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Iguales ante la ley ¿la ley de quién?

Ricardo Orta

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No paro de leer que la única defensa de la izquierda en estos días, o de los progresistas liberales más bien (la izquierda es para mí otra cosa, pero eso, en otro momento), ante los ¿interminables? escándalos de corrupción es el “y tú más”. Que en realidad están todos igual de pringados y qué más da una cosa que otra.

Algo no me sonaba bien en todo esto, y hasta hace un par de días no llegaba a saber qué era. Una noticia suelta me permitió encajar todo: en el caso de la pareja de la presidenta de la comunidad de Madrid, el juez decidía no autorizar investigaciones y dilatar los plazos del proceso que ya llevaban meses en marcha (curioso que el Fiscal General está condenado por una causa que no está investigada). No era la primera vez que leía alguna noticia similar.

Podemos seguir sumando, el río de millones de presupuestos de sanidad que se va a manos privadas sin el menor control, obras de FP que dejan sobres por todas partes, créditos y préstamos no pagados por padres, hermanos. Condenados que son excarcelados por motivos de salud que se pasean por playas y fiestas populares. Curas y religiosos que abusan y maltratan, implicados en procesos criminales que no se resuelven nunca o ya pasadas décadas. Rescates mil millonarios a la banca nunca recuperados, pero bien gastados en bonos y comisiones. Una alcaldesa de Madrid, mujer de presidente del gobierno (es eso más o menos grave que una cátedra de universidad, no lo sé), puesta a dedo sin que nadie la votara para ello. Algo parecido vengo a recordar sobre Carmen Romero cuando era mujer de Felipe González.

Me dejo para el final a los 7261 ancianos cuyos familiares tal vez simplemente algún día se olvidarán del tema así como las víctimas de la DANA y el metro de Valencia. Mientras, a cierta presidenta la echaron por robar unas cremas, y a otro por señalar a una compañera.

No es un son todos iguales, no es y tú más. No. A algunos se les juzga e investiga con velocidad, como es de esperar y desear. Con la presunción de culpabilidad en la mano, eso también.

A otros, sin embargo, pues depende. O ni eso.

Con otros se descartan pruebas, testigos, se retrasan juicios hasta que prescriben, no se valoran investigaciones periodísticas con rigor, se hacen conjeturas casposas basadas en prejuicios del pasado y se juzga con la sentencia escrita días antes de empezar el juicio.

Puede que a muchos no les importe, porque cuando a los de tu equipo, familia, cuadrilla, les acusan de algo no te importa que en el fondo alguien haga la vista gorda, que total, no lo van a volver a hacer. Que son buena gente.

Pero es que, toda esa gente, no son de los nuestros. Nunca lo han sido. Nosotros, la gente de a pie que no tiene poder real, somos los que cumplimos con su parte del trato. Defendemos a la gente que nos roba, nos ha robado siempre, porque piensa que tienen el derecho por nacimiento, y lo que abarca la vista es suyo. Por mandato divino. De un Dios al que no respetan, y en el fondo tampoco creen, ni en lo más fundamental.