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Fascismo o democracia, recortes o derechos

6 de octubre de 2026 22:02 h

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Sánchez estaba obligado a convocar elecciones ante el cúmulo de circunstancias que rodearon la derrota en el Congreso de los dos decretos sobre vivienda de su gobierno. En eso, la opinión es prácticamente unánime. Ha sido una legislatura de zancadillas y chantajes continuos. En realidad, sus dos gobiernos se han visto asediados desde el principio, cuando -nada más tomar posesión- hubo que afrontar una pandemia mundial que paralizó la actividad en todo el planeta. Y ni eso sirvió aquí para la mínima colaboración.

Coincido plenamente con José M.ª Izquierdo en la serie de obstáculos que el gobierno se ha visto obligado a afrontar y que incluyen, nada menos, que a “cientos de jueces, negras togas en su campaña decidida contra el Gobierno bien secundados por las cloacas policiales que dejaron activas Rajoy y Fernández Díaz, más esos aguerridos militares que tanto añoran los luceros del franquismo”. Y también creo que lo peor ha sido “ese PP degradado hasta la infamia por un ridículo liderazgo de Núñez Feijóo, pálida sombra del mentiroso Aznar, rebosante de Tellados, Cucas, Álvarez de Toledo o Díaz Ayuso”. Pues bien, no es solo este gobierno el que se enfrenta a esa enrevesada marabunta de trampas y presiones, es toda la sociedad. Que incluye numerosos extravíos por abducción o afinidad en diversos grados, pero también una ciudadanía cabal con derechos que perderá.

Tenemos un problema de envergadura. Con seguridad va a ser una campaña sucia hasta la náusea, llena de bulos suministrados por los cómplices mediáticos de esa derecha, de insultos y crispación al límite y de todo lo que puedan hacer todos los que sigan el mandato de Aznar. Y está lo que viene después si, pese a todo, ganan. Iñigo Sáenz de Ugarte, lo describe muy bien: Un espectáculo no apto para menores en el que “Sánchez y también Feijóo se jugarán su supervivencia. No se regirá por las reglas del marqués de Queensberry, sino por las de la Cúpula del Trueno (dos hombres entran, uno sale)”. 

No por casualidad la primera declaración de Feijóo, sabiendo ya de la convocatoria electoral, fue que él acabará con “el absentismo” laboral de las bajas por enfermedad, esa lacra que dice tenemos en este país. A cuyo fin, encargará a Mutuas y no a los médicos de la Seguridad Social la redacción de las altas laborales porque acusa a los profesionales de la Sanidad Pública de dictarlas fraudulentamente. Este ataque explícito -y tan injusto- a ese sector capital del Estado, ese desprecio de los derechos de los enfermos, abre otro escenario muy preocupante. Feijóo parece tener un compromiso con este tema y deberíamos saber a cambio de qué, aunque es fácil deducirlo. Preocúpense también de la educación, porque ya están mermando los presupuestos, con su consiguiente deterioro, a las universidades públicas para que estudien y aprueben los hijos de quienes puedan pagar las privadas.

Un miembro destacado de Vox, imprescindibles en su hipotético gobierno, el inefable Figaredo, volvió a lanzar su ataque a las pensiones. Dice que es ya un sistema “zombi” y, por tanto, abre la puerta a recortes en la prestación, y plantea el clásico modelo que llaman “mixto”: abrir el sistema público al negocio de grandes empresas privadas. Que una prestación estatal mermada, la complemente cada jubilado con una pensión privado o sus propios ahorros. De hecho, dice Vox que el actual sistema de pensiones está muerto. No conocen cómo son los jubilados supervivientes del franquismo si piensan que se va a tragar con esto.

Para el fascismo, los menos productivos de la sociedad son sobrantes del conjunto. Algo que sabe desde hace tiempo Díaz Ayuso con su maltrato a los ancianos que culminó en su impune protocolo de la vergüenza en pandemia.

Y hablamos de fascismo, sin eufemismos, por supuesto. Vox no comparte principios fundamentales de la democracia como el respeto a algunos Derechos Humanos. Carecen de ellos ciertos colectivos como los migrantes pobres. Miembros del PP de la misma cuerda, también lo demuestran así. Ayuso, la principal. Visiblemente preocupada por si le pasan factura sus áticos y concesiones en la sanidad privada, se atreve a cuestionar el mecanismo electoral del voto correo, en realidad todo: sus declaraciones de estos días la muestran fuera de sí. Pero atacar un sistema electoral que goza de todos los controles, no es democrático.

