Científicos españoles desarrollan un método para calcular la edad de los anfibios a partir de su tamaño corporal
Calcular la edad de un anfibio en libertad es uno de los grandes desafíos para los biólogos que se dedican a estudiar esta clase de animales. A diferencia de otros tipos de animales, el tamaño corporal de las ranas, los sapos o las salamandras no siempre refleja con precisión cuántos años tienen. Dos ejemplares de la misma especie y de la misma edad pueden tener tamaños muy distintos dependiendo del clima, el sexo o las condiciones en las que han crecido. Ahora, un equipo de investigadores de España y México ha desarrollado un método que permite estimar esa edad de forma mucho más fiable.
El estudio, publicado en la revista Integrative Zoology, se basa en 17 años de seguimiento de poblaciones de diez especies de anfibios en la Comunidad de Madrid. La investigación ha sido desarrollada por científicos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, la Universidad Autónoma de Madrid, la Asociación Herpetológica Española y la Universidad Nacional Autónoma de México.
El trabajo combina técnicas de captura, marcaje y recaptura con modelos de crecimiento y datos biométricos de individuos juveniles y adultos. Gracias a este seguimiento a largo plazo, los investigadores han conseguido establecer relaciones bastante precisas entre el tamaño corporal y la edad, especialmente durante los primeros años de vida adulta.
Una herramienta clave para la conservación
En muchos vertebrados, conocer el tamaño corporal permite hacerse una idea aproximada de la edad del individuo. Sin embargo, en los anfibios esa relación es mucho más variable. Esto complica enormemente el estudio de sus poblaciones y dificulta entender aspectos fundamentales como cuándo alcanzan la madurez sexual o cuánto tiempo permanecen dentro de una población.
“Hemos combinado los modelos demográficos obtenidos mediante las recapturas repetidas de individuos adultos con datos de individuos marcados justo después de la metamorfosis”, explica Gregorio Sánchez-Montes, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales. El principal problema, añade, es que cuando los anfibios completan la metamorfosis son demasiado pequeños para aplicar técnicas habituales de identificación individual.
Para superar esa limitación, el equipo ha analizado conjuntamente los patrones de crecimiento de individuos adultos marcados y cientos de juveniles que acaban de hacer la metamorfosis, cuya talla volvía a registrarse cuando aparecían por primera vez como adultos reproductores.
El resultado ha permitido validar modelos de crecimiento y establecer estimaciones consensuadas de tamaño y edad para ocho de las diez especies estudiadas. “Hemos comprobado que, al menos en varias especies, es posible distinguir con bastante fiabilidad a los individuos de uno y dos años de edad a partir de su tamaño”, señala Íñigo Martínez-Solano, también investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Hay que tener en cuenta también que los anfibios son organismos extremadamente sensibles a los cambios ambientales y muchas especies sufren fuertes colapsos poblacionales debido a sequías, pérdida de hábitat, enfermedades o cambio climático. Aunque suelen producir enormes cantidades de huevos y renacuajos, las tasas de mortalidad en fases juveniles son altísimas, lo que puede provocar la desaparición de generaciones enteras. Por ello, conocer la estructura de edades de una población es esencial para evaluar su estado de conservación.
“Identificar la edad de los individuos cuando llegan por primera vez a reproducirse permite conocer su edad de maduración sexual, uno de los parámetros demográficos más importantes para comprender las dinámicas poblacionales”, destaca Carlos Caballero-Díaz, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid.