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Cómo la gestación subrogada se convirtió en una especie de lifestyle

17 de septiembre de 2026 22:31 h

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Lena Dunham acaba de dar la bienvenida a su primer hijo con su marido, Luis Felber. Su hija nació mediante gestación subrogada y Dunham ha contado la experiencia en un texto publicado en Vogue: “Y entonces, trece días después, coincidiendo con un eclipse solar y una lluvia de meteoros, anunció su llegada. Yo estaba sentado en una cama de hospital, entre las piernas de una mujer a la que un año antes ni siquiera conocía, esperando poder vislumbrar a esa persona a la que llevaba aguardando con algo parecido a la paciencia, aunque también sin ninguna en absoluto. Estaba tan concentrada en nuestra gestante —maravillada por su concentración, por ese momento de silencio seguido de lo que sonó como un rugido— que se me olvidó mirar hacia abajo hasta que oí llorar a nuestro bebé. Vi su rostro, jadeando igual que ella. Tenía los ojos muy abiertos y desenfocados, asimilando la luz y las sombras, parpadeando rápidamente”.

La descripción, con ciertos ecos difíciles de ignorar de ‘El cuento de la criada’, se vuelve más incómoda a medida que avanza el texto. Porque buena parte de la preparación de Dunham para la maternidad, según ella misma cuenta, consistió en comprar. Comprar y comprar ropa para su futura hija. Dunham escribe sobre su empeño en encontrar prendas divertidas, pero no cursis, sofisticadas y excéntricas, adecuadas para la personalidad que algún día tendrá la niña. Es decir, la narración sobre el nacimiento es un relato sobre el consumo, en casi todas las formas posibles. Dunham no podía gestar porque se sometió a una histerectomía debido a una endometriosis severa. Es una circunstancia personal indudablemente horrorosa, pero reconocerlo no anula que haya recurrido a la gestación subrogada para ser madre o que su relato de la preparación para la maternidad parezca sacado de una sección de moda infantil.

La lista de celebridades que han recurrido a la gestación subrogada para tener alguno de sus hijos es enorme: Kim y Khloé Kardashian, Paris Hilton, Chrissy Teigen y John Legend, Anderson Cooper, Rebel Wilson, Olivia Munn y John Mulaney, entre muchas otras. Por muy diferentes motivos, algunas incluso por miedo a que un embarazo paralice sus carreras como en el caso de la actriz Jamie Chung, las celebridades están presentando la gestación subrogada como una opción cada vez más normalizada e incluso aspiracional. Kim Kardashian llegó a decir que su experiencia había sido tan buena que “recomendaría la gestación subrogada a cualquiera”, como quien recomienda incorporar varias piezas de fruta a la dieta.

Miramos con enorme suspicacia otras transacciones en las que la necesidad económica puede condicionar un consentimiento. La compra de un perro o un gato, por ejemplo, provoca rechazo entre muchas de esas mismas celebridades que defienden públicamente la adopción de animales. Sin embargo, cuando se trata de gestar un hijo para otra persona transacción económica mediante, la conversación de pronto se articula alrededor de la necesidad, el deseo o el amor. La desesperación de una pareja que no puede tener hijos aparece constantemente en estos relatos. Y oye, claro que querer ser madre o padre y no poder serlo es profundamente doloroso, nadie lo duda. Pero muchísimo menos espacio recibe la desesperación que puede llevar a una mujer con dificultades económicas a considerar nueve meses de embarazo, un parto y un postparto como una oportunidad de ingresos irrechazable. La facilidad con la que el relato convierte el embarazo en algo separable del cuerpo, la salud y la fertilidad de la mujer que lo atraviesa es radical.

Los defensores de la gestación subrogada remiten siempre al altruismo como razón de peso. En Reino Unido, por ejemplo, la subrogación altruista es legal, mientras que la intermediación comercial está prohibida. La gestante puede recibir gastos razonables relacionados con el embarazo —por ejemplo, pérdida de ingresos, desplazamientos, ropa premamá o determinados costes adicionales—, pero no se permite sencillamente fijar un precio por gestar y dar a luz. La HFEA, la Human Fertilisation and Embryology Authority (Autoridad de Fertilización Humana y Embriología), el organismo público independiente que regula la reproducción asistida y la investigación con embriones humanos en el Reino Unido, registró 80 nacimientos mediante FIV con gestante subrogada en clínicas británicas en 2022 o 95 en 2023

Por poner en perspectiva los datos: antes de la invasión de 2022, se estimaba que en Ucrania nacían unos 2.000 o 2.500 niños al año mediante gestación subrogada. ¿Por qué diríais que la escala crece de manera tan extraordinaria donde existe un mercado internacional dispuesto a pagar por ella? No respondo yo, responde el Tribunal Supremo en el fallo del caso de un ciudadano español que celebró un contrato de gestación subrogada en México y que había pedido eliminar los apellidos de la madre de las dos bebés que gestó. Dijo entonces el Supremo que la gestación subrogada “cosifica” a los bebés, convirtiéndolos en “una simple mercancía objeto de un contrato” con una mujer que “por lo general actúa impedida por un estado de necesidad acuciante”.