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Los migrantes que resistieron meses en el Trampolín y ahora están en Marruecos
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Los migrantes que resistieron meses en el Trampolín y ahora están en Marruecos: “Es mentira, no ha sido voluntario, nos han echado”

Imagen de archivo. Dos migrantes marroquíes descansan en un sofá en el campamento provisional de migrantes de la playa de El Trampolín, donde se estima que residen más de 2.000 personas, según las últimas cifras registradas el 24 de septiembre de 2026 en Ceuta, España.

Gabriela Sánchez / Soraya Aybar Laafou

8 de octubre de 2026 00:07 h

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Les había despertado un despliegue policial sin precedentes. Decenas de furgones policiales, incluso un tanque blindado de la Policía Nacional, irrumpieron en la playa donde dormían desde su llegada a Ceuta a nado a finales de julio. Tras sacarles de sus tiendas y colocarles en grupos rodeados de agentes, tres intérpretes con chalecos de la ONG Engloba comenzaron a tranquilizarles. “Decían que eran de una asociación. Nos juraban que, si nos subíamos en los autobuses, nos iban a llevar a un campamento del Gobierno”, explica Taha, un joven marroquí conocido como uno de los peluqueros del ya simbólico asentamiento del Trampolín. “Es el mayor engaño de mi vida”, añade el chico, que nunca llegó al lugar prometido, sino a Marruecos. 

Taha tiene 21 años y llevaba 65 días en Ceuta. Antes de dormir en una cabaña en la playa del Trampolín, malvivió en distintos puntos de la ciudad, hasta en las rocas próximas al faro. Ha pasado hambre, sed y denuncia haber sido agredido por militares españoles. Si aguantó tanto era, cuenta, porque no quería volver a Marruecos. Por eso se enfada, alza la voz incrédulo y se lleva las manos a la cabeza cuando escucha la versión del Gobierno sobre su regreso a su país: “Están diciendo en todas partes que fue voluntario. Lo he visto en El Faro de Ceuta. Lo está diciendo la Policía. No es verdad. Nos echaron. Nos dijeron que no había otra opción”, dice por videollamada, con un tono de indignación notable, desde la ciudad próxima a Tánger donde vive. 

Tras el rápido desalojo de la playa del Trampolín, justo una semana antes de la visita de los reyes de España a Ceuta, el Ministerio del Interior ha asegurado que buena parte de las personas que allí malvivían desde hace dos meses decidieron volver voluntariamente. Según detallan, después de trasladarles en autobuses a una puerta que conecta la aduana con las naves del Tarajal, donde se encuentra el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (una especie de comisaría donde identifican y hacen el triaje a los migrantes), se les daba a elegir entre filiarse o irse a Marruecos. El Gobierno asegura que la mayoría optó por regresar a su país para evitar poner sus huellas en la base de datos de España y acabar igualmente expulsados con una supuesta sanción que conlleva su prohibición de entrada a la UE en cinco años (una sanción que no siempre se produce ni es tan automática como trasladan). 

Si bien los migrantes desalojados de la playa de Benítez sí confirmaban que se había llevado este procedimiento, denunciaban presiones y haber recibido información falsa por parte de policía que les hizo decantarse “bajo presión” por regresar a Marruecos. Pero, los migrantes desalojados del Trampolín van más allá. Una decena de marroquíes retornados con los que ha hablado elDiario.es no hablan de “presión” en la toma de una decisión como los de Benítez, sino que asegura que fueron engañados y que la Policía los devolvió de manera forzosa. 

“Nos traicionaron. Mienten. No nos preguntaron, lo juro. Qué vergüenza. Son unos monstruos mentirosos”, dice Jacob con indignación, otro de los chicos marroquíes retornados el pasado domingo tras su desalojo de la playa del Trampolín. “No nos permitieron hablar. Nos dijeron que había una nueva ley y que solo los niños podrían quedarse”, afirma el joven. La afirmación de que una nueva ley (inexistente) que dice que solo se pueden quedar los menores es repetida en varios de los testimonios recabados por este medio. 

