El estudio genético de los últimos 125 agotes en Navarra, “el pueblo maldito”, acaba con el “misterio” de su origen
“El origen genético local de los agotes del Valle del Baztan pone fin a siglos de misterio”, afirma la Universidad Complutense de Madrid (UCM) sobre “el primer estudio genómico completo de este grupo marginado durante ocho siglos”. Los hallazgos demuestran que, en contra de la “percepción histórica arraigada” que los identifica como “un grupo extranjero”, los agotes poseen “una ascendencia genética compartida con las poblaciones locales”. Aunque legislativamente los agotes estaban protegidos desde comienzos del siglo XVI, la sociedad continuó discriminándolos hasta el siglo XIX e incluso el siglo XX, primero por “los requisitos de limpieza de sangre” y después por los prejuicios y costumbres.
“El primer análisis genómico de este grupo humano marginado socialmente durante siglos, liderado por la Universidad Complutense de Madrid, demuestra que comparten afinidad ancestral con las poblaciones vasco-navarras y del suroeste de Francia”, expresan desde la UCM, cuyos autores manejan como hipótesis “el origen cátaro y su persecución en una cruzada religiosa en el siglo XIII como origen del grupo”.
El estudio ve como factible una de las “tesis habituales” de que los agotes son “grupúsculos de la herejía cátara que llegaron al Pirineo y se establecieron en la zona”, teoría que “se mantiene desde el siglo XVI”, analiza Jesús María Usunáriz, catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Navarra. También se les ha asociado a lo largo de la historia con ser descendientes de “los godos o de sarracenos”, además de “leprosos”. Esta última teoría no se baraja como imposible, aunque Usunáriz matiza que la vinculación de “leproso” es habitual con grupos marginales como “brujas o judíos”.
No hay un consenso sobre el origen de los agotes, tal y como se refleja en la introducción del estudio de la Complutense. Algunos historiadores sitúan las primeras referencias entre los años 950 y 1000. Otros fijan la primera mención en 1413. A lo largo de la historia, este grupo ha habitado ambos lados de los Pirineos desde su centro hasta el oeste, destacando zonas como Gipuzkoa, Navarra, Aragón y Catalunya occidental, aunque con el paso del tiempo su asentamiento se estableció en Bozate, un barrio de Arizcun, en el valle del Baztan (Navarra). En este emplazamiento, y algunas otras poblaciones cercanas, es donde residen hoy en día los 125 agotes (y mestizos) a los que se les han extraído las muestras genéticas.
Pero, ¿cuándo llegan los agotes a asentarse en Navarra? ¿Cuándo comienzan a ser discriminados? A principios del siglo XVI se tienen las primeras “noticias documentales”, aunque “esto viene de largo”, explica Usunáriz. Los cátaros “son siempre vistos con temor”, añade el profesor, son los que van “a dar origen a la leyenda de las brujas”. Esta herejía, al igual que la albigense o valdenses, “fueron perseguidas a sangre y fuego”. “Aquellos agotes serían probablemente descendientes de aquellos cátaros que con el paso del tiempo se fueron integrando en la sociedad en la que viven”.
“Los grupos de agotes estaban estabilizados en Navarra desde hace tiempo, son lo que en Francia llaman los 'cagots'”, continúa. “Lo que tenemos en 1517 es un documento muy interesante que presentan unos 200 agotes de la comunidad del Baztan pidiendo ante [el Papa en] Roma que no les discriminen en las funciones religiosas”. Sin embargo, aunque se “les da la razón” y desde la Santa Sede va a exigir que “se les trate como a un cristiano normal”, además de emitir “varias cédulas y provisiones” para que se cumpliera “esta disposición papal”, “no les van a hacer ni caso”, narra Usunáriz. “Como tradicionalmente habían dejado de lado a los agotes, van a continuar haciéndolo. Costumbre por encima de la ley”, sintetiza.
El profesor de Historia Moderna confiesa su sorpresa al leer que dicho documento de comienzos del siglo XVI establecía que los agotes eran “tan cristianos como los demás”, pero “la ley de 1817” establece medidas porque “sufrían la misma discriminación”. “¿Qué ha ocurrido aquí en medio?”, se pregunta.
Las “circunstancias históricas” del siglo XVI, centuria protagonizada por la Reforma Protestante, potenciaron la marginación de los agotes. “Protestantes y franceses”, resume el profesor, en un lugar “como son el valle Baztan o Roncal donde la limpieza de sangre es una exigencia [social] ineludible porque son de hidalguía universal”, un derecho histórico del Antiguo Régimen por el cual todos los habitantes nacidos en ese territorio eran nobles desde la cuna y, por tanto, con unos privilegios concretos. “No pueden admitir como personas normales a personas que ellos consideraban que no cumplían los requisitos de limpieza de sangre”, concluye.
La discriminación llegó a tal punto que “agote” era un desprecio racial de la sociedad de la Edad Moderna, junto con “mala casta” o “chistrón”. Llamar “agote” al vecino era una auténtica humillación que podía “impedir un buen matrimonio”, afirma Usunáriz. “Que a ti te llamasen agote públicamente podía impedir que se casasen porque automáticamente es una minusvaloración ante la comunidad”.
La marginación no solo se daba en “los ritos litúrgicos”, donde no se les permitía entrar en la iglesia, sino que se extendía a la ocupación de cargos municipales, el “aprovechamientos comunales” o ser “dueño de una casa y tener propiedades” por “no considerarse vecinos, categoría jurídica que en el siglo XVI te permite participar en la vida política del pueblo”. Además de no poder casarse con personas que no fueran agotes. Respecto a este último dato, se refleja en el estudio de la UCM que este grupo alberga unos “niveles de homocigosidad superiores” al resto de poblaciones de las que se conservan datos, presentando una “microestructura genética propia”, debido al aislamiento sociocultural.
Todo ello a pesar de que la legislación los amparase y se impusieran “bastantes multas” por “discriminar agotes”, insiste el catedrático. “Hay sentencias favorables a los agotes, pero da igual, la discriminación sigue estando ahí porque siempre va a primar la costumbre sobre la ley”. La sociedad, “a pesar de la legislación” emitida por el Papa además de “las propias disposiciones del emperador Carlos V”, se niegan a cumplirlas. Hacen “brillar derecho consuetudinario y la tradición de discriminación hacia un grupo social” porque para “varios valles y comunidades” la asumen “como algo vital para su propia supervivencia”.
“Es algo muy contemporáneo. Es lo bonito del tema. O lo feo, como quieras verlo. Los seres humanos somos muy mezquinos y se demuestra en la Historia”, reflexiona Usunáriz.