Casi 300 piezas prehispánicas, muchas de oro, han viajado de Bogotá hasta Alicante para ser exhibidas en una exposición

Alicante ha sido el destino final de un viaje milenario que une a Bogotá con el Mediterráneo mediante una muestra sin precedentes. El Museo Arqueológico de Alicante, conocido popularmente como el MARQ, ha abierto sus puertas a la exposición “El oro y el universo”. Se trata de una iniciativa que presenta los saberes indígenas de Colombia a través de un despliegue artístico que desafía las nociones tradicionales de riqueza. Cerca de 300 piezas han cruzado el Atlántico para relatar historias de equilibrio y espiritualidad. El evento marca un hito en la agenda cultural española al recibir un tesoro arqueológico de valor incalculable. La muestra invita a los visitantes a sumergirse en una cosmovisión que integra lo humano y lo divino. Se trata de un esfuerzo conjunto para mostrar la profundidad científica y espiritual de estas sociedades.

El préstamo es el más ambicioso realizado en décadas por el Museo del Oro de Bogotá para una institución española. Un total de 291 objetos arqueológicos han sido seleccionados meticulosamente para esta gran cita internacional. Entre ellos destacan 157 piezas de oro que brillan no por su valor de mercado, sino por su maestría técnica. La colaboración involucra a entidades de gran prestigio como la Universidad de Cambridge y la propia Fundación MARQ. La Diputación de Alicante ha respaldado este proyecto que busca estrechar lazos culturales entre ambos continentes. Es una oportunidad única para observar artefactos que, en muchos casos, se exhiben en Europa por primera vez.

La colección incluye también creaciones contemporáneas de comunidades indígenas que mantienen vivas sus tradiciones milenarias. Lejos de ser simples adornos, estos objetos son considerados “presencias” o entidades activas con capacidad de actuación. Las sociedades indígenas del pasado y del presente nos enseñan a entender el mundo de otra forma. Para estas culturas, el metal dorado no representaba poder económico, sino un elemento para el equilibrio universal. La exposición cuestiona la obsesión moderna con el oro y el malentendido mito de El Dorado. A través de máscaras y pectorales, se explora el papel fundamental de los chamanes como mediadores espirituales.

La muestra subraya que el bienestar del universo depende totalmente de nuestra relación con el entorno natural. Cada pieza narra una historia de reciprocidad y respeto por las fuerzas invisibles que rigen la naturaleza. La experiencia dentro de las salas del MARQ es profundamente inmersiva y utiliza diversos recursos multisensoriales. El recorrido inicia en una recreación fiel de una maloca, la gran casa comunal sagrada de la Amazonía. El aire está impregnado con el aroma del mango, transportando simbólicamente al visitante a las tierras colombianas. Mientras se camina, resuena una composición musical interpretada con ocarinas y flautas de origen prehispánico, instrumentos de entre seiscientos y mil años que vuelven a cobrar vida sonora en las salas de Alicante.

Esta atmósfera busca desbordar los sentidos con paisajes sonoros y visuales de un impacto emocional muy alto. Se trata de un diálogo constante entre el espectador contemporáneo y los espíritus que habitan la propia muestra. La arquitectura efímera refuerza la sensación de estar atravesando distintos planos de una realidad compleja. El discurso expositivo se divide concretamente en tres secciones que guían al público por los misterios del cosmos. En “Todos somos universo”, se explora la red de relaciones vitales entre humanos, plantas y animales. Los recipientes cerámicos evocan simultáneamente cuerpos y casas en una armonía de formas muy perfecta. La segunda parte, titulada “Transformaciones”, muestra cómo los pueblos adaptaron su paisaje sin llegar a dañarlo. Se exhiben allí los vastos sistemas hidráulicos que alguna vez cubrieron gran parte del Caribe colombiano.

Finalmente, “Cuidar el mundo” aborda la importancia de las ofrendas rituales para mantener la paz universal. Esta estructura permite entender el pensamiento indígena de una manera orgánica, pedagógica y lógica. Cada bloque aporta una pieza nueva al rompecabezas de la sostenibilidad y la cooperación entre especies. Entre los objetos más fascinantes se encuentran los famosos seres híbridos, como los humanos-murciélago de oro. Estas figuras representan la capacidad de transformación espiritual y la visión desde otras perspectivas animales. También sobresalen los pectorales con formas de aves y felinos procedentes de la antigua región del Tolima.

La orfebrería Muisca está presente con una de las mayores ofrendas ceremoniales conocidas hasta la fecha. Son más de treinta figurillas de oro que representan un acto de devoción y responsabilidad colectiva. Además, hay cerámicas y piezas de piedra que muestran la rica biodiversidad de los ecosistemas colombianos. La técnica de la cera perdida demuestra el alto nivel de ingeniería que poseían estos antiguos artesanos. Cada detalle técnico refleja una sabiduría acumulada durante milenios por estas comunidades del pasado.

Oro como ofrenda

El mito de El Dorado recibe una relectura necesaria que se aleja definitivamente de la codicia europea. En lugar de una ciudad de oro, se revela que era una persona en un acto ritual de entrega. El líder indígena se cubría de metal para realizar una ofrenda sagrada en nombre de su comunidad. El objetivo era mantener el equilibrio del mundo, que siempre es propenso a romperse o fragmentarse. Esta perspectiva resalta valores como la responsabilidad colectiva y el bienestar de todos los seres vivos. La exposición invita a reflexionar sobre si es posible vivir hoy de una manera mucho menos ambiciosa.

“El oro y el universo” permanecerá abierta en el museo alicantino hasta el mes de mayo de 2027. Tras su estancia en la Costa Blanca, la muestra continuará su viaje por diversos puntos de Europa. Es toda una oportunidad para replantear nuestras certezas y aprender de los saberes de los pueblos indígenas. Como señalan sus organizadores, nadie sale igual después de experimentar este profundo viaje sensorial y espiritual. Colombia despliega su riqueza cultural para recordarnos que el bienestar del futuro está en nuestras manos.