El club de los jueces cabales

18 de septiembre de 2026 06:03 h

0

Algunos jueces, no muchos felizmente, dictan sentencias que no se entienden, que son absurdas. A veces corren mucho, van a matacaballo. Otras veces se paran y andan menos que el caballo de un fotógrafo. Es más, algunos son verdaderamente jueces-estrella, tienen un enorme atractivo judicial. Porque les caen a ellos la mayoría de los asuntos interesantes. En términos que la estadística considera directamente imposibles. Como si a un político le tocara todos los años la lotería. Que ya ha pasado.

Pero esos jueces no están locos. Están en sus cabales. Ahora bien, no tienen derecho a estar en el Cuarto de los Cabales. Ese lugar que en el flamenco se reserva exclusivamente para los mejores. Otros, en cambio, justamente por ser cabales, nunca llegaron al Supremo. A esos jueces les he reservado lugar en estas líneas. 

Todo lo torcido no es derecho: Vicente Conde Martín de Hijas

Cuando llegó al Tribunal Constitucional el Estatut de Cataluña de Pasqual Maragall, había que cargárselo como fuera, según algunos. Porque, según otros, salvo el Supremo Hacedor naturalmente, como dijo Torcuato Luca de Tena, sólo se puede escribir derecho con renglones derechos. “Dret” es lo contrario de “tort”. Fundamento constitucional podía haber en el artículo 155 de la Constitución Española de 1978, basada en su precedente de la Constitución Alemana de 1947, precepto que pretendía impedir el retorno del nacionalsocialismo, y lo ha conseguido hasta ahora, cuando la paradoja xenófoba de la exacerbación de lo propio frente a todo lo que viene de fuera amenaza, desde la extinta RDA, a toda Europa.

Pero algunos quisieron atajos, que de paso les permitieran ganarse, para uno de ellos, la Presidencia del Tribunal Constitucional. El Tribunal apreció pérdida de la imparcialidad subjetiva en un Magistrado, Pablo Pérez Tremps, por haber emitido parecer doctrinal previamente. No en un proceso de amparo, sino en una impugnación general, en el plano académico. ¡Como si la mera evaluación general de la conformidad o disconformidad con la Constitución de una norma legal pudiera constituir toma de partido en litigio inter partes! 

El Magistrado del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional Vicente Conde, por entonces ya presidente virtual in pectore de este último, emitió un voto particular de disconformidad. Que le costó la Presidencia, de la que fue desplazado por el promotor de aquella acción constitucionalmente indisciplinada. Él sabía que así iba a ser y se la jugó. Al acabar su mandato se reintegró al Tribunal Supremo, pared con pared con mi despacho, y allí le pude abrazar y felicitar por su acto personal de heroísmo, donde se jubiló llegado el momento.

El primer mandamiento de todo juez es no prevaricarás: Emilio Fernández Castro

Frustró su muy prometedora carrera judicial a cambio de nada. Sí. Emilio Fernández Castro, que llegó a ser Director del Gabinete Técnico del Consejo del Poder Judicial y mi jefe directo, fue requerido para informar sobre el reingreso de Gómez de Liaño, ex vocal del mismo Consejo, ex Magistrado de la Audiencia Nacional, en la confianza de que lo informaría favorablemente. Se negó. Aun sabiendo que ello le costaría cualquier futura promoción al Tribunal Supremo. Allí terminó todo. Y acabó de ermitaño en la montaña leonesa. Un subordinado de ambos accedió, en cambio, y hoy pone Sentencias sobre Ceuta.

Emilio, hijo del Excmo. Sr. D. Acisclo Fernández Carriedo, Director General de Justicia de cuando el Consejo del Poder Judicial no existía. Que probablemente llegó a ser el Juez más poderoso de España y no como en su faceta de demagogo dijo Napoleón del juez de instrucción de París para dar un golpe de estado nada judicial. Y desde luego uno de los más inteligentes y rectos. Como su hijo Emilio. Comimos poco antes del verano después de mucho tiempo. Nunca se lo pregunté, nunca me lo dijo, por qué apostó por esa demostración de independencia, hasta ese día. Fuimos compañeros de caza. De caza deportiva y de caza de errores judiciales y funcionamientos anormales, pero en ocasiones normalizados, de la Administración de Justicia. Cuando los cazadores no buscaban matar a Bambi. 

