos del manifiesto arranca con la citada frase de “ni gente sin casa, ni casas sin gente”, pero luego exige “un cambio social real, que debe producirse a nivel moral, identitario y emocional, así como en las condiciones materiales de vida”. Y piden a las instituciones “que se encarguen de garantizarla para la mayoría social” al constatar que se ha roto “la confianza depositada en el sistema por la soberanía popular”.
El manifiesto denuncia “la presión económica y laboral que precariza nuestras vidas, así como la existencia de grandes tenedores, empresas de desokupación y fondos buitre que, con la colaboración institucional, se lucran desahuciando a las familias de sus casas, con impunidad a su violencia”. Frente a ello, apuestan por “facilitar el acceso a la vivienda por medio de proyectos de vivienda social accesible o residencias de distinta índole”, además de “una reestructuración de los barrios y una arquitectura que apuesten por la convivencia y los espacios de encuentro, y por una vida laboral que nos permita tener tiempo para vivir y convivir”.
La respuesta a todo esto debe ser colectiva. Llevamos dentro un mundo nuevo, aprendemos en comunidad y somos el resultado de luchas pasadas, de las que hemos heredado conquistas y aprendizajes para poder construir un legado de derechos futuros. Por esto, estas demandas no son únicamente un manifiesto, sino una declaración de nuestro compromiso para seguir avanzando juntes, con todas aquellas herramientas con las que contamos para avanzar hacia nuevas realidades.
La acampada quiere hacer extensivas estas demandas a todas las personas, explicitando que “ningún ser humano es ilegal” y hace algunas reclamaciones en la estructura económica, como sustituir “el modelo de franquicias, grandes empresas y comercio basado en el turismo, por uno más sostenible para la ciudadanía”. También pone el punto de mira en “la ansiedad, la depresión y soledad”, que considera síntomas “de un sistema violento” y reclama “el fin de los abusos psiquiátricos, la medicalización forzosa y la patologización de la precariedad”.
Un horizonte “desde nuestras plazas, calles y casas”
“Podemos conseguirlo con una lucha conjunta, transversal e internacionalista”, defienden en la tercera parte del manifiesto, el primer texto político de relevancia que surge de la acampada después de la salida del Sindicato de Inquilinas, hace ya algunas semanas. “El miedo está cambiando de bando. Nos hemos juntado y organizado, tenemos la capacidad de alterar la realidad mediante la acción directa. Para ello, proponemos la Puerta del Sol, al igual que el resto de plazas populares, como punto neurálgico de reunión y asamblea post-acampada”, expresan reclamando más espacios de reunión y protesta.
“Consideramos ilegítimo y criminal un sistema que nos relega a la calle habiendo casas vacías. Tenemos claro que muertes como la de Maricarmen son asesinatos”, prosiguen después de avisar que “seguiremos parando cada desahucio y cada desalojo”. “Nos apropiaremos de los espacios que sean necesarios como punto de encuentro y reunión”, continúan, reclamando “la desobediencia civil como recurso”. Y declaran su apoyo explícito a la huelga general del próximo 11 de noviembre
Por último, el comunicado leído junto a la estatua del Oso y el madroño asegura que el 26S “es un movimiento que trasciende a la acampada en sí. Más allá de la Puerta del Sol, esta fuerza se ha extendido y conformado como una protesta que aún lucha y mantiene redes internacionales”. Y concluye: “Esta acampada, esta ciudad efímera compuesta por tiendas y lonas, la llevaremos siempre con nosotres. Nuestro espíritu está en Sol, la calle se hace al habitarla, y esta plaza será campo para cultivar nuestros anhelos”.
El camino de la desacampada
Los portavoces de la acampada 26S se negaron este lunes a dar detalles sobre el futuro del asentamiento en Sol y cuál será la fecha de su levantamiento, después del anuncio durante el fin de semana de que la mayoría de comisiones se retiraban de ese lugar. La única respuesta a las preguntas de la prensa sobre ello fue el emplazamiento al martes y al miércoles de nuevos anuncios en ese sentido.
La protesta, que ya se extiende más días que los que llegó el 15M, comenzó a hablar de desacampada hace casi tres semanas, cuando una asamblea general propuso la redacción de un manifiesto que recogiera todo el sentir de este movimiento, a la vez que alargaba el final del campamento que desde finales de septiembre ocupa el centro neurálgico de Madrid. Entonces, los representantes de las comisiones lanzaron unas palabras que definían bien cómo se podrá recordar esta acampada en el futuro: “El verdadero éxito de esta acampada no debería medirse únicamente por cuánto tiempo conseguimos aguantar, sino por nuestra capacidad para convertir todo lo que hemos conseguido aquí en una fuerza colectiva y política que perdure más allá de la Puerta del Sol”.