Por qué la crisis interna de Vox no afecta a sus resultados: “El partido es Abascal, una identificación total del líder con la marca”
Vox vive un buen momento en cifras electorales y está cerca de cerrar un acuerdo en Castilla y León tras volver a entrar en un ejecutivo de coalición en Extremadura. Hacia ellos también mira con esperanza el PP en Andalucía para que el partido de Juanma Moreno pueda gobernar al no haber alcanzado la mayoría absoluta en las elecciones del 17 de mayo. Pero lo cierto es que, mientras tanto, el partido ultraderechista no puede celebrar también una buena situación interna: los críticos se están organizando para hablar de una “alternativa” y salen cada semana a cargar contra la dirección tras disputas como la expulsión de Ortega Smith o la destitución de José Ángel Antelo en Murcia.
Según Anna López, politóloga, “el PP está atrapado en un auténtico dilema del prisionero: necesita a Vox para gobernar, pero cada pacto lo fortalece simbólicamente”. Esta “relación tóxica” entre ambos partidos ha consolidado al partido de Abascal como tercera fuerza política en varias autonomías, pues “consigue marcar agenda incluso cuando internamente atraviesa uno de sus peores momentos”. La experta cree que Vox llegará a las generales “en posición de fortaleza”, después de los resultados en las últimas cuatro comunidades autónomas, y “por su capacidad de condicionar el debate público, la gobernabilidad y, por supuesto, campañas electorales con el monopolio de partido 'antiinmigración' y de verdadera oposición a Sánchez”.
Tercera fuerza en las cuatro últimas autonómicas
El partido de Santiago Abascal ha vuelto a ser la tercera fuerza política en Andalucía. Aunque no han obtenido los resultados que esperaban, Vox pudo celebrar durante la noche electoral un escaño más, 15 frente a los 14 que obtuvieron en 2022, que corresponde a un 13,82% de los votos andaluces —tres décimas más que hace cuatro años—. Al igual que en las otras tres autonomías que han celebrado sus elecciones estos últimos meses, Vox será la pieza clave para que el Partido Popular pueda gobernar, aunque en este caso Moreno Bonilla está solo a un escaño de la mayoría absoluta.
Vox se mantiene como tercera fuerza política también en Castilla y León, como ocurrió en las elecciones de 2022, aunque en esta ocasión ganaba un escaño (14 frente a los 13 que obtuvo hace cuatro años), al recibir un total de 233.757 votos de los castellanos y leoneses, pese a que no alcanzaron el 20% que pronosticaron algunos sondeos. “Se demuestra que, a pesar de los innumerables y constantes intentos, no hay techo para Vox”, afirmó el propio Abascal. La victoria del PP el 15 de marzo premió a los azules con dos escaños más que en 2022 (33 frente a 31 hace cuatro años), pero necesita el apoyo de Vox para formar gobierno.
En el resto de regiones donde se han convocado elecciones estos últimos meses, Vox también ha podido celebrar resultados y ser la tercera fuerza. En Aragón, duplicó sus escaños el pasado 8 de febrero (14 frente a los siete que consiguió en 2023). En Extremadura, el 21 de diciembre, casi triplicó los escaños obtenidos hace tres años (11 frente a los cuatro de 2023).
El hiperliderazgo de Santiago Abascal
La cuestión es cómo Vox consigue mejores resultados cuando no dejan de surgir escándalos relacionados con las tensiones entre sus propios miembros. Expertas apuntan a que los votantes de Vox no hacen distinción entre los mismos, sino que ven a Santiago Abascal como única imagen referente del partido, sin dar importancia al resto. “Vox es Abascal, una identificación total del líder con la marca”, explica Carmen Lumbierres, politóloga.
Lumbierres sostiene que Vox presenta a candidatos prácticamente desconocidos en sus elecciones autonómicas, como ocurrió en Extremadura con Óscar Fernández Calle o en Aragón con Alejandro Nolasco, que aunque ya era vicepresidente regional, “tampoco era un candidato que tuviera una gran percepción popular de apoyo, sino que da un poco igual quién está” mientras pertenezca al partido, afirma la experta.
“Vox es un modelo de partido neoautoritario que está basado en la figura de un líder carismático”, explica la politóloga. Un modelo que recuerda al de otros líderes actuales, como por ejemplo, Meloni en Italia o Trump en Estados Unidos. “Da igual, porque el 'trumpismo' es Trump, cuando muera Trump morirá el 'trumpismo'”, compara Lumbierres, que apunta a que ha ocurrido lo mismo en otros países como la derrota de Orbán en Hungría: “No es un partido como conocemos, un partido con estructura, territorio, con ramificaciones importantes, sino que es un partido que simplemente sirve como plataforma para un candidato”.
