CRÓNICA
El “culebrón turco” de la izquierda pone de los nervios a sus votantes
Después de tantas décadas de complicadas y azarosas negociaciones entre partidos políticos de la izquierda, la carrera por llegar en buenas condiciones a las elecciones de este año ha ofrecido un nuevo capítulo: el acuerdo entre dos personas en el que esas dos personas parecen ser las principales beneficiarias mientras los demás partidos se quedan mirando la escena desde la grada con cara de haber sido engañados. O quizá lo que pasó es que se engañaron a sí mismos.
La entente entre Gabriel Rufián e Irene Montero ha sido ofrecida por la segunda como un ejemplo de “acuerdo entre diferentes” y que “es algo que la gente nos está pidiendo”. No supone la formación de ninguna coalición. Cada uno se presenta por su lado. Podemos, que es casi inexistente en Catalunya, podrá meter a algunos de sus candidatos en la lista de Esquerra en puestos secundarios y como independientes. El premio será contar con Rufián como estrella invitada en varios mítines. Como un fichaje de fútbol poco antes de empezar la temporada. “Gabriel Rufián y yo vamos a hacer equipo en estas elecciones y eso es lo que hemos pactado”, dijo Irene Montero en TVE. Con una sonrisa tan amplia que parecía que le había tocado el cuponazo.
No está el tiempo para que la izquierda se muestre muy optimista, pero Montero estaba entusiasmada.
El portavoz de Esquerra en el Congreso se ha pasado meses advirtiendo a las izquierdas de que la unión no es una posibilidad, sino una obligación. Que es ridículo que cada partido se dedique a pelear por arañar unos escaños más que serán inútiles si se produce una oleada reaccionaria en las urnas. A veces, lo ha expresado en términos algo más que dramáticos. “Si no nos ponemos de acuerdo, nos van a matar por separado... políticamente”, afirmó hace un año en el Congreso.
Ahora se ha limitado a sellar un acuerdo que su propio partido contempla con escepticismo con el fin de apoyar a otro partido que aparece en todos los sondeos desde hace más de un año con el 2% o 3% de los votos.
Existe la sospecha en otros partidos de que esto no es algo que se haya negociado en los últimos días, porque lleva preparándose desde hace tiempo. Debía mantenerse en secreto para no generar más críticas a Rufián dentro de Esquerra. Una vez que se supo que tres diputados no repetirían en las listas del Congreso por sus malas relaciones con su jefe y que el partido confirmó la candidatura de Rufián, había vía libre para hacer el anuncio.
Los que han quedado fuera de este pacto se apresuraron a marcar sus límites. A dejar claro que ellos van por otro lado. Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar confirmaron que Ada Colau será la candidata principal del Frente Amplio. Ella ya avisó que daría un paso al frente si había acuerdo entre los partidos de izquierda, y eso incluía a Podemos, que ahora tiene otros planes.
En un vídeo difundido el martes por la tarde, Colau dice que esa oferta es “un honor”, pero no confirma por completo que vaya a aceptarla. Prefiere hacer hincapié en que el objetivo sigue siendo una candidatura única de todas las fuerzas de izquierda y que trabaja para conseguirlo.
“Todavía hay tiempo”, dice dos veces, aunque el plazo para presentar coaliciones acaba este viernes a las doce de la noche. Es una de las cosas que más irrita a los votantes de izquierda. Esperar y esperar hasta que la cuenta atrás se te echa encima y debes hacer en tres días lo que no has podido hacer en tres años.
En una unión en la que Montero no sea la número uno y diluido entre otros partidos con los que ha tenido claras diferencias, no es extraño que Podemos vea más atractivo su romance con Rufián. Ione Belarra lo definió el martes de esta forma: “Es el equipo titular, el que puede ganar este partido”. Ellas son las titulares, los demás son los suplentes.
Quienes se lo tomaron como algo personal fueron los Comuns: “Gabriel Rufián venía a unificar a las izquierdas y está haciendo todo lo posible para dividirlas”. El dirigente de Esquerra aspira a que no se repitan los resultados de las elecciones generales de 2023 en Catalunya, cuando Sumar superó a la candidatura que él encabezaba por 31.000 votos. Esa es la forma en que ha convencido a los demás dirigentes de Esquerra que el partido también puede salir ganando con todos estos movimientos. Algunos no estarán contentos. Van a tener que tragar con que Rufián haga campaña algunos días fuera de Catalunya. Tampoco es que les sobren los votos.
Rufián ha respondido a las críticas con dos tuits en los últimos dos días. En el primero, comenzó con un mensaje tajante: “Yo no voy a contribuir al culebrón turco de nadie”. Otra señal de que sus prioridades son distintas a las de los demás. “Yo voy a intentar que haya una colaboración entre las izquierdas soberanistas y españolas REAL hasta el final”. Los Comuns ya han dicho que no están dispuestos a hacer lo mismo que Podemos. A pesar de que las encuestas les muestran muy débiles, pasar a ser inquilino del piso de Esquerra supondría su desaparición como partido.
“ERC y Comunes deben hablar, escucharse y entenderse para desbloquear la situación”, dijo el martes en un segundo mensaje. Su partido le respondió rápido. Esquerra se presentará en Catalunya con sus propias siglas y programa. Se desconoce qué margen de acuerdo puede haber entre ambos y por qué Rufián lo plantea como una exigencia que parece inviable. Él dice que hará lo que sea posible para propiciar ese acuerdo. “Lo demás es intoxicación y mentira”. Llamar intoxicadores a los que dudan de tu palabra en política es una práctica muy extendida.
La gira de Rufián sirvió para agitar las aguas de la izquierda, pero el gran objetivo era reforzar su posición en el partido y en las listas electorales. Nunca iba a ser otra cosa que candidato por ERC. Para Podemos, por muy mal que vayan las cosas, pasearte con el primo de Zumosol por la campaña es indudablemente mejor que ir solo. De las filas del nuevo Frente Amplio, cada día sale una idea diferente filtrando nombres de candidatos, lo que solo contribuye a enfadar a los otros. Pero, como dice Colau, todavía queda tiempo. Lo difícil, después de tantos años de malas relaciones personales y compromisos abandonados, es saber para qué.