La lava de Islandia late como un corazón por un mecanismo oculto que la ciencia acaba de explicar
La dorsal mesoatlántica separa dos placas tectónicas bajo el Atlántico Norte y abre fracturas por las que el magma puede ascender hacia la superficie. Islandia se encuentra justo sobre esa zona de separación y, además, recibe un aporte anómalo de material caliente procedente del manto terrestre.
Esa coincidencia favorece una producción elevada de magma y explica que el país reúna numerosos sistemas volcánicos, fisuras y episodios eruptivos. Dentro de esa actividad, cada erupción puede seguir ritmos muy distintos según la profundidad del magma, la cantidad de