Abascal cesará a quien le haga sombra porque no quiere empañar ese liderazgo. A Vox no se lo valora por actuaciones como al resto de los partidos democráticos, ni en sus estrategias, ni en su financiación
Abascal siempre será la figura destacable del partido, y “quien le haga sombra, pues encima lo cesará, porque no quiere empañar ese liderazgo”, insiste la experta. Lumbierres considera que este modelo de liderazgo es propio de otros regímenes “que no son democráticos y que están basados en un liderazgo de culto al líder”. “No es un partido democrático, no pretende serlo, ni se le valora por actuaciones como al resto de los partidos democráticos, ni en sus estrategias, ni en su financiación”, añade.
Sin embargo, esto ocurre también con otros partidos del panorama nacional. Aunque lejos de comparar, según explica la experta, “el Partido Socialista es Pedro Sánchez” para los votantes españoles, “como en su momento en Podemos lo fue Pablo Iglesias, que estaba en las papeletas para que la gente no se confundiera. ¿Quién sabía qué candidato de tu provincia era el de Podemos? No lo sabía nadie”. Es un modelo de hiperliderazgo que se está dando en muchas democracias occidentales.
Este aspecto, en Vox, se une a otros “rasgos autoritarios y antidemocráticos, que no tienen nada que ver con el funcionamiento binario de los partidos”, explica la experta. Los votantes del partido de Santiago Abascal, además, piensan que “todos [los políticos] son iguales: antipolítica”. “Todo lo que suene a rencillas de dentro de los partidos, les parece que son como ganas de molestar”.
Una estrategia electoral reactiva a las crisis
Esto se traduce en una estrategia electoral reactiva por parte de Vox. Un partido que se hace eco de crisis políticas, sociales y sanitarias, como el nacionalismo catalán o el COVID-19, cuando Vox aprovechó para despegar. “Vox es un movimiento solo reactivo. Él [Santiago Abascal] no va a proponer nada, él solo quiere aprovecharse de las crisis en general y desestabilizar el sistema democrático, porque ellos no están jugando a una alternancia del poder, como lo conocemos hasta este momento, sino que ellos quieren, como en Hungría, desmontar el sistema desde dentro”, describe la politóloga Carmen Lumbierres.
Otras situaciones de desequilibro que funcionan como motor de Vox son las crisis económicas o los casos de corrupción en otros partidos nacionales, como el juicio contra la operación Kitchen o el caso Mascarillas. Entonces, los votantes piensan: “No nos gusta lo que hay establecido”. “Y si tú haces una crítica total, una enmienda total a lo que no te gusta, también haces una enmienda a cómo funcionan los partidos políticos. Siguen fatal valorados en el CIS como problema: no como antes, que aparecían como el primer problema de los españoles, pero siguen apareciendo”, desarrolla la experta. Así, hay votantes españoles que buscan una figura que esté, al igual que ellos, enfadado con todos los problemas que les perturban, y desentenderse del bipartidismo al que están acostumbrados, creyendo que es la manera de solucionarlos. Estos electores están cada vez más enfadados y recurren al blanco fácil —Abascal— en las urnas, pensando que será el único en “salvar España”, refugiado en su patriotismo.
Un líder fuerte que sea la representación de toda la ideología de su partido, donde “el único que tira, literalmente, es él. Y de tirar, pues se los ha ido cargando”, como sostiene Lumbierres, al igual que ha ocurrido con Javier Ortega Smith o José Ángel Antelo. El propio Espinosa de los Monteros también cargó contra Vox en redes sociales a raíz de forzar la salida de Antelo: “Ya se están cargando a otro de los mejores candidatos del partido”.
“Es un partido caudillista, ni más ni menos. Entonces, por eso no pasa ningún tipo de factura. Yo creo que lo único que le está pasando factura es la situación internacional de Trump”, añade la experta. La situación con el presidente de Estados Unidos es delicada, precisamente ahora, con la guerra en Oriente Medio, ya que Donald Trump está perdiendo los apoyos europeos, mientras Santiago Abascal es de los pocos que lo mantiene.
Anna López, politóloga y autora del libro La extrema derecha en Europa, también ve en Vox una “nacionalización del debate” donde el partido ultra evita entrar en cuestiones territoriales o de gestión autonómica “y convierte cualquier elección en un plebiscito sobre inmigración, Sánchez o seguridad cultural. Ahí tiene prácticamente el monopolio del discurso antiinmigración”.
