Según un estudio, la reinundación de este desierto salino, que llegó a ser el cuarto lago más grande del mundo, podría evitar emisiones masivas de dióxido de carbono
El mar de Aral, en su momento el cuarto lago más grande del mundo, desde la década de 1960 es un ingente cuerpo de agua que comenzó a desaparecer debido al desvío de sus ríos tributarios para proyectos de irrigación. Lo que antes era un ecosistema vibrante se ha transformado en un extenso desierto salino con graves consecuencias sociales y ecológicas. Sin embargo, un estudio publicado recientemente sugiere una posibilidad esperanzadora para este territorio tan severamente devastado. La investigación revela que la restauración de sus aguas evitaría emisiones masivas de dióxido de carbono hacia la atmósfera terrestre.
Este hallazgo de la ciencia transforma la percepción del desastre, situando al mar de Aral como una gran oportunidad de mitigación climática. El lecho desecado no es solo un símbolo de pérdida, sino un componente clave del balance de carbono regional. La reinundación parcial se plantea ahora como una herramienta fundamental para combatir activamente el actual cambio global en Asia. El estudio, liderado por el CEAB-CSIC, destaca que los sedimentos expuestos han liberado 748 megatoneladas de dióxido de carbono. Desde que se inició su desecación, el lecho marino ha dejado de ser un sumidero para volverse un emisor neto. Este proceso ocurre porque la materia orgánica enterrada durante siglos se oxida rápidamente al contacto con el aire seco ambiental.
Los investigadores señalan que estas emisiones han estado prácticamente ausentes de la contabilidad climática oficial hasta la fecha de hoy. El equipo internacional utilizó una metodología que combina análisis de sedimentos, teledetección y mediciones directas de diversos flujos gaseosos. Los resultados sugieren que los efectos de esta liberación de carbono persistirán durante varias décadas si no se toma acción. Los autores explican que existe un tesoro oculto de carbono bajo el antiguo fondo de este gran mar interior, por lo que mantener estos sedimentos cubiertos de agua es la única forma de evitar que el carbono siga escapando hacia el aire.
Los lagos desempeñan un papel fundamental en el ciclo global del carbono al almacenar gran cantidad de materia orgánica en sus fondos profundos. Al secarse, el sistema de almacenamiento se invierte y el carbono acumulado vuelve de forma masiva hacia la atmósfera terrestre. La reinundación del sistema podría evitar la liberación de otras 605 megatoneladas adicionales de dióxido de carbono al ambiente. Esta cantidad es equivalente a casi tres años de las emisiones actuales causadas por humanos en todo el territorio español. Los científicos describen este reservorio restante como una oportunidad de mitigación climática que había sido ignorada por mucho tiempo. La restauración de una cobertura hídrica sobre el lecho desecado detendría de inmediato el proceso de descomposición de materia orgánica. De este modo, el carbono pasaría de ser una fuente de emisiones dañinas a formar parte de la solución climática.
El trabajo también analiza el enorme potencial económico que tendría evitar estas emisiones masivas mediante la restauración de la cuenca. Utilizando precios de referencia del mercado voluntario de carbono, los autores estiman un valor de miles de millones de dólares. Específicamente, los créditos de carbono generados podrían oscilar entre 3.600 y 18.000 millones de dólares estadounidenses. Esta monetización ayudaría a movilizar la financiación internacional necesaria para emprender las costosas tareas de recuperación ecológica del sistema.
La restauración no debe considerarse solo un gasto ambiental, sino una inversión climática con retornos económicos que son cuantificables. Los créditos de carbono comercializables mejorarían la viabilidad financiera de los proyectos de reinundación en toda la región afectada. Este enfoque aporta una nueva perspectiva al debate sobre el rendimiento económico de la protección de los ecosistemas naturales. Para aumentar las entradas de agua, el estudio sugiere mejorar drásticamente la eficiencia de los sistemas de riego agrícolas actuales. También se propone optimizar las infraestructuras de transporte y lograr una gobernanza más coordinada entre todos los países involucrados.
Una inversión estimada en 9.700 millones de dólares podría recuperar la mitad de la superficie original del lago. Este nivel de restauración generaría unas 323 megatoneladas equivalentes de dióxido de carbono en créditos de carbono comercializables. Los autores reconocen que la restauración completa sigue siendo un desafío técnico, social y político de una gran envergadura. Sin embargo, la financiación climática podría actuar como el catalizador necesario para iniciar este ambicioso proceso de cambio ambiental. La gestión más eficiente del agua debe combinarse con objetivos claros de restauración ecológica y de bienestar social regional. La cooperación internacional resulta imprescindible para gestionar de forma justa y sostenible los recursos hídricos de toda la cuenca.
Aunque el mar de Aral es un caso extremo, no es el único cuerpo de agua que enfrenta una desecación. El estudio identifica otras regiones donde la pérdida de agua tiene consecuencias similares para el ciclo global del carbono. Entre estas zonas se encuentran el Gran Lago Salado, el mar de Salton y el lago Urmía en el Irán. También se mencionan el lago Chad y el mar Caspio como áreas muy vulnerables a procesos de desecación drástica actual. El mar Caspio, en particular, podría experimentar una reducción sustancial de su nivel en las próximas décadas según las proyecciones. La protección de estos lagos a todas las escalas es prioritaria para mantener el carbono almacenado en sus sedimentos. La alteración del ciclo del carbono en estos sistemas es una advertencia seria para la gestión ambiental en el mundo.
Técnicas avanzadas
El equipo internacional responsable de este hallazgo incluye instituciones de España, Rusia, Kazajistán, Francia y también de la nación alemana. Entre los participantes destacan el ICRA, la Universidad de Málaga y el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados ubicado en Palma. La investigación se enmarca en el proyecto DryingLake, que estudia el impacto de la desecación en el ciclo biogeoquímico. Los datos de campo se recopilaron durante una expedición científica realizada en 2022 en Asia. Se emplearon técnicas avanzadas como fotogrametría con drones y datos satelitales para reconstruir la dinámica del carbono orgánico sedimentario. Los investigadores de GEO3BCN-CSIC colaboraron determinando la composición mineralógica de los sedimentos de la parte superior del lecho marino.
En conclusión, el mar de Aral ha pasado de ser un sumidero de carbono a ser una fuente neta de emisiones. El crecimiento de la vegetación en el lecho seco compensa menos del 1% de las emisiones de carbono. La incorporación de estos datos altera el presupuesto regional de carbono y transforma la visión de toda la cuenca asiática. Reinundar el mar no es solo un imperativo humanitario y ecológico, aseguran los autores, sino una oportunidad de mitigación climática a nivel global.