“Había tres personas con chalecos blancos que nos decían, nos juraban, que nos iban a llevar a un campamento”, cuenta Teha. “Hasta que nos metieron en el autobús no nos dimos cuenta de que eso no iba a ningún campamento, que íbamos a aduanas”. Al igual que otra decena de personas contactadas por elDiario.es afirma que no conocieron el destino del autobús hasta que llegaron a la frontera y que, una vez allí, no tuvieron posibilidad de decidir si querían regresar a Marruecos.

El autobús se detuvo en la entrada a las naves del Tarajal, cuentan los migrantes consultados. Allí, según Teha, dos agentes de la Policía Nacional que hablaban dariya les comunicaron que “ninguno” se quedaría en Ceuta. “Nos dijeron que lo sentían mucho, pero que no se iba a quedar ninguno, que nos teníamos que ir”, explica el marroquí. 

Taha quería pedir asilo y asegura que así se lo trasladó a los agentes. Según defiende, ha tenido problemas en Marruecos y quería solicitar protección. “Les dije que tenía pruebas de que lo estaba pasando mal en Marruecos, que quería asilo. Pero dijeron que no había asilo. Decían que Ceuta se tenía que quedar limpia porque venían los Reyes y que iban a echarnos a todos. Que daba igual, que no se podía quedar nadie”. 

Después de esos minutos en los que los migrantes bajan del autobús en grupos de cinco, otros policías los acompañan a la valla con Marruecos. Atraviesan la aduana y son dirigidos al área comprendida en la zona de seguridad de la playa del Tarajal. Allí caminaron hasta la puerta ubicada en la misma alambrada. Este medio ha preguntado que, por qué en ese momento no trataron de resistirse o huir. “Había muchísimos militares alrededor, había policías. Habíamos visto a un hombre que, cuando nos avisó de que estaban echando a todos por la frontera, le agarraron, se lo llevaron y le pegaron muy fuerte. Con eso en la cabeza, ¿cómo íbamos a escapar?”, detalla. 

Taha se refiere a un momento del desalojo que quedó grabado por distintos medios de comunicación. Durante las 21 horas de operativo, los mensajes trasladados por los intérpretes de Engloba habían logrado mantener calmados a los migrantes que, sentados, esperaban su supuesta acogida en los campamentos oficiales. Pero, de repente, uno de los marroquíes que aguardaba en la playa recibió una llamada, cuenta el marroquí.

“Un amigo que había estado con nosotros en el Trampolín, al que ya se lo habían llevado a la frontera en el autobús le llamó y le dijo: ‘Es mentira, nos han tirado, nos han echado’”, recuerda el marroquí. Quien recibió la llamada empezó a avisar al resto del grupo. El mensaje comenzó a extenderse entre los demás. Según el relato de Taha, los traductores se dieron cuenta y avisaron a la Policía. El joven que había dado el aviso fue apartado del grupo.

“Entraron, lo cogieron, lo arrastraron y se lo llevaron detrás de un bloque. Le estaban dando golpes. Solo escuchábamos sus gritos. Solo por avisarnos de que no íbamos a ningún campamento, de que les habían echado”, continúa. Este medio, y otros tantos, grabó un momento que coincide con lo descrito por Taha. Aunque los periodistas presentes no podían escuchar lo que se decían, dado que el cordón policial estaba muy alejado, las imágenes captan un momento en que decenas de migrantes que hasta el momento se habían mantenido tranquilos comienzan a rebelarse, a levantarse. Algunos incluso logran escaparse del cordón policial. Posteriormente, uno de ellos es retenido por dos antidisturbios, y lo colocan detrás de uno de los furgones. 

“Teniendo eso en la cabeza, ¿cómo íbamos a huir? Sabíamos que podían hacernos eso o algo peor”, se pregunta Teha, ya en su casa de Marruecos. Allí llegó más de 24 horas después de cruzar la frontera. Los gendarmes marroquíes, asegura, le mandaron al sur del país, a Beni Melal, pese a que vive cerca de Tánger. “Al menos yo tenía algo de dinero y pude pagarme el transporte de vuelta”, explica mientras muestra el billete de autobús a la cámara. “Otros amigos aún siguen allí tirados pidiendo dinero para volver a sus ciudades”.