Falta de un discurso persuasivo alternativo
Carme Ferré-Pavía, directora del Departamento de Medios, Comunicación y Cultura de la Universidad Autónoma de Barcelona, explica que el ascenso de la ultraderecha en España es algo que tiene “muy preocupados” a los expertos. Cree que este auge es la respuesta a una “falta de alternativas a un discurso tan simplista, repetitivo y manipulador” de Vox, un discurso desde la izquierda que sea “alternativo, unificado, que tenga las mismas características persuasivas, que sea directo, que sea sencillo y que sobre todo sea valiente en acercarse y en gestionar lo que realmente le preocupa a la población”, defiende.
La experta sostiene que partidos como Vox ponen voz a temas que parte de la población considera problemas importantes, como la migración, y se pregunta “¿por qué aquí la izquierda en general, sea independentista o no, sea nacionalista o no, o sea una izquierda más suave, progresista de ámbito estatal, por qué no aborda esa preocupación?”. “Yo creo que eso no se entiende sin una cierta connivencia con los poderes económicos, a los que les interesa la mano de obra barata porque no tiene, por decirlo así, la manera de colocar papeles. Porque si no, yo no entiendo esa falta de acercamiento a los problemas reales”, opina la experta.
Ferré-Pavía considera que otros problemas que preocupan a algunas fuerzas más conservadoras, por ejemplo en el caso de Junts, son “la delincuencia reincidente o los problemas de la gente a la que le ocupan la casa cuando no son grandes tenedores. Problemas que tocan la piel y el estómago de la gente”. Otro problema, según la experta, que sí aborda la extrema derecha es la extensión del uso de ciertos velos en mujeres que tapan casi por completo la cara.
La politóloga Anna López también sostiene que las crisis internas en Vox no se traducen en menos resultados electorales al “monopolizar un eje emocional del debate público”: “Aunque haya expulsiones, guerras internas o desgaste organizativo, su electorado hoy vota más una identidad política que unas siglas cohesionadas”.
El discurso de Vox insiste en lo que parecen algunas preocupaciones de los españoles: “Preocuparte por la libertad de las mujeres. Preocuparte por las ocupaciones de propiedad de gente que no es rica, que no es gran tenedora. Preocuparte por la multirreincidencia de gente que viene aquí a robar o que no viene de ningún lado y está aquí robando insistentemente y no pasa nada. Preocuparte por una gestión de la migración ordenada, respetando el asilo, respetando la ayuda humanitaria, pero gestionándolo mejor”, sostiene Ferré-Pavía. “Hay que contrarrestar con un discurso que hable de manera sencilla de los problemas reales de la gente”, añade.
Abascal como “líder autonómico” absoluto
La figura de líder de Santiago Abascal se ha intensificado durante las campañas electorales de Andalucía, Extremadura, Aragón y Castilla y León. El líder de Vox acompañó a sus candidatos regionales durante una gira autonómica que parecía el tour personal de Abascal. Poca importancia pareció darse a Óscar Fernández Calle, Alejandro Nolasco y Carlos Pollán en los mítines y actos de campaña del partido ultra durante las visitas del presidente de Vox.
Fue el claro ejemplo de la estrategia de hiperliderazgo en Vox. Fotos con sus “fans”, carteles con su cara y declaraciones a la prensa donde únicamente cargaba contra el presidente del Gobierno fueron algunos de los aspectos que caracterizaron lo que parecían las giras personales de Santiago Abascal. La experta Anna López califica la estrategia electoral como una campaña “muy eficaz”: “Presencia constante de Abascal en territorio, actos en pueblos pequeños y ciudades medias, dos o tres intervenciones diarias en medios y una estrategia digital muy agresiva. Han entendido que la campaña contemporánea se libra tanto en TikTok, Telegram o X como en la calle”. Y no son campañas cortas, hablamos “de aproximadamente 23 días de media”.
Un ejemplo fueron las elecciones autonómicas de Castilla y León, donde Abascal invisibilizó a su compañero y candidato regional Carlos Pollán. Ambos recorrieron distintas localidades como un show para los seguidores del líder de Vox. Abascal opacaba a Pollán en los mítines —“olas de sentido común”, como los llama él mismo— y en los encuentros con los medios. El candidato se limitó a posar con él, tomar un rato la palabra en los mítines o bailar cuando se canturreaban los clásicos insultos a Pedro Sánchez.