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Orbán pierde las elecciones en Hungría y reconoce el fin de su reinado tras 16 años en el poder

El líder ultraconservador y faro de la extrema derecha mundial, Viktor Orbán, ha perdido las elecciones generales en Hungría en una jornada histórica que pone fin a un reinado de 16 años con supermayorías parlamentarias de dos tercios, que le han permitido dirigir Hungría sin apenas controles y frenos democráticos. La jornada histórica quedó reflejada en la alta participación, la más elevada desde la transición a la democracia.

“Tengo ganas de llorar”, decía Linda tras emitir su voto. Con un 96% escrutado, Tisza, liderado por Péter Magyar, obtiene 138 escaños, según las proyecciones oficiales de la Oficina Electoral Nacional. Cinco escaños por encima de la supermayoría cualificada de dos tercios en el Parlamento. Fidesz se quedaría con 55 diputados y la extrema derecha de Mi Hazank, seis.

La participación ha superado el 77,8%, por encima del total de 2018 y 2022. Fuentes cercanas de Tisza ya señalaban desde el principio de la noche que alcanzarían la mayoría cualificada. Muy pronto, la plaza frente al Parlamento en la orilla opuesta del Danubio se llenó de gente para celebrar la victoria y escuchar a Péter Magyar.

“Lo Hemos conseguido. Tisza y Hungría han ganado. Hemos recuperado nuestro país”, ha exclamado Magyar ante la abarrotada plaza de Budapest junto al río en la que se han concentrado centenares de sus seguidores. Magyar, consciente de la importancia y la dificultad de lograr una supermayoría superior a dos tercios del Parlamento, lo ha expresado así a sus votantes: “En la historia democrática de Hungría, ningún partido ha tenido un mandato tan fuerte”.

“Hoy la gente ha decidido cambiar de régimen. Los que formaban parte de este régimen y eran pilares del mismo deben abandonar sus puestos por su propia voluntad antes de que los despidamos”, ha afirmado Magyar en referencia al presidente de la república, fiscalía, presidente del poder judicial y presidente de la autoridad de medios, entre otros. “A la gente rural que votó a Fidesz: sé que estáis enfadados, pero os prometo que también seré vuestro primer ministro. Os representaré a todos”.

“Es hora de rectificar errores y curar heridas. Aquellos que robaron del país, tendrán que rendir cuentas por sus acciones”, ha afirmado. “El Gobierno de Tisza liberará el sistema judicial”, ha añadido, tras anunciar la creación de un organismo para investigar esos delitos de corrupción. Magyar ha prometido también que conseguirá recuperar los fondos congelados por la UE.

Por su parte, Orbán decía: “La tarea que tenemos por delante está clara: el peso del gobierno no nos agobia, hay que fortalecer a la comunidad”, ha afirmado Orbán reconociendo su derrota. “Dos millones y medio de votantes han depositado su confianza en nosotros y nunca les defraudaremos”. Magyar ha informado que Orbán le llamó para felicitarle por su victoria, lo que pone fin a las dudas que existían entre algunos analistas sobre si aceptaría la derrota electoral.

El Parlamento se compone de 199 escaños y la mayoría cualificada está en 133. El margen de victoria es fundamental para la oposición. Orbán ha construido su régimen a partir de esa supermayoría con 15 reformas constitucionales, cambios en el poder judicial, en la ley electoral... Los analistas señalan que si el partido opositor, Tisza, no llega a esa cifra, tendría muy difícil desmantelar el sistema Orbán, que además cuenta con el favor de prácticamente todos los medios de comunicación y una poderosa élite de oligarcas.

“El sistema político creado en Hungría tiene muchos elementos ajenos a la política electoral. Las decisiones se toman fuera del Parlamento. Orbán puede gobernar por decreto y lo hace aunque tenga supermayoría”, dice Carsten Schneider, politólogo y rector de la Central European University, perseguida y cerrada por Orbán en 2017. Orbán declaró el estado de peligro en 2022 por la guerra en Ucrania y eso le ha permitido avanzar en su agenda hasta hoy.

“En el estudio de cambios de régimen esto se denomina 'enclaves autoritarios'. Es decir, partes del Gobierno y el sistema que no están afectados por las mayorías en el Parlamento. Algunos miran a Polonia como ejemplo de esa dificultad para desmantelar el régimen, y eso que el PiS estuvo en el poder la mitad de tiempo que Orbán y fueron menos estratégicos”, explica. “Orbán ha creado una élite económica nacional. Expulsó a las cadenas minoristas internacionales, como bancos, constructoras... y dirigió ese dinero a su familia, amigos, empresarios amigos”, añade el experto, que dice que ahora está por ver cómo reacciona Tisza controlando todos esos resortes de poder absoluto construidos por Orbán.

“Independientemente del resultado, lo que la UE tendrá que reconocer es que el proceso de toma de decisiones tiene que reformarse. Si no es Orbán, mañana será otro quien puede bloquear decisiones importantes”, explica el rector.

Zsuzsanna Szelényi, investigadora del Central European University Democracy Institute, explica que “Tisza no será el renacimiento de una alternativa liberal o socialdemócrata coherente. Más bien, es el vehículo en el que casi todos los opositores a Orbán están depositando ahora sus esperanzas. Liberales e izquierdistas pueden votarlo, no porque el partido refleje sus posiciones ideológicas, sino porque es el único instrumento plausible de cambio. Esa es la mayor advertencia que Hungría transmite a Europa: cuando las instituciones democráticas se deterioran durante el tiempo suficiente, las elecciones dejan de ser contiendas entre programas y se convierten en referendos desesperados sobre si el cambio político es posible”.