Cuándo cambiaremos la hora este otoño para pasar al horario de invierno
Toca volver a cambiar los relojes. El cambio de hora de este inminente otoño volverá a hacernos pasar al horario de invierno y, en concreto, la transición se producirá durante la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre. A las 03:00 horas de la madrugada, en el territorio peninsular y en las islas Baleares, los relojes deberán retrasarse una hora completa para volver a marcar las 02:00 horas. Como es lógico, en la comunidad autónoma de las Islas Canarias, la modificación horaria se llevará a cabo cuando sus relojes marquen las 02:00 de la madrugada, momento en el que pasarán a ser las 01:00 horas.
Esta clásica medida supondrá que esa noche los ciudadanos disfruten de una hora más para descansar, incrementando de forma transitoria el tiempo de sueño. Este ajuste habitual, sin embargo, posee una particularidad de gran relevancia administrativa, pues representa la última fecha contemplada en el actual calendario quinquenal publicado de manera oficial por el Boletín Oficial del Estado en marzo del año 2022. Esta publicación se realizó de acuerdo con el artículo cinco del Real Decreto 236/2002, que obliga a dar publicidad a las fechas exactas de los cambios de hora para periodos de cinco años consecutivos.
No obstante, que esta planificación temporal llegue a su término en octubre de 2026 no significa en absoluto que los cambios de hora vayan a eliminarse de forma automática en todo el país. España continuará modificando sus relojes en el año 2027, al menos mientras la normativa europea vigente siga contemplando este sistema y no se apruebe formalmente su eliminación definitiva. Y es que la continuidad de esta práctica horaria estacional depende en última instancia del marco de la Unión Europea, donde el debate para poner fin a los cambios de hora lleva años sobre la mesa sin que se haya adoptado una resolución firme.
Aunque la Comisión Europea propuso hace tiempo la eliminación de este sistema, los Estados miembros todavía no han alcanzado un acuerdo unánime sobre qué horario adoptar de manera permanente. En España, el Gobierno ha defendido la necesidad de resolver este asunto en el ámbito europeo y también ha cuestionado si el huso horario que utilizamos es el idóneo. Actualmente, España mantiene el horario de Europa Central, equivalente a la zona de tiempo UTC+1, a pesar de que la mayor parte de su territorio geográfico está alineado con el huso de Greenwich o UTC+0.
Los defensores de mantener el cambio de hora argumentan que la medida reporta un importante beneficio económico y de ahorro energético en el país. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, por ejemplo, estima que gracias a esta medida cada hogar de España puede ahorrar en torno a seis euros anuales en su factura eléctrica, lo que se traduce en un ahorro de 90 millones de euros para el conjunto de las familias españolas. A esta cifra se sumarían los ahorros del sector industrial, calculados en unos 210 millones de euros, logrando un impacto económico total estimado en 300 millones de euros al año. Un estudio de la Comisión Europea asoció beneficios adicionales en sectores de gran importancia como el transporte, la seguridad en las carreteras, la salud y el turismo.
Por el contrario, los detractores del sistema argumentan que la modificación de los relojes genera efectos negativos sobre la salud de las personas, provocando cierta irritabilidad, falta de concentración y alteraciones notables en el organismo. Este cambio afecta al reloj biológico interno de los individuos al alterar los hábitos diarios de sueño, el rendimiento y el estado de ánimo de manera repentina, aunque los expertos señalan que este impacto suele ser transitorio y desaparece al cabo de pocos días de adaptación. Por otro lado, la luz solar influye de manera directa en la secreción de melatonina, la hormona que ayuda a regular la conciliación del sueño; de hecho, en invierno la reducción de la luz natural favorece esta secreción, mientras que el paso contrario hacia el horario de verano la disminuye, dificultando el descanso en una parte de la población.
Franklin, el origen
El debate en torno a los impactos económicos y medioambientales del cambio de hora también cuenta con posturas científicas contradictorias que cuestionan su eficacia real en la actualidad. Mientras que los defensores sostienen que el menor consumo energético reduce la contaminación generada al producir electricidad, otros estudios concluyen que la medida puede llegar a incrementar el consumo energético de los hogares en un 1%. Por otra parte, muchos comercios y empresas que abren en horario de tarde se enfrentan a mayores gastos eléctricos, debido a que anochece más temprano y deben encender sus luces antes.
El origen de modificar la hora para aprovechar la luz natural se remonta al año 1784, cuando Benjamin Franklin propuso la idea de forma anónima en un periódico de París para reducir el consumo de velas de sus ciudadanos. Más de un siglo después, el británico William Willett propuso adelantar los relojes en verano, sugiriendo un cambio progresivo de veinte minutos semanales al notar cómo se desaprovechaba la luz del sol mientras la gente dormía. Sin embargo, no fue hasta la Primera Guerra Mundial en 1916 cuando Alemania y otros cincuenta países adoptaron el horario de verano de forma oficial para ahorrar combustible durante el conflicto. Tras la guerra se abandonó la práctica, pero la grave crisis petrolera de los años setenta impulsó su adopción definitiva para optimizar los recursos energéticos disponibles.