Dolor en los desahucios
La experiencia personal y desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de acompañar a familias en los procesos de desahucio está marcada por el dolor que las víctimas sienten y que expresan como pueden entre sollozos y balbuceos. Es un dolor desgarrador que les rompe la vida y que no les permite mirar a sus hijos e hijas porque tienen el convencimiento de que les dejan sin futuro. En cierta ocasión, una madre me decía con lágrimas en los ojos que cómo le iba a explicar a sus hijos que tenían que abandonar su casa, irse de su colegio y alejarse de sus amigos y amigas; que cuando sus hijos le preguntarán el porqué no sabía qué les iba a responder.
La muerte de Maricarmen, esa gran mujer luchadora de 87 años desahuciada de su hogar en Madrid, nos ha conmocionado en lo más profundo de nuestro corazón y es el reflejo de una sociedad donde el dinero se ha convertido en idolatría y en su altar sacrificamos vidas humanas, sobre todo, de los más vulnerables. Enseguida han saltado los adoradores del dinero lanzando su odio y desprecio contra Maricarmen porque ha luchado por su hogar en una zona de Madrid que se considera de rentas altas. Decían despectivamente de una manera resumida: ¿cómo una mujer pensionista que paga 500 euros y no puede pagar más pretende quedarse en esa vivienda? Fuera, vividora y vete a una zona más pobre, que es donde te corresponde.
Mi experiencia personal en los desahucios es ver un gran dolor. Muchas veces desde el silencio, la vergüenza y la culpabilidad. La pérdida del hogar produce un inmenso dolor, destroza y marca de por vida. Se pierde salud mental y también física. Es el dolor de los desahucios. La toma de ansiolíticos se convierte en la única forma de soportar este dolor porque la pregunta dónde iré y qué va a ser de nuestras vidas se convierten en un martillo emocional. Los menores y adolescentes que sufren un desahucio se encuentran con un terrible trauma que los marca para siempre. Se aíslan y mueren por dentro, al igual que sus padres y madres.
Qué razón llevaba Hannah Arendt cuando afirmaba que “la muerte de la empatía humana es uno de los primeros y más reveladores signos de una cultura a punto de caer en la barbarie”. Quieren los poderosos, esas élites económicas, financieras, sociales y políticas que muera la empatía, que alcancemos un grado tal de insensibilización y deshumanización que nos lleve a justificar las injusticias sociales y legitimar el sufrimiento de los demás. Se trata de apoyar esas políticas de avaricia, codicia y ambición de los adinerados y despotricar, maldecir y humillar a los más empobrecidos y más vulnerables.
Un pequeño homenaje a Maricarmen y a todas las maricármenes que han sufrido un desahucio y que han perdido la vida porque no son muertes naturales; son muertes sociales porque este sistema cruel y bárbaro les quitó la vida, las mataron. De ahí, el lema 'no son muertes, son asesinatos'.
El mayor homenaje son todas esas acampadas en tantos lugares de la geografía española en reivindicación del derecho a la vivienda con medidas que la hagan realidad. También le añado el derecho al trabajo digno y a una vida digna, tal y como es el lema de la huelga general del 11 de noviembre.
Sueño con que la empatía despierta nuestra sensibilización con el sufrimiento y el dolor de los demás, pero para ello hay que destronar la idolatría del dinero y poner en el centro la vida de toda persona con toda su dignidad, empatizar con su dolor.