100.000 años de diferencia son demasiados: la genética acorrala el misterio de cuándo llegaron los humanos a América

El niño enterrado hace unos 12.800 años en el actual estado de Montana guarda una distinción científica bastante peculiar: su ADN constituye el genoma humano más antiguo recuperado hasta ahora en América. Conocido como Anzick-1, permite investigar una historia mucho más antigua que sus propios restos.

La genética tiene esa ventaja, aunque también una limitación considerable. Puede reconstruir parentescos entre poblaciones desaparecidas, pero no señalar exactamente dónde vivían cuando comenzaron a separarse.

Los primeros americanos llegaron hace al menos 14.000 años

Una revisión científica dirigida por Bethany Potter, investigadora de la Universidad de Kansas, sitúa la llegada de los antepasados de la mayoría de los pueblos indígenas americanos actuales entre hace 20.000 y 14.000 años. Publicado en Current Opinion in Genetics & Development, el trabajo contrasta resultados genéticos con hallazgos arqueológicos y condiciones ambientales. Sus conclusiones favorecen una entrada anterior a la que proponían los modelos tradicionales, aunque dejan abierta la posibilidad de ocupaciones todavía más antiguas.

La historia de los primeros habitantes de América estuvo vinculada durante buena parte del siglo XX a la cultura Clovis, identificada por sus características puntas de piedra. Sus asentamientos se remontan aproximadamente a 13.500 años y alimentaron la hipótesis de una llegada desde Asia a través de Beringia, seguida del avance por un corredor entre los grandes mantos de hielo. Sin embargo, ese paso interior permaneció cerrado durante buena parte de la última glaciación.

Los descubrimientos arqueológicos anteriores a Clovis obligaron a revisar aquella cronología y plantearon la posibilidad de desplazamientos por la costa del Pacífico. En Nuevo México, las pisadas humanas de White Sands se han fechado alrededor de 23.000 años atrás. Otros yacimientos presentan grados muy distintos de aceptación, desde Monte Verde II, en Chile, hasta Cerutti, en California, cuya datación de 130.000 años resulta especialmente discutida.

Las reconstrucciones genéticas aportan otra cronología porque algunas ramas ancestrales americanas ya se habían separado antes de que pudiera utilizarse el corredor interior. Un estudio sobre los antepasados de la Confederación Blackfoot sitúa una divergencia alrededor de 18.000 años atrás. Otra rama, identificada mediante un individuo de Big Bar, se habría diferenciado poco antes de hace 15.500 años.

Alrededor de hace 15.000 años también se produjo la separación entre los linajes denominados indígenas americanos del norte y del sur. Estas categorías describen relaciones genéticas antiguas y no equivalen a las identidades de los pueblos actuales. Los investigadores consideran probable que aquella división ocurriera al sur de los hielos, circunstancia que exigiría una llegada previa a esas regiones.

La teoría de una llegada tardía a América pierde apoyo

La hipótesis de una entrada posterior a hace 14.000 años sigue teniendo defensores pese a ser poco probable según las pruebas genéticas actuales porque algunos modelos sitúan esas separaciones en Beringia. Esa interpretación requiere que distintas ramas permanecieran aisladas allí durante milenios sin intercambiar ascendencia. Potter y sus colegas consideran que semejante escenario se ajusta peor a la mayor parte de los resultados disponibles, aunque reconocen que todavía faltan muestras capaces de resolver la discusión.

La investigación genética sobre los primeros americanos también plantea responsabilidades hacia los pueblos actuales cuyos antepasados forman parte de estas reconstrucciones. Las autoras defienden que las preguntas científicas se desarrollen con arqueólogos e historiadores tribales y atiendan las prioridades de las comunidades descendientes.

Las migraciones americanas comenzaron con poblaciones de origen asiático

Las poblaciones que avanzaron hacia Sudamérica protagonizaron varias migraciones cuyos efectos pueden distinguirse en genomas recuperados en diferentes regiones del continente. Entre hace 14.100 y 9.000 años llegaron grupos relacionados con individuos antiguos de Montana y Nevada. Alrededor de hace 9.000 años apareció otra corriente de ascendencia, asociada a cambios posteriores en la composición genética de aquellas poblaciones.

El origen de esas ramas americanas se encuentra en grupos asiáticos cuya historia también incluye encuentros y largos periodos de aislamiento. Los modelos sitúan entre hace 25.000 y 20.000 años la unión de ascendencias procedentes de antiguos habitantes del norte de Eurasia y del este de Asia.

Sus descendientes atravesaron una etapa de separación poblacional conocida como aislamiento beringiano, cuya ubicación exacta continúa sin determinarse. Entre los lugares propuestos figuran Beringia central, el Ártico siberiano y las tierras próximas al lago Baikal.