Cuidar una colonia gatuna: mucho sacrificio, horas robadas al día y la necesidad de más ayudas públicas
Ley 7/2023. Es la clave. Es la ley que debería regular en todo el país, entre otras cosas, la atención a las colonias felinas mediante censo, esterilización (método CER), atención veterinaria y programas municipales estables. Pero no siempre es así. Días atrás, asociaciones que trabajan con las colonias gatunas en 38 provincias españolas se manifestaron al unísono para pedir que los ayuntamientos y comunidades autónomas cumplan con esta ley, de modo que amparen con recursos económicos y convenios con clínicas veterinarias que se capturen, esterilicen y se devuelvan los felinos a la calle de forma controlada.
En el manifiesto que leyeron las convocantes de las movilizaciones se especifica que la ley fue el reconocimiento legal de algo que asociaciones, gestoras y voluntarios llevaban décadas demostrando sobre el terreno: que la captura y el sacrificio no funcionan, y que el CER sí. “Tres años después, esa ley sigue sin cumplirse en buena parte del país. Hay municipios sin programa, sin censo, sin presupuesto. Colonias que siguen sosteniéndose, casi en solitario, gracias a personas voluntarias que llevan años pagando de su bolsillo lo que la ley dice que corresponde a la Administración. No pedimos una ley nueva. Pedimos que se cumpla la que ya existe”.
Un trabajo sin horas y con muchos sacrificios
Están cayendo las últimas luces del día cuando dos mujeres y un hombre se acercan a la puerta principal del cementerio de Castilleja de la Cuesta, en Sevilla. Son Pilar, Mercedes y Pablo, tres de los integrantes de Colonia Felinas de Castilleja (COFECAS). Como ellos, miles de voluntarios en todo el país trabajan por nada a cambio para sostener a gatos de todas las edades agrupados en colonias.
Su labor tiene varios capítulos a lo largo del día, pero al llegar la noche, cuando menos gente transita por las calles y el cementerio ha cerrado sus puertas, los felinos salen de sus “escondites” y se acercan a quienes les alimentan.
Y no es algo que dure unos minutos. Tienen que llegar con el tiempo suficiente, lavar y desinfectar los recipientes, llenarlos con comida y esperar a que una veintena de gatos se aproximen a ellos. Luego, pacientemente se esperan a que terminen de comer, recogen todo y se marchan a casa. Con suerte, son unas dos horas de tiempo, haga sol, frío o llueva. “Los gatos comen todos los días, no entienden de fiestas o domingos”, explica Mercedes, la presidenta de la asociación.
“Tenemos censadas actualmente ocho colonias aquí en el municipio de Castilleja de la Cuesta, y las gestionamos íntegramente en un trabajo que no entiende ni de vacaciones ni de festivo”, explica Mercedes, que resume que se trata de “alimentar, cuidar, proporcionar cuidados veterinarios cuando lo necesitan…”, y aplicar el método CER ellos mismos, mientras gestionan ayudas públicas. Para ello, capturan como pueden a los gatos, “se llevan a una clínica veterinaria para esterilizar, y en muchas ocasiones también se aprovecha para desparasitar y se devuelven a su ambiente”.
Y así, de lunes a domingo todo el año, con unos 130-140 gatos a su cargo. Y es que el concepto de “gato callejero” es muy amplio: “Tenemos muchísimos gatos en todos los barrios, muchos como consecuencia de abandono, y de que los dueños los dejan salir y no están castrados, y hay que regular esa población de alguna forma, evitar peleas, evitar malos olores, problemas con la basura…, muchísimos aspectos que regula o que son capaces de contener el método CER”, apostilla Mercedes.
La presidenta de COFECAS calcula que en las asociaciones hay gente que pueden invertir de 100 a 140 euros de su propio dinero para que los gatos estén bien atendidos. Cuentan también con donaciones o con ventas de artículos que hacen en determinadas épocas del año. Ser voluntario de una asociación gatuna es todo un sacrificio en todos los sentidos, con muchos matices y, a veces, no demasiada ayuda en todo lo que precisan en todo el país, pero, por el momento, no parece que se vayan a rendir.
“No es solo un asunto de gatos”
El manifiesto que se escuchó en la reciente manifestación de todo el país se resume en una frase: “Esto no es sólo un asunto de gatos. Es un asunto de Estado de Derecho: una ley aprobada por las Cortes no puede depender de la voluntad política de cada ayuntamiento”.
El texto completo se puede consultar en la web ‘Los gatos tienen Ley’, y recuerda que “cuando una administración incumple lo que la ley le exige, no sólo desprotege a los animales, también debilita la confianza de la ciudadanía en sus instituciones”.
Por ello, pide que todos los ayuntamientos implanten programas reales de gestión de colonias felinas: censo, CER, atención veterinaria y protocolos claros, que las comunidades autónomas cumplan su labor de supervisión y coordinación, que el Gobierno impulse la cooperación entre administraciones y evalúe el cumplimiento de la ley, que se reconozca institucionalmente el trabajo de miles de personas voluntarias, en su mayoría mujeres, que han sostenido esta labor durante años, mecanismos de transparencia y seguimiento que permitan saber, municipio a municipio, qué se está cumpliendo y qué no, y resumen sus peticiones en que “las colonias felinas, el bienestar animal y el respeto a la ley no son causas distintas. Son la misma causa: la de una Administración que cumple lo que promete”.