El cambio climático obliga a replantear la lucha contra las especies invasoras en Canarias

La gestión de las especies invasoras en las Islas Canarias podría necesitar un cambio de enfoque debido al cambio climático y a la creciente aridificación de numerosos territorios. Esa es la principal conclusión de un estudio de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), cuyos autores sostienen que no todas las poblaciones de plantas catalogadas como invasoras deberían recibir el mismo tratamiento. En lugar de apostar por una erradicación sistemática, proponen evaluar cada caso teniendo en cuenta su impacto ecológico, su valor cultural y el papel que estas especies podrían desempeñar en los ecosistemas del futuro.

El trabajo, publicado en la revista Discover Ecology, está firmado por los investigadores Juan Olvido Perea y Emilio Medina y se basa en las tuneras (género Opuntia), conocidas también como chumberas en buena parte de la Península Ibérica y nopales en América. Estas plantas, consideradas invasoras en determinados contextos, son utilizadas por los científicos para plantear una cuestión de fondo: ¿puede una especie invasora formar parte del patrimonio cultural, integrarse en los ecosistemas locales y, al mismo tiempo, resultar útil frente a las consecuencias del cambio climático?

Una gestión adaptada a cada territorio

Los autores consideran que para responder a esa pregunta se necesita cambiar el enfoque y no centrarse únicamente en la etiqueta de “especie invasora”. En su lugar, defienden analizar qué taxón está presente, cuál es su impacto ecológico real, cuánto tiempo lleva establecido, qué valor cultural o productivo posee y cuáles son las características del territorio donde crece. Solo a partir de esa evaluación debería decidirse si se debe proceder a su eliminación o si se debe conservar.

Hay que moverse más allá de etiquetas simples como invasora. Planteamos evaluar qué población, de qué taxón, está produciendo qué efectos y en qué contexto”, explica Juan Olvido Perea. El investigador añade que “la eliminación puede estar plenamente justificada en hábitats sensibles pero, en otros, conservar estas especies invasoras puede contribuir a mantener funciones ecológicas de las que también dependen especies autóctonas”.

El estudio señala que el calentamiento global está modificando las condiciones ambientales de forma acelerada. El aumento de las temperaturas, la reducción de la disponibilidad de agua y el avance de la aridificación hacen que algunos ecosistemas tradicionales puedan dejar de ser viables en las próximas décadas. Ante este escenario, los investigadores consideran que las estrategias clásicas de conservación, centradas en restaurar el paisaje tal y como era en el pasado, son insuficientes.

Conservar pensando en el clima del futuro

Los autores consideran que “conservar no puede consistir únicamente en intentar reconstruir el pasado, sino también en decidir qué ecosistemas podrán seguir siendo viables bajo las condiciones climáticas del futuro”. Esta reflexión supone un cambio importante en la gestión ambiental, ya que plantea que algunas especies actualmente consideradas invasoras podrían desempeñar un papel ecológico relevante en territorios donde las condiciones climáticas están cambiando rápidamente, y lo van a seguri haciendo a futuro.

La investigación también reúne disciplinas como la taxonomía, la ecología de invasiones, la historia agraria, la cultura, la economía, la conservación y la adaptación al cambio climático, disciplinas que pocas veces se analizan de forma conjunta. Para los autores, integrar todas estas perspectivas permitirá tomar decisiones más ajustadas a la realidad de cada territorio y mejorar la eficacia de las políticas de conservación.

De esta manera, los investigadores proponen una gestión flexible y basada en la evidencia científica. Controlar o erradicar cuando exista un daño ecológico demostrado, acompañado de la restauración del hábitat, pero también evaluar su posible valor ecológico, cultural o productivo cuando el riesgo sea reducido y manejable. Con el cambio climático tan presente, la conservación ya no puede limitarse a recuperar el pasado, sino que debe prepararse para preservar los ecosistemas que podrán mantenerse en el futuro.