Todo muy normal en Ceuta
Ojalá los reyes vinieran de visita a mi barrio, y lo digo de verdad, a monárquico no me gana nadie si se trata de mi calle. Sé que, cuando se anuncia visita real en cualquier pueblo, en los días previos los servicios municipales reasfaltan los socavones, podan el arbolado, ponen unas bonitas jardineras, y dejan las zonas de paso más limpias que mi baño en día de zafarrancho. Es sabido que cada visita de los reyes crea un efecto ‘pueblo Potemkin’ allá por donde pasan: colegios recién pintados y bien equipados, hospitales que parecen de estreno, ayuntamientos con los suelos encerados y la alfombra de las grandes ocasiones, calles sin una colilla, y playas sin asentamientos de migrantes que afean la vista.
El primer efecto de la visita de los reyes a Ceuta ha sido, en las últimas semanas, acelerar el desalojo, realojo o retorno (“voluntario”, por la vía de “acompañar” a la frontera) de buena parte de los miles de personas que siguen malviviendo después de dos meses y medio. Las autoridades han adecentado las zonas por las que circularán los reyes, como es costumbre, incluido alejar a los migrantes. Otra cosa son los barrios de la periferia, los montes y los campamentos donde el problema persiste, mejor que hace un mes pero una mejora no tan visible para los ceutíes como les parecerá a los reyes.
Ceuta está todavía lejos de la “normalidad”, pero curiosamente esa fue la palabra más repetida este martes: normalidad. La “normalidad” que según el gobierno se va alcanzando poco a poco, dijo la ministra portavoz. La “normalidad” que el presidente de Ceuta aseguró a los reyes que está muy lejos de recuperarse. La “absoluta normalidad” en la que todos enmarcan la visita de los reyes, tan normal como que es la primera de un monarca en veinte años, la tercera visita real en casi un siglo, y primera vez que un rey duerme en la ciudad. La “normalidad en las relaciones con Marruecos”, pese al miedo a que el país vecino se moleste con tanta banderita. Y ya puestos, la “normalidad” con que según el gobierno se resolvió el incidente con varios barcos militares marroquíes durante los días de la entrada masiva.
Todo en Ceuta es muy normal, incluido el subrayado con que unos y otros insisten en la plena españolidad de una ciudad que no se parece a ninguna otra (para bien, hay que decirlo, en su peculiar configuración cultural y religiosa, y en su histórica convivencia), que recibe un trato especial del Estado (como es lógico, dada su condición territorial), y donde hasta el último caballa se siente español sin necesidad de reafirmarlo, con indiferencia de su pertenencia cultural o religiosa.
Me alegro de que el rey visite Ceuta, si sirve para acelerar de verdad el regreso a la “normalidad”, y si lleva ánimo y consuelo a unos ceutíes que durante semanas se sintieron abandonados. Ya de paso, puestos a limpiar, espero que además de las playas y las calles del centro, limpien también el ejército de todos esos indeseables que en las últimas semanas han sido repetidamente denunciados por migrantes, vecinos y organizaciones sociales por acosar y dar palizas, incluso a menores. A no ser que eso sea también la normalidad.