Sufrimiento psicológico y 'mochilas' culturales: un proyecto vela por la salud mental de los migrantes en Andalucía

Carla Rivero

Sevilla —
11 de septiembre de 2026 06:00 h

0

Cada vez que suena una notificación, Cristina, nombre ficticio, busca el móvil para comprobar a través de una aplicación si el ataque del dron ha afectado a la zona en la que vive su familia, en Ucrania, mientras que su hijo todavía se asombra del silencio que hay por las noches cuando duerme en su habitación. Dos hechos que revelan la marca indeleble que ha dejado la guerra en sus vidas, a pesar de que se hayan alejado miles de kilómetros para comenzar desde cero. Un testimonio parte del proyecto BIENMIGRA, una iniciativa que busca transformar el abordaje de la salud mental y el bienestar para las personas migrantes desde una perspectiva más cercana con tal de conocer y entender los códigos de los recién llegados en un contexto donde el sistema sociosanitario va a marchas forzadas y tiene recursos insuficientes para atender la complejidad de este colectivo.

Manuel de la Mata y Javier Saavedra, investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad de Sevilla, crearon el programa, que tendrá una duración de tres años, motivados por crear metodologías que faciliten esta labor. Así, darán a conocer de qué manera las personas migrantes se enfrentan a las desigualdades que imperan en España y cómo estas afectan a su salud mental, ya sea por la discriminación, la xenofobia o la aporofobia, los discursos de odio, el acceso al mercado laboral o de la vivienda, o las propias circunstancias que los llevan a estados precarios, como la ausencia de papeles o el duelo migratorio que sufren tras abandonar su tierra. En Sevilla, Málaga, Huelva y Córdoba ya han entrevistado a una treintena de personas que llevan menos de un año en Andalucía y que proceden de Ucrania, Marruecos, Polonia, Venezuela, Perú, China, entre otras naciones, para dar con nuevas formas de comunicación.

“Nos interesa mucho el concepto de salud mental que tienen porque, de esta forma, nos pueden ayudar a aprender cómo atender a esta persona”, comenta De la Mata. La pandemia supuso un punto de inflexión en la sociedad para hablar sobre salud mental, un concepto que asumieron las administraciones y que ha planteado grandes retos a nivel estatal con planes específicos para abordarla, lo que ha logrado que, después de seis años, el suicidio deje de ser la primera causa de muerte en España al haber disminuido un 6,5% con respecto a 2022.

Pero esta apertura no significa que se dé en otras sociedades, para las que no hay conceptos equivalentes: “En el mundo occidental, hablamos de la salud mental como un valor positivo y ese estigma se está reduciendo poco a poco, sin embargo, no es tan explícito en otros contextos. Tenemos que aprender a identificar cuáles son las sensaciones que compartimos y las formas que tienen de enfrentarse al sufrimiento psicológico según las mochilas culturales con las que llegan las personas migrantes, en cuanto a valores y principios”.

Atender a la diversidad cultural

Una rápida comparativa, adelanta el profesor, cuando hablamos de un problema de salud mental podemos identificarlo rápidamente con “depresión o tristeza, cuestiones relacionadas con nuestra conciencia o, más bien, estados internos”, pero las personas migrantes lo asocian con cuestiones funcionales, como los problemas para dormir, dolores o problemas conductuales como la irascibilidad. “Por ejemplo, no se le ocurriría decir que tiene pensamientos intrusivos” a la hora de referirse a las autolesiones. De ahí que, una vez instalados en un nuevo país, existan diferencias que marcarán la relación entre los pacientes y sus especialistas, cuestión a prever para que haya un tratamiento exitoso.

BIENMIGRA está dividido en tres fases, consistiendo la primera, en la que ahora están sumergidos, en un diagnóstico sobre la concepción de la salud mental que tienen las personas migrantes. Para ello, las entrevistan de forma individual para así conocer las circunstancias y las peculiaridades de sus realidades. En paralelo, estudian las narrativas digitales que hay en las redes sociales relativas a la migración y, también, contarán con la visión de los de expertos dedicados a este ámbito, para lo que han contado con un amplio abanico de asociaciones colaboradoras, como Red Acoge, Alianza por la Solidaridad, la Asociación Hispano-Polaca, Faisem o Fundación Triángulo, entre otras, que relatan cómo es su trabajo y los enfoques que utilizan cuando tratan con este colectivo.

“Ahora estamos transcribiendo las entrevistas relativas a dos grupos de trabajo, aquellas personas migrantes con problemas de salud mental y, por otra parte, las personas migrantes que no los tienen. Muchas de ellas están siendo atendidas por casas hogares, centros de día o van a los servicios de las organizaciones, como Faisem, ya que, al llegar, ha podido desencadenarse ese trastorno mental a causa de las circunstancias en las que viven”, explica Saavedra. Los casos atendidos por la sanidad pública son escasos, observan, aunque detectan que las personas extranjeras la encuentran “muy valiosa” por su inexistencia en los lugares de donde vienen. Pese a ello, han vivido episodios violentos, más bien relacionados con la discriminación, sobre todo hacia personas de origen africano, describen.