La pareja de hecho PP/Vox, a menudo acompañada de Junts, se han opuesto sistemáticamente, además, a cuantiosas medidas sociales que sacó adelante el gobierno no sin dificultad. Desde subidas del salario mínimo que Rajoy tenía en el subsuelo -707,70 euros frente a los 1.221 euros actuales- o revalorización de las pensiones a la prórroga del Escudo social. Este incluía medidas como la moratoria antidesahucios y la prohibición de cortes de suministros básicos. Ni siquiera mantendrían los decretos de vivienda aprobados este martes de nuevo (ampliados) por el Consejo de Ministros, caso de que los convalide la Diputación Permanente del Congreso donde el voto de estas tres derechas no es necesario porque cuentan con otra mayoría.

Como ejemplo de su política “informativa” tenemos ese sonrojo hasta la vergüenza de Telemadrid y alguna de sus televisiones autonómicas -la de la Comunidad Valenciana ha vuelto a caer en el mismo pozo con el sucesor de Mazón-. Añadan los agitadores mediáticos de ultraderecha que aplauden y ya frecuentan para sus soflamas. El PP tiene alergia a la información rigurosa. Sus secuaces en algunos medios colaboran de forma ostensible e intentan acallarla. Se manejan mejor en el fango.

Sería una tragedia absoluta extender a todo el Estado un gobierno de estas características. Una involución histórica que no merece esta sociedad. Para forzarla apelan hasta a la figura de monstruo que han creado de Pedro Sánchez. Se refuerza cada día más con los insultos que le dedican: hijo de puta (Ayuso), chulo de putas (Abascal), dictador (ambos y varios más) hasta llegar a Aznar que vuelve a comparecer para asegurar que con la reelección del gobierno de Sánchez se acaba el Estado de Derecho y la monarquía. Aznar el impune de una trayectoria turbia hasta la médula y jefe del clan “el que pueda hacer que haga”.

El panorama es preocupante, si no se actúa. Ya no caben falsas equidistancias amables que, por cierto, la derecha no respeta. Un triunfo de PP/Vox nos llevaría a un recorte de derechos inasumible, destinado a favorecer a las élites privilegiadas para las que únicamente trabajan. Hay que luchar por tener un gobierno progresista, con unos objetivos claros y valientes. Podrían incluir acabar con esta tortura de la suciedad que esparce la derecha más corrupta de Europa. Y, por supuesto, con las trabas ostensibles que sí dependen de los ministerios de Interior, Defensa y Justicia.

Estamos ante un fin de ciclo. Paradójicamente, el partido con un papel más decisivo en provocarlo ha sido Junts y, justo este martes, el Tribunal Constitucional ha dejado sin efecto la orden de detención de Puigdemont, al aplicar la amnistía también a la malversación que era una cuestionable medida. El Supremo se ha visto obligado a acatarla, aunque se había venido oponiendo. El juez Llarena, concretamente, en otra paradoja. El expresident puede regresar a España tras una década desde el procés. 

Feijóo no piensa dar tregua. Sigue calificando de trampa la amnistía, aunque la avaló Europa y el Constitucional español. Feijóo quiere una justicia a su medida y hay que reconocer que a menudo el PP la encuentra. Por eso han presentado ya, hoy mismo, una denuncia en la Audiencia Nacional por supuesta financiación irregular del PSOE, siendo el presidente de un partido que sí fue hallado culpable de esa corrupción por la Caja B probada. Los atajos del PP por encima de la democracia no van a cesar en ningún momento.

Es un fin de ciclo, lo que implica que comienza otro. En el que hay que ser mucho más social, más duro contra los ataques a las libertades inherentes a un Estado de Derecho, y cumplir lo prometido. Puede ser, debe ser así, casi por la supervivencia de una España decente y democrática.

Espero, con cierta incertidumbre, que la izquierda a la izquierda del PSOE abandone de una vez los personalismos y las luchas internas para pensar en el bien de la sociedad ante este difícil trance. Es ahora o nunca. El “mejor contra Franco” nunca funcionó sin dolor para millones de personas y no nos podemos permitir un “mejor contra un gobierno fascista” para ver si a la próxima ya se arregla. La próxima es esta: el 29 de noviembre de 2026.