Actualizar a Alonso Martínez no es un imposible: Juanjo López Ortega

 A la chita callando Juanjo López Ortega, Magistrado de la Audiencia Provincial de Madrid, buen maestro y amigo, y mejor compañero, ha sacado adelante su Proyecto de Ley de Enjuiciamiento Criminal. Enhorabuena cordial. Desde Alonso Martínez no se hacía una completa e integral reforma del sistema penal español y la planta judicial. La transferencia de la instrucción a los fiscales es rigurosamente inaplazable, o sea que debe hacerse sin levantar mano, main tenant, o sea mano teniente. Sin demorar unos asuntos y agilizar otros deliberadamente, contra el rival político, a favor del poderoso, del tecno-oligarca mundial o del simple cacique local. Pausando, en cambio, obligadamente las penas de banquillo durante las elecciones. ¡Por qué lo llaman Lawfare cuando simplemente es prevaricato? 

Juan truncó una prometedora carrera por una no cierta fake new. Fue incluso suspendido de empleo y sueldo. Su hijo le decía, ¿Papá, por qué te han suspendido? ¿Es que no has hecho los deberes? Imposible entuerto cabe en un Juez recto. No se quebrantó. Siguió siendo un procesalista penal espléndido que tiene que tener un sitio, sí o sí, en la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Para modernizarlo, como ha hecho por arte de magia con el vetusto cuadro procesal penal decimonónico. Para impartir “recta e imparcial justicia” como exige el juramento judicial de la Ley Orgánica. Es decir, lo contrario de la instrumentalización judicial al servicio de ideologías particulares. 

“Que pase el condenado!” decía sin vergüenza alguna todas las mañanas al empezar su jornada el entonces presidente de la Audiencia Provincial, en una capital cerca de la frontera francesa, cuando yo me incorporé al Tribunal Superior de Cataluña, tan temprano o tan tarde como en 1991. Vive Dios que me acuerdo de mi amigo Ponç Feliú, con el que hacía sala y me ayudaba con el catalán jurídico, y de Ricardo Bodas con el que convivía, literalmente. Advocats, judges y procuradors á l’infern de dos en dos, decía mi abuelo Josep Pejan Folguera i Torres en Mafet d’Agramunt, en nuestra casa pairal familiar, Ca’n Pejan ó Ca’l Torres, y coincidirán conmigo en que para entender lo anterior (por lo menos el refrán) no se necesita traductor de textos.  

Lo siento, pero en tiempo de desolación, de rumores y fake news, particularmente atribulados por tanto, según manda San Ignacio de Loyola (EE. EE, 317) no hacer mudanza. Ni siquiera incitados por poderosos tecno-oligarcas. Porque no me creo fácilmente que los abogados del Partido Popular de Feijóo puedan estar proponiendo y provocando a los Jueces para asaltar torreones, que es cuando hacen falta más Quiñones (Pedro Muñoz Seca, casado por cierto con una prima de mi abuela, en La Venganza de Don Mendo, Acto Primero, palabras del Juglar Bertoldino, para siempre Fernando Fernán Gómez, El viajero a ninguna parte) para alterar el pulso de la Justicia. Lo siento de verdad. Se necesitan más pruebas. 

En el caso de juristas como Acebes, formado en la Escuela del Padre Maciel, o en el de plumas jurídicas del prestigio de Michavila… ¿realmente podrían ellos estar escribiendo renglones de sentencias y resoluciones del Juez Peinado o de otros? 

En Plaza de Castilla o en la Audiencia Nacional, en Valdeacederas o en el Estrecho, donde según la más elemental regla joseantoniana y aznariana, si das derecho tienes que herir, es imposible en democracia que, por muy juez o fiscal que seas, proyectiles-balas bajo veste jurídica vayan a estar destinados a herir exclusivamente a los socialistas. Conozco al Sr. Michavila. Compartimos los servicios profesionales de las mejores artesanas elaboradoras de baldosas de barro de Puente del Arzobispo. Que siempre me han manifestado que los señores deben saber ser señores. Es más, sus suegros me hicieron el honor de compartir conmigo mesa en los actos de cooperación España-Francia. 

Así que yo desde luego necesito más pruebas y no simples indicios. A los Fiscales Anticorrupción corresponde investigar, fas nefas, todo esto. 

Caiga quien caiga. Como si el que cae es el Fiscal o el Juez de Instrucción mismo.