Considerado “indecente e inmoral”, este libro estuvo prohibido durante décadas, pero acabó como éxito editorial tras un polémico juicio

En agosto de 1960, Allen Lane, fundador de Penguin Books, estaba en España cuando recibió un telegrama urgente. “Acción legal inminente. Aconsejo su regreso inmediato”, decía aquel mensaje. La editorial se había metido en líos después de intentar publicar El amante de Lady Chatterley, una novela de D.H. Lawrence que durante más de treinta años había estado censurada.

Lane se enteró entonces de que aquella publicación con la que su compañía había intentado desafiar la Ley de Publicaciones Obscenas de 1959 del Reino Unido iba a ser sometida a juicio. Probablemente entonces no se esperaba que Penguin estaba a punto de enfrentarse a una de las acciones legales más relevantes de la historia de la industrial editorial.

El juicio

El fiscal Mervyn Griffith-Jones intentó demostrar que aquel libro era obsceno y que debía ser retirado de inmediato del mercado. Por su parte, Penguin convocó a una serie de testigos expertos, incluidos 35 escritores y políticos destacados, con la idea de demostrar que la novela que Lawrence había querido publicar originalmente en 1928 tenía un enorme valor literario. Algunos de ellos, llegaron incluso a comparar el estilo del libro con la Biblia.

El juicio dejó frases para la historia, como las que el fiscal dirigió al jurado: “Cuando hayan visto el libro, pregúntense: ¿aprobarían que sus hijos e hijas lo leyeran? ¿Lo dejarían tirado en su casa? ¿Es un libro que desearían que leyeran sus esposas y criadas?” Griffith-Jones también compartió hasta 100 palabras consideradas “de mal gusto” que aparecían en aquellas páginas.

El 2 de noviembre de 1960, tras un juicio que duró seis días, el jurado deliberó y, después de tres horas de debate, llegó a una decisión: Penguin Books fue declarada “no culpable”. La editorial logró poner algunos ejemplares de El amante de Lady Chatterley a la venta ese mismo día, y consiguió vender dos millones de copias en todo el país un mes después.

La censura

La novela de D. H. Lawrence narra la historia de Constance Reid (Lady Chatterley), una mujer joven cuya vida cambia por completo cuando su esposo, Sir Clifford Chatterley, regresa de la Primera Guerra Mundial paralizado de la cintura para abajo. Ante esta situación, decide recurrir a su guardabosques, Oliver Mellors, para satisfacer su apetito sexual

Así, el libro está lleno de escenas de sexo explícito, palabras malsonantes y decenas de referencias al placer sexual femenino que escandalizaron en la época, tachándolo de “incedecente e inmoral”. Aunque el libro se publicó de forma privada en Italia y Francia a finales de los años 20, poco después fue prohibido en varios países del mundo, incluidos Estados Unidos, Australia y Japón. 

Décadas después, la fascinación por Lady Chatterley sigue viva. Existen multitud de teorías sobre qué mujer, o mujeres, inspiraron la novela. Algunos creen que Lawrence se basó en Frieda von Richthofen, su esposa, para crear el personaje de Chatterley. Otros sostienen la posible influencia de Lady Ottoline Morrell, aristócrata inglesa de la que se dice que tuvo una relación con un albañil que trabajaba en su jardín.

En 2022, Netflix se sumó a esta fascinación y lanzó su propia adaptación cinematográfica de la novela. La película dirigida por Laure de Clermont-Tonnerre contó con las actuaciones de Emma Corrin (conocida por su papel en The Crown) como Connie Chatterley, Jack O'Connell como el guardabosques Oliver Mellors, y Matthew Duckett como Sir Clifford Chatterley.