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Los gatos tienen ley, ahora toca cumplirla

21 de agosto de 2026 21:48 h

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Cuando me mudé al mundo rural, hace ahora cuatro años, pensé que la vida de los gatos en un pueblo pequeño como el mío podía ser muy apacible, siempre que se dejase de matar a las camadas sistemáticamente y que los adultos estuvieran esterilizados, protegidos y cuidados, con el fin de mejorar la convivencia vecinal, de evitar la proliferación de los animales y de reducir la predación. Creía que yo podía contribuir a eso, así que me puse manos a la obra. Contacté con algunas vecinas de la localidad, me compré una jaula trampa y le pedí a una amiga experta que me enseñase a capturar. Mi querida amiga me envió un vídeo muy completo y me alertó de que el trabajo con gatos es durísimo, pero eso no me desanimó. Realmente no sabía dónde me metía.

El resultado: más de cuarenta gatos capturados por mí, algunos comentarios de admiración y muchos de desprecio hacia los animales y hacia mi persona (casi siempre a mis espaldas), y muchas noches de insomnio y ansiedad. Y eso que yo soy relativamente afortunada, mi Ayuntamiento se hace cargo de las esterilizaciones de los gatos que aparecen en el centro del pueblo -los de las masías a las afueras se tienen que buscar la vida-, e incluso nos facilita alimento para ellos.

No es así en la mayoría de localidades de nuestro país. Marina Vall-Llosada es abogada y consultora jurídica especializada en políticas públicas, gestión de fauna y derecho animal: “Cuando exigimos al Ayuntamiento que cumpla con sus obligaciones legales, nos encontramos con desconocimiento de la normativa, falta de voluntad técnico-política o incluso de recursos, o directamente con el traslado a las voluntarias de responsabilidades que corresponden a la Administración”.

Por su parte, Ruymán Duarte es consultor y experto en bienestar animal, con una larga experiencia en la Administración pública, y, en su opinión, esas excusas habituales de falta de recursos económicos y de personal, si bien pueden ser ciertas, esconden “una verdad un poco más compleja”. El porqué de que haya pocos recursos y poco personal “denota la falta de conciencia de la realidad actual y cómo ha cambiado con respecto a hace unos años, y esconde también, obviamente, una falta de formación especializada y formación técnica”, señala.

Duarte cree que, sin ser conscientes, las personas voluntarias podríamos haber contribuido a que el bienestar animal siga estando “en un segundo, en un tercer plano” y a que los ayuntamientos sigan sin ver la magnitud ni la gravedad del problema. “Esa gestora de colonias que lleva toda la vida gestionando animales abandonados en su municipio, sin querer, ha tapado el problema. El concejal o el alcalde entienden que, le den o no una respuesta satisfactoria a la gestora de colonias, ella va a seguir haciéndolo, porque no va a dejar morir de hambre a sus gatos”, explica.

Voluntariado y entidades mejor formadas

En los últimos años, las peticiones de auxilio por parte de las personas anónimas que cargan sobre sus espaldas todo el peso de la protección de los gatos que viven en la calle se han multiplicado. Con la entrada en vigor de la ley 7/2023, miles de personas y entidades se han puesto en contacto con sus consistorios para reclamar que asuman sus responsabilidades, recibiendo respuestas muy desiguales: “El alcalde me dijo que no iba a hacerse cargo de ningún gato, que se lo dijese un juez”, explica una voluntaria, gestora de colonias felinas en un pueblo de Catalunya.

Sheila, cuidadora de gatos comunitarios en Sevilla, cuenta en redes cómo las personas voluntarias realizan el método CER (Captura, Esterilización y Retorno) y también alimentan, todo financiado de su propio bolsillo. Paloma, desde Madrid, explica cómo siempre se encuentra “alguna sorpresa” cuando va a poner comida y agua a los animales. Comederos y bebederos rotos o con la comida tirada son tristemente habituales; malas caras, insultos y hasta amenazas hacia personas que están realizando un servicio a la comunidad no son situaciones extraordinarias. Patricia desde Forua, Bizkaia, declara que el “Ayuntamiento se ríe de las alimentadoras” y Joana, desde Berga, en Barcelona, cuenta cómo en su localidad las colonias ni siquiera están registradas, “ni tenemos carnet de alimentadoras, por más que lo hemos pedido; no responden a las instancias, está todo descontrolado”. Paloma, gestora de una colonia en El Pardo, en Madrid, reclama apoyo y pide que se forme a la Policía Municipal “para que nos defiendan como deben”. Eva, desde Garachico, Tenerife, añade: “La ley hay que cumplirla, no nos vamos a conformar con migajas, ni con cualquier cosa que llamen proyecto CER”.

