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Trump va a dejar a Pedro Sánchez como poco menos que el Che Guevara

24 de abril de 2026 22:09 h

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A mí que me llamen cínico, si quieren, me da igual, pero llevo ya unos meses poniéndome las noticias a la hora de comer y de cenar para echarme unas risas. Que me llamen cínico, o frívolo, o que me llamen imbécil: me da igual; me da igual porque da igual lo que yo opine, así que imagino que tanto dará lo que opinen los demás, pero yo llevo ya unos meses poniéndome las noticias a la hora de comer y de cenar para echarme unas risas. La premisa es que las escucho con atención y hasta me asombro, y digo ¡madre mía! cuando hay una noticia verdaderamente trágica, como un asesinato machista o una de esas historias tristes que salen de vez en cuando, pero es pronunciar el presentador o la presentadora del canal 24h la palabra “Donald Trump” y me empieza a cambiar el gesto de la cara.

No es que no me tome en serio la amenaza que representa, al revés: en realidad, me da pánico cómo está dejando la ventana de Overton -en esta columna es verdadera devoción la que sentimos por Overton y su ventana- en lo que se refiere a la política internacional, ya que a Trump le quedan cuatro días, sea por viejo o por granjearse enemigos de toda índole, pero el movimiento MAGA que va tras él está lleno de pirados sanos y jóvenes dispuestos a seguir la estela que está dejando. La cuestión es que de un tiempo a esta parte encuentro la geopolítica casi al nivel de los desastres naturales, casi al nivel de un supervolcán o de un tsunami, casi al nivel de algo que, si dice de ocurrir, pues eso: va a ocurrir, quiera yo o no quiera. Democratizar la geopolítica es tal oxímoron que tiene el mismo sentido que un referéndum para decidir la dirección del viento.

Además, la parte positiva es que, estando completamente a merced de que unos y otros no se arrasen y arrastren a todos los demás, por efecto dominó, al más oscuro de los avernos, en lo que a la política interna se refiere, la existencia de este señor naranja y del carnicero Netanyahu nos aleja cada día un poco más de que vuelva a gobernar la derecha. Y es divertido de ver cómo el Partido Republicano de Estados Unidos está haciendo más que Sumar, pobrecitos míos, por convertir a Pedro Sánchez en un líder de izquierdas.

Trump está picadísimo con España, y mi teoría es que por culpa de las tonterías que le pregunta cierto corresponsal del ABC cada vez que lo tiene delante (¿A que el gobierno de España es malísimo, Mr. President?). Es broma; no regalemos relevancia a quien no merece ni dejar constancia. Pero es cierto que Trump está verdaderamente molesto con nosotros porque Pedro Sánchez ha tenido el tino de subirle la apuesta al PP: ¿Que vosotros lleváis las campañas autonómicas en clave nacional? Sin problema: nosotros vamos a llevarlas en clave internacional. No va a servir de mucho para evitar que Andalucía le entregue una casi asegurada mayoría absoluta a Moreno Bonilla, pero sí para que, a nivel nacional, todo el mundo vea que Feijóo no vale ni para presidente de una asociación de botijeros.

El nuevo giro de los acontecimientos pasa por plantearse desde el Pentágono la tontería de echar a España de la OTAN; tontería porque no nos pueden echar y, segundo, tontería porque, si alguien va a llegar a 2030 sin ser miembro de la Alianza Atlántica, estos van a ser los yanquis; y no lo digo yo, lo han dicho ellos mismos, lo que pasa es que como Trump always chicken out lo más seguro es que todo acabe en nada. Siempre se ha bromeado con que los políticos nunca cumplen sus promesas, pero estamos entrando en una etapa del mundo en la que, por lo visto, ahora tampoco cumplen con sus amenazas.

Pedro Sánchez lleva años intentando convencer a su izquierda de que es de izquierdas sin demasiado éxito. Ha intentado la retórica, ha intentado los gestos, ha intentado el reconocimiento de Palestina, ha intentado pelearse con Feijóo en el Congreso con la cara de quien se sabe solo en el ring. Nada. La izquierda siempre con el ceño fruncido, siempre con el pero, siempre con el no-es-suficiente. Y va a ser Trump, con un email redactado por algún analista del Pentágono que cobra ciento veinte mil dólares al año, quien le resuelva el problema de un plumazo. Porque si hay algo que une a la izquierda española desde los tiempos de Anguita es querer salir de la OTAN, y si hay algo que Trump no va a conseguir es echarnos, pero eso ya da igual. El relato es el relato.