Además de Taha, elDiario.es ha hablado con una decena más de migrantes cuyo relato coincide. Muchos no se conocen entre sí y, sin embargo, describen el mismo modus operandi. Este medio ha decidido destacar el de Taha al ser el testimonio recogido con más detalle, tras una hora y media de entrevista. A continuación, añadimos lo trasladado por otros de los jóvenes que denuncian haber sido devueltos tras su desalojo del Trampolín:

Hassan

Hassan, natural de Casablanca, estuvo dos meses y una semana en el asentamiento de El Trampolín antes de ser desalojado el primer día de la operación policial. Recuerda que la intervención de la Policía Nacional se produjo de madrugada, mientras dormían. “Pensábamos que era como a los otros que los habían juntado y se los llevaron a las carpas”, explica, en referencia al traslado de otras personas a las tiendas instaladas en el Puerto. Antes del traslado, varias personas, identificadas con el chaleco de Engloba, se acercaron a ellos para tranquilizarlos. “Nos dijeron: ‘mirad, estad tranquilos. Os van a llevar a poner huellas y os van a traer a las carpas. Ya os tienen preparadas las tiendas’. Nosotros ahí nos tranquilizamos”. Sin embargo, la situación cambió cuando llegaron los agentes. “Vinieron con esas furgonetas, entraron a las tiendas y empezaron a pegar a la gente. Al que no quería salir, le pegaban. La verdad es que nos maltrataron mucho”.

Hassan asegura que fueron trasladados con la promesa de que les tomarían las huellas. “Cuando llegamos a la frontera, un traductor nos dijo: ‘Perdonadnos mucho por estos meses que habéis pasado aquí de sufrimiento, de hambre’. Luego nos dijo que nos iban a sacar a Marruecos”. Afirma que ni él ni otros compañeros tuvieron la oportunidad de explicar su situación personal. “Nosotros queríamos hablar de lo que tenemos, de las solicitudes de asilo, porque hay gente que tiene motivos para tramitar el asilo, pero no nos escucharon”. También sostiene que el intérprete no trasladaba fielmente lo que ellos intentaban comunicar: “La persona que traducía no estaba diciendo a la policía lo que nosotros le estábamos diciendo, le decía otra cosa diferente”.

Tras la devolución, relata que al llegar a la aduana marroquí les retiraron sus pertenencias. “Nos quitaron nuestro dinero, todo lo que habíamos sacado con nosotros de Ceuta nos lo quitaron. A algunos les quitaron el teléfono, no a todos”. Hassan explica que había salido de Marruecos con la esperanza de construir una vida mejor. “Teníamos la intención de trabajar allí y buscar una vida nueva, una vida digna, para ayudar a nuestros padres”. Y concluye: “Esperamos, ojalá, que podamos volver. Nosotros queríamos trabajar para España y ser una esperanza en su prosperidad”.

Karim (nombre ficticio)

Karim (nombre ficticio para proteger su identidad) natural de El Jadida, fue otra de las personas desalojadas de El Trampolín durante el primer día del operativo. Relata que la intervención policial fue un momento de gran tensión. Según explica, los agentes rodearon completamente la playa mientras varias personas identificadas con chalecos de una asociación, les aseguraban que serían trasladados para verificar su identidad y posteriormente llevados a las tiendas de campaña habilitadas por las autoridades. “Pensamos que era una buena noticia”, recuerda. Sin embargo, afirma que una vez subidos a los autobuses y trasladados hasta las inmediaciones de la frontera, les comunicaron que “hay un acuerdo entre España y Marruecos. Los mayores os vais todos fuera, solo se quedan los menores”, asegura. “No había huellas ni ningún otro trámite. Directo a Marruecos”, insiste.