“Las gestoras de colonia, las alimentadoras, el voluntariado, ya está más formado y empieza a exigir y a decirle al Ayuntamiento: ”Hasta aquí, tienes que cumplir con tus obligaciones de una manera mucho más profesional y con una inversión mucho más real, tanto en recursos humanos como en recursos económicos“, señala Duarte.

Manifestaciones y concentraciones para el 6 de septiembre

Hartas de la inacción de las instituciones, se ha convocado para el próximo 6 de septiembre una manifestación estatal para pedir que se cumpla la ley. La protesta no está impulsada por una única entidad, ya son más de 350 las que se han ido sumando, y las organizadoras explican que el número no para de crecer. “Somos gestoras de colonias felinas, alimentadoras, rescatistas, activistas y personas implicadas directamente con el cuidado de los gatos en toda España”, explican en la web creada para la movilización, en la que se pone el énfasis en que la convocatoria no responde a ninguna sigla, “porque el problema que abordamos no es puntual ni local: es estructural y afecta a todo el territorio”.

Para Vall-Llosada la movilización es necesaria: “Que las gestoras de colonias salgan a reivindicar sus derechos y a exigir el cumplimiento de las obligaciones municipales ayuda a visibilizar una realidad que durante demasiado tiempo se ha considerado normal”.

Ruymán Duarte comparte su visión, ya que las instituciones evolucionan gracias a la presión social: “En mis veintitrés años en la Administración pública he comprobado cómo se reacciona a la demanda y a la movilización ciudadana; eso es en parte la idiosincrasia de la Administración”. Pero Duarte también lamenta que cuando alguien se manifiesta es “cuando ya no puede más y no ve otra opción”. En su opinión, “los mecanismos de comunicación entre la Administración y las personas administradas deberían dar frutos y resultados mucho antes”.

“Una movilización por sí sola no cambia una gestión municipal, y menos de un día para otro”, señala la abogada Marina Vall-Llosada, “pero sí puede contribuir a que esta cuestión deje de percibirse como una reivindicación de voluntarias y se entienda como lo que es: una cuestión de cumplimiento de obligaciones legales y de responsabilidad pública”.

La reivindicación

No estamos pidiendo favores ni migajas, simplemente exigimos que se cumpla la ley. Estos son algunos de los puntos que se reivindican:

  • Que todos los ayuntamientos implanten programas reales de gestión de colonias felinas: censo, CER, atención veterinaria y protocolos claros.
  • Que las comunidades autónomas cumplan su labor de supervisión y coordinación.
  • Que el Gobierno impulse la cooperación entre administraciones y evalúe el cumplimiento de la ley.
  • Que se reconozca institucionalmente el trabajo de miles de personas voluntarias, en su mayoría mujeres, que han sostenido esta labor durante años.
  • Mecanismos de transparencia y seguimiento que permitan saber, municipio a municipio, qué se está cumpliendo y qué no.

El método CER

Como explicaba la periodista Concha López en el artículo “En defensa de los gatos, con ciencia y con conciencia”, el discurso alarmista que presenta a los gatos como una de las principales amenazas para la biodiversidad y la salud pública no se sostiene ante una mirada más detallada de las diversas situaciones, muy diferentes dependiendo del entorno. El toxicólogo Octavio Pérez Luzardo lleva décadas estudiando esta problemática, incluso en lugares con ecosistemas especialmente delicados, y señalando que los datos utilizados para demonizar a los gatos están descontextualizados y que las relaciones entre depredadores y presas son mucho más complejas de lo que sugieren algunos titulares.

Todas estamos de acuerdo en que existe un problema de sobrepoblación de gatos comunitarios, pero su origen es fundamentalmente humano. Las soluciones letales no resuelven el problema, algo que sí puede conseguirse mediante una aplicación rigurosa del método CER, acompañado de identificación, esterilización de los gatos de familia con salida al exterior y adopción de los animales sociables.

Porque proteger la biodiversidad y gestionar las poblaciones felinas no son objetivos incompatibles, pero requieren políticas valientes y alcaldes, regidores, concejales y técnicos con formación, que comprendan que la gestión del bienestar animal es tan importante y necesaria como cualquier otra de sus funciones.

El domingo 6 de septiembre, 38 manifestaciones y concentraciones se celebrarán simultáneamente. Yo asistiré a la de Girona, y en la web Losgatostienenley.org se puede encontrar la localización más cercana. Debemos ser multitud, ya que, como señala Duarte, si la movilización es escasa, “puede provocar el efecto contrario en la clase política”. Así que, el próximo 6 de septiembre, nos vemos en las calles.