El Sindicato de Inquilinas evalúa un mes en las calles hacia la huelga y mira al futuro: “No queremos convertirnos en una cúpula de listos”

Guillermo Hormigo

Madrid —
22 de octubre de 2026 15:29 h

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Durante las últimas semanas, los encuentros del Sindicato de Inquilinas de Madrid con la prensa se han producido en ambientes de convulsión, tensión e incluso dramatismo. El desahucio de Maricarmen, las protestas que le siguieron, el inicio de la acampada en Sol, la aprobación y caída de los decretos de vivienda. Las portavoces de la organización atendían a los numerosos medios que se agolpaban a su alrededor con declaraciones potentes, pero sin tiempo para la reflexión ante la voraz actualidad.

Aunque las tiendas siguen en Sol y la crisis habitacional continúa ahogando a millones de familias, el Sindicato ha celebrado este jueves en el Ateneo La Maliciosa una jornada en la que trasladar a la opinión pública de forma más pausada sus estrategias, sus objetivos y los medios para materializarlos. Todo ello con un horizonte claro: la huelga general convocada el miércoles 11 de noviembre.

“Ahora mismo el Sindicato está poniendo todas sus fuerzas en organizar la huelga con los comités unitarios, además de retomar el sindicalismo inquilino y las asambleas abiertas en los barrios. Apoyamos la acampada y a los militantes participan, aunque no tengamos un puesto permanente ya, pero la prioridad es construir la huelga porque creemos que es la herramienta ideal”, ha comenzado explicando Alicia del Río, portavoz. Han acudido además Elisa Molina, de la Comisión de Organización; Álvaro Piélago, responsable de prensa y Lucas Vázquez, coordinador de comunicación del Comité de Huelga de la Confederación de Sindicatos de Inquilinas (la cual ha pasado en pocos meses de integrar solo Madrid y Catalunya a sumar una quincena de territorios).

Del “impacto” de los sindicatos mayoritarios a la “alianza natural” con otras organizaciones

Del Río ha querido atajar “la desinformación y los bulos contra la huelga”, de la cual “todos los actores se la van a intentar apropiar, más en medio de unas elecciones”. Pese a destacar el crecimiento de su organización y toda la Condeferación en el país, recalca que “vivienda y salario dos caras de la misma moneda, así que para lograr el impacto deseado necesitábamos a los sindicatos, también los mayoritarios”. No obstante, admite que sus “alianzas naturales” son organizaciones “más combativas”, como CNT, CGT o entidades ecologistas y antirracistas. El fin último es que la huelga sirva de “golpe de toda la sociedad contra un sistema rentista que nos destroza la vida en comunidad, también a los propietarios que ven cómo su edificio se llena de pisos turísticos o los amigos de sus hijos se tienen que ir del cole”. De hecho, Elisa Molina apunta que “la huelga general y la educativa, con sus particularidades, deben entenderse como una”.

Preguntada por dónde quedó la propuesta de impulsar una gran huelga de alquileres, muy pregonada en las movilizaciones pro la vivienda de 2024, la portavoz no la rechaza de plano más adelante: “No nos despedimos del objetivo, pero entendemos que la problemática no está despegada de lo laboral y de ahí que la huelga general sea la herramienta más efectiva. Dejar de pagar el alquiler es una herramienta histórica olvidada que pusimos sobre la mesa para que las inquilinas sepan que pueden dar la vuelta a la tortilla. De momento lo hemos probado parcialmente y contra rentistas concretos, como el fondo Nestar”.

“Que las casas pasen de ser un bien de mercado a un derecho no lo podríamos conseguir solos, necesitamos un proyecto que unifique luchas. Reforzar alianzas con el sindicalismo laboral u organizaciones de barrio sirve para lograr más poder. Si conseguimos victorias sin un frente realmente fuerte, desplazaríamos los costes del capitalismo a otro sector. Hay que recuperar herramientas históricas de la clase trabajadora que nos unen”, defiende Alicia del Río. El propósito es también “extender el sindicalismo de base a sectores que no estaban tan organizados, como la juventud o la población migrante, para forjar un ciclo de poder popular ante el descrédito de las instituciones”.

Reforzar alianzas con el sindicalismo laboral u organizaciones de barrio sirve para lograr más poder. Si conseguimos victorias sin un frente realmente fuerte, desplazaríamos los costes del capitalismo a otro sector

Desde el Sindicato insisten en que se trata de “una huelga contra el sistema rentista y contra los gobiernos que lo sustentan, las instancias a su servicio tanto por obra como por omisión”. Al ser preguntada sobre la apropiación de sus reclamaciones por parte de los partidos de izquierda en un contexto electoral, la activista reconoce que eso está ocurriendo, al tiempo que opta por focalizar sus esfuerzos en otras luchas más que en desacreditar la apropiación de su lucha: “Intentamos no perder el tiempo y medir qué medios tenemos para que nuestro mensaje cale”. “En función de si una comunicación o un mensaje en redes se sale de un marco u otro se nos respalda o se nos acusa. Para nosotros lo importante es poner las reclamaciones de vivienda en el centro”, destaca Álvaro Piélago.

Sobre el papel de CCOO y UGT, Elisa Molina indica que hay “sectores que dependen mucho de ellos para un respaldo masivo”, por lo que esperan que sigan volcados con la movilización. Avanza que en la mesa sindical están presentes representantes de EMT, Metro o la educación, donde esperan seguimientos masivos al margen de los servicios mínimos. “Esta huelga es unitaria y de carácter popular, no le pertenece a ninguna organización. Los sindicatos somos una herramienta de servicio”, setencia.

Ambición de “generar una conversación pública” alrededor de la huelga

Una vía hacia el paro que se articula con mecanismos con una web recién creada o una apliación donde pueden consultarse, entre otros datos, los comités de huelga desplegados por todo el país. “Es una herramienta importante para animar a participar en la huelga a personas que quieren y no saben cómo, de conectar a gente separada”, subraya Molina.

El primer portal recoge además referentes históricos de otras huelgas, un seguimiento interactivo de piquetes o actos de divulgación e incluso argumentarios sectoriales para convencer a personas pertenecientes a diversos colectivos (desde pensionistas hasta estudiantes) sobre por qué deben sumarse a los paros y las manifestaciones. Piélago espera que la huega del 11N “genere una conversación pública, aunque sea desde la discrepancia, como pasó después del desahucio de Maricarmen”.

Sobre lo que vendrá más allá de la huelga, además de un gran acto que preparan en Vistalegre el día 15 de noviembre o de la variable electoral dos semanas después, Alicia del Río alerta de una amenaza externa y una interna. El primero tiene que ver con la ola reaccionaria: “Un Gobierno con fascistas implica estar más a la defensiva, pero nuestra tarea es animar a luchar, difundir el mensaje de que votar es importante pero no es suficiente”. El segundo, con el temor de repetir los errores de organizaciones que encauzaron la indignación en etapas anteriores: “El mayor riesgo es correr tanto que perdamos la distancia con la base, convertirnos en una cúpula de listos”. Así avanzan en su objetivo de parar el país: desde una rabia modesta.