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ANÁLISIS

Colau cambia de planes: de recuperar su libertad a recoser una parte de la izquierda

12 de octubre de 2026 22:35 h

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Una de las últimas stories compartidas por Ada Colau en Instagram es un vídeo de la canción Movin' To The Sun [Yendo hacia el sol] de Ultra Naté sobre el que se lee “a por el 29N”. Dos mensajes que, solo un día después de republicarlos, resultan proféticos. La exalcaldesa de Barcelona ha dado definitivamente el paso y, una vez la han refrendado el resto de los socios del nuevo Frente Amplio, se convertirá en candidata a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales del 29 de noviembre.

Desanda así todo el camino que inició tras dejar la alcaldía de Barcelona, en junio de 2023. Fueron ocho años que la desgastaron mucho a nivel personal, según ella misma ha confesado. Cuando salió del Ayuntamiento se cortó el pelo como quería desde hacía tiempo y recuperó “la libertad”. Dejó de estar sometida a un escrutinio que ha tildado alguna vez como “salvaje”, ya fuese por lo que decía o por cómo vestía, algo muy habitual en las mujeres que ostentan cargos. 

Al margen de las luchas internas de la izquierda, el primer obstáculo a superar de Colau en esta campaña es su propia hemeroteca. Tanto en medios convencionales como en podcasts, la exalcaldesa ha insistido en que sus planes no pasaban para volver a la política. 

“Solo me lo plantearía muy excepcionalmente si realmente fuera muy útil que yo en concreto me pudiera presentar a algo puntual”, aseguró en una entrevista en mayo de 2025. Era lo más lejos que había ido sobre un posible retorno. 

Hace medio año, en conversación con Samantha Hudson, reiteró su negativa a encadenar sillones: “Cuando dejé de ser alcaldesa, los espacios políticos te proponen seguir en otro cargo, y mi intuición me dijo no, no quiero ser ministra, no quiero presentarme a las europeas, e hice bien en hacer caso a mi intuición porque entonces, de repente, me reencontré conmigo misma”.

Pero ya después del verano multiplicó las apariciones en tertulias y empezó a deslizar la posibilidad de tener un papel más activo en política. De todos modos no fue hasta hace dos semanas cuando expresó su disponibilidad a ser candidata siempre que fuese una lista de izquierdas amplia y que contase con más caras conocidas al frente. El movimiento sorprendió a algunos dirigentes de los Comuns, que no tienen dudas de que la exalcaldesa continúa siendo su mejor activo electoral, pero que sabían de sus reticencias previas a regresar a primera fila.

En una precampaña que gira alrededor de la vivienda, Colau, con un pasado activista, ya sabe que la entrada en la institución no lo cambia todo. Su balance en vivienda como alcaldesa es desigual: reactivó, tras años de parálisis, la construcción de vivienda de protección oficial en Barcelona, y a través de varias fórmulas logró ganar para la ciudad 4.600 viviendas de alquiler social, lejos de las 8.000 que prometió en 2015 al llegar a la alcaldía.

Colau sí puede presumir de haber sido la primera alcaldesa en sancionar a fondos buitre y en exigir a los promotores que reservaran el 30% de las nuevas construcciones a vivienda social, una política pensada para evitar que los pisos protegidos se concentraran en los barrios pobres. La medida, que levantó el rechazo del sector y del PSC, logró el respaldo legal del Supremo. Aun así, se ha quedado muy lejos de las expectativas iniciales.  

En un contexto de judicialización de la política por parte de la extrema derecha, la exalcaldesa también sabe lo que es sufrir el acoso judicial de los rivales. La veintena de querellas que Colau recibió por parte de partidos políticos, empresas o entidades fantasma quedaron archivadas. En una resolución inédita, la Justicia admitió en 2023 que un fondo buitre se querelló contra ella por “fines ajenos a los del procedimiento penal” porque “no le eran favorables las políticas de vivienda” impulsadas desde el Ayuntamiento.

Colau había expresado en más de una ocasión que le gustaría que la alianza con Gabriel Rufián fructificase, algo que no todo el mundo en los Comuns veía con tan buenos ojos y que, sobre todo, provocaba el rechazo frontal de los republicanos. “Fui a la cárcel por Catalunya, no para que Ada Colau sea diputada de ERC”, llegó a decir Oriol Junqueras en pleno debate sobre el frente de izquierdas que proponía su jefe de filas en Madrid. 

Ahora que Rufián ya ha decidido que se queda en ERC, está por ver si el Frente Amplio finalmente logrará un acuerdo con Podemos para que exista una sola candidatura, algo que no está nada claro que acabe ocurriendo. Colau, desde un principio, insistió en que ese era su plan. Pero si no fuese así, veríamos a Rufián y Colau compitiendo por el mismo espacio electoral en Catalunya. Y no solo ahí puesto que el republicano ha elegido a Irene Montero para las fotos de campaña. Algo que, con haber estado atento a sus movimientos, era más que previsible.