El joven sostiene que nunca tuvo la oportunidad de solicitar protección internacional ni de exponer su situación personal. “No, nunca. No nos dieron ninguna oportunidad”, afirma al ser preguntado por este medio por la posibilidad de pedir asilo. También rechaza la idea de que el retorno se produjera de forma voluntaria. “Nosotros no volvimos por nuestra propia voluntad”, insiste, señalando que durante toda la operación se sintieron obligados a obedecer las órdenes policiales porque estaban rodeados y no tenían posibilidad de marcharse. Según su relato, hasta el momento de llegar a la frontera apenas recibieron información sobre lo que iba a ocurrir.

Antes de instalarse en El Trampolín, Karim había pasado semanas durmiendo en la montaña y, posteriormente, en distintos puntos de Ceuta, tras no conseguir plaza en el campamento del Puerto pese a intentarlo. Explica que su objetivo al salir de Marruecos era encontrar trabajo y ayudar económicamente a su familia. “Solo quería vivir dignamente y pensar en el futuro”, señala. También lamenta que, a su juicio, el comportamiento de una minoría de personas terminara condicionando la percepción sobre el conjunto de los migrantes. “Que expulsen al que causa problemas, pero no a todos”, afirma. “Yo solo quería trabajar, ayudar a mi familia y construir una vida mejor”.

Rafik

Rafik, natural de Tetuán relata que tras ser trasladados en autobús fueron conducidos hasta las instalaciones situadas junto a la aduana, donde los iban bajando en grupos de cinco. Allí, asegura, varias traductoras les comunicaron que Ceuta estaba “llena” y que no tenían ninguna posibilidad de permanecer en la ciudad. “Nos dijeron que no había asilo ni nada, que nos fuéramos”, explica. En varios vídeos grabados durante el trayecto y publicados en sus redes sociales mostró el traslado en autobús hasta la frontera y su posterior llegada a Marruecos, insistiendo en que la devolución se produjo sin ningún trámite previo: “Ni huella ni nada”.

Rafik sostiene que él y otros compañeros intentaron manifestar su voluntad de solicitar asilo, pero que no fueron escuchados. “Les dijimos que queríamos pedir asilo y nos echaron directamente por la puerta de la aduana”, afirma. También asegura que uno de sus amigos expresó la misma intención y que, según su versión, fue golpeado por los agentes antes de ser expulsado junto al resto. “Te juro que no nos dejaron hablar”, lamenta. La experiencia le dejó una profunda sensación de desamparo. “Nos ahuyentaron como perros salvajes”, resume.

Bilal

Según el relato de Bilal, de Kenitra cuando intentó plantear la posibilidad de solicitar asilo no recibió ninguna respuesta ni oportunidad de formalizar la petición. “No me dieron la opción de quedarme cuando les pregunté por el asilo. Ni firmé nada”, asegura. Explica que, una vez trasladados hasta las inmediaciones de la frontera, les comunicaron que serían entregados a las autoridades marroquíes. “No hubo opción de tramitar el asilo, no me dieron la opción de hablar”, afirma. 

También recuerda que les advirtieron de que quienes estuvieran o quisieran ir al campamento serían devueltos a Marruecos y no podrían volver a entrar en Europa durante cinco años. Tras la expulsión, fue trasladado hasta Beni Mellal. Según su testimonio, el procedimiento en el lado español de la frontera fue muy rápido: “Tardamos cinco minutos en hacer todos los trámites”.

Mohammed

Mohammed, originario de Tetuán, compartía tienda de campaña con Bilal y ofrece un relato similar. Asegura que, mientras permanecían en El Trampolín, varias personas que se identificaron como responsables de los campamentos informales de acogida actuaron como traductores y les garantizaron que serían trasladados a esas instalaciones. “Nos dijeron que iríamos al campamento y nos lo confirmaron jurándolo, pero fue un engaño”, sostiene. 

Según explica, una vez en la zona fronteriza les comunicaron que debían regresar a Marruecos y les recomendaron intentar acceder a España por vías legales en el futuro. “Solo nos dijeron que lo sentían y que teníamos que buscar una manera legal para entrar en España, como una visa o similares”, recuerda. Afirma que trató de explicar su situación y mencionar la posibilidad de solicitar asilo, pero que no fue escuchado. “Me sacaron directamente a Marruecos”, concluye.

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