En la casa de Maricarmen arrancaron la placa sobre su desahucio, pero en su lugar han surgido decenas de flores

Diego Casado

Retiro, Madrid —
8 de octubre de 2026 17:35 h

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Dos líneas con pegamento en una pared de la calle Sáinz de Baranda marcan el lugar donde estaba la placa que recordaba el desahucio de Maricarmen. Fue instalada allí de forma anónima algo después del lanzamiento, el mismo día que Urbagestión intentaba limpiar su imagen negociando un nuevo alquiler para el mismo lugar, al mismo precio. El acuerdo que negociaron entonces se ha quedado sin firmar por la muerte de la anciana y la placa ha desaparecido, arrancada de la pared.

Al lado de donde fue colocada, los vecinos del barrio han empezado a dejar flores. Algunas sujetadas en las rejas del portal. Otras, la mayoría, en un alcorque del bulevar situado enfrente. Uno de los últimos en hacerlo esta mañana de jueves ha sido Domenico, un italiano de 90 años que, apenado, ha acudido con una rosa blanca y una tarjeta que pone ciao Maricarmen. “Es absurdo lo que ha pasado, que la justicia o que parte de la política de este país no haya apoyado a esta mujer”, reflexiona sobre un caso que le ha golpeado emocionalmente, asegura. “No puedo entender cómo alguien puede ser tan maligno con una situación humana como esta, no lo comprendo”.

“Descansa en paz, tu lucha sigue”, “gracias por cambiar la historia de este país”, “que nadie más tenga que morir desahuciado” o “Maricarmen, gracias a tu ejemplo nuestras hijas han aprendido a luchar” son algunas de las frases escritas por los viandantes que se han acercado hasta el bulevar para mostrar sus condolencias por el fallecimiento.

Mirando estas palabras lleva un rato de pie Juan (32 años), pensativo ante el árbol alrededor del que se reúnen las frases de cariño hacia Maricarmen. Luego explica, en conversación con Somos Madrid, que todos los días pasa por este portal camino del trabajo. También el día del desahucio, cuando se la llevaron camino del hospital del que no volvió. “Hoy me he acercado a rendirle homenaje, a acordarme de ella”, explica todavía compungido. Cree que lo que ha sucedido sirve “para darnos cuenta de lo que le estamos haciendo a parte de la sociedad, es un caso que no debería pasar otra vez”.

Mientras habla, una mujer deja una maceta con flores blancas, haciendo hueco entre los ramitos que van llegando a lo largo de la mañana. Otra le coloca un poema escrito a mano, al lado de una carta dedicada por los alumnos de un instituto. Hay también muchos dibujos infantiles.

“Vengo a decirle adiós a Maricarmen”, explica Pilar (72 años), que se declara “conmovida” por todo lo sucedido. Vecina del barrio, conoció el caso cuando se produjo la primera gran concentración para intentar frenar su salida, antes del verano. Piensa que su figura ha ayudado a poner sobre la mesa un problema por el que “nadie estaba haciendo nada”. “La gente está un poquito enfadada con la vivienda, yo también. Este es uno de los casos, pero hay unos abusos terribles. No puede seguir así”, denuncia.

Abrazando el árbol han colocado una camiseta del Sindicato de Inquilinas, organización a la que estaba afiliada Maricarmen desde hace cuatro años y que ha abanderado su lucha. Esta noche una marcha hasta este lugar, desde la acampada de Sol, le rendirá su último homenaje.

Justo debajo estaba pegado el cartel que convocaba a la concentración contra el desahucio que la expulsó para siempre de este lugar. Al igual que la placa recordando ese fatídico día. Hay vecinos que pasan por el lugar murmurando algo con gesto de desaprobación, pero sin atreverse a lanzar críticas. Son minoría entre los que aquí se paran. Otras vecinas charlan sobre el caso durante unos minutos. Antes de despedirse, concluyen: “Será legal, pero no es moral”.