“No estamos preparados para entender lo que le está pasando a esa persona o, en todo caso, malinterpretamos lo que le está ocurriendo. Esperamos que el paciente sea totalmente explícito, lo cuente todo, como le ocurre a un psicólogo o psiquiatra que demanda una confianza total. Esto, en otras culturas, es inconcebible”, señalan los investigadores. Por ello, es crucial interpretar estas interacciones para que, una vez recogidos los testimonios, se diseñe un programa de formación con el que los profesionales sociosanitarios adquieran nuevas competencias culturales y aborden de una forma más efectiva la salud mental de las personas migrantes.

Una red “insuficiente”

Desde 2002, la cifra de personas extranjeras que viven en España no ha parado de crecer. Ya representan un 20% de la población, lo que significa unas 10 millones de personas, de las que unas 900.000 residen en Andalucía, según el censo anual de población del Instituto Nacional de Estadística (INE). ¿Está preparado el sistema sociosanitario para acoger a este colectivo? “Está aprendiendo a marchas forzadas”, adelanta Saavedra, “en apenas 15 años hemos pasado de ser un país de emigrantes a un país de inmigrantes, lo cual es un cambio muy importante que provoca unas tensiones, como las que estamos viviendo”. En cuanto a los recursos de la autonomía, advierte que la red para la atención a la salud mental “es muy insuficiente y tiene muchas dificultades”, aunque haya una menor proporción de extranjeros en comparación con Cataluña o Madrid.

Con un sistema sanitario colapsado, en el que las visitas con especialistas se espacia en el tiempo, el equipo de la Universidad de Sevilla advierte que “no se dan las mejores condiciones para atender la diversidad cultural”, así como para hacer un seguimiento de su situación, dadas las condiciones a las que se enfrentan estos individuos que parten de cero y deben sobrevivir y la escasez de recursos a los que pueden acceder. En esta línea, cabe recordar que un informe publicado por el Ministerio de Sanidad recogía que el uso de la sanidad pública sigue siendo mayor por parte de las personas nacidas en España y, en cuanto a nacionalidades extranjeras, de ciudadanos pertenecientes a la Unión Europea.

La 'paradoja del migrante'

Al respecto, mencionan la “paradoja del migrante”, un término utilizado en los estudios sociales sobre la migración para explicar su buena salud en la llegada. “La migración es un proceso muy complejo, por lo que la persona que asume este viaje tiene que estar en las mejores condiciones”, las dificultades sobrevenidas para atravesar las fronteras, las huidas, los inconvenientes del transporte, enfrentar los conflictos, una serie de obstáculos para los que se necesita una barrera física y mental fuerte que soporte toda carga.

“En una investigación que realizamos en las cárceles andaluzas, observamos que la gente migrante en prisión tenía menos riesgo de sufrir esquizofrenia que la población autóctona, y la explicación está en que la trayectoria implica una fuerza cognitiva que es incompatible con cualquier tipo de rasgo psicótico. Si no, se quedarían por el camino”, aclara. Es entonces, al llegar al país y sufrir el proceso de aculturización, cuando se cierne sobre ellos miles de factores interseccionales, como una mala alimentación, la pobreza o el aislamiento social, que terminan por socavar su salud.

“Lo que más me conmueve es la capacidad que tienen, en muchos casos, de salir adelante. Uno se pregunta si seríamos capaces de afrontar todo esto”, añade De la Mata. Al encontrarse con discursos xenófobos como el de la prioridad nacional promovidos por Vox, ¿qué opinan? “Algunas de estas personas vienen de contextos políticos muy complejos y mucho más agresivos, así que, lo viven con mucha más naturalidad y nos cuentan que, en general, no hacen caso. Procuran obviarlo y, otras veces, sirve para reivindicar su identidad nacional y cultural frente al 'tú no vales, tú eres menos', a lo que ellos responden, 'yo sí valgo'”, indica. Pese a eso, se muestran preocupados por el señalamiento de los grupos políticos hacia estos grupos vulnerables y el intento de canalizar a través de ellos el descontento social.

“La convivencia”

Una vez reunidos y analizados estos datos, los investigadores de la Universidad de Sevilla pasarán a una segunda fase de intervención mediante el diseño de varios programas de formación dirigidos a los profesionales sociosanitarios y voluntariado en los que pretenden favorecer una atención más equitativa e inclusiva de las personas migrantes, como en las consultas médicas o psicológicas.

Por último, BIENMIGRA difundirá los resultados obtenidos a través de publicaciones científicas o la elaboración de un manual de buenas prácticas para que este conocimiento llegue al conjunto de la sociedad. “Esperamos aplicar una intervención que no sea solamente informativa, sino experiencial y positiva para que la gente cambie sus actitudes con respecto a las personas con trastornos mentales”, expresan, “la convivencia te demuestra que, más allá de los estereotipos y los prejuicios, somos mucho más, y estas diferencias y similitudes es donde nos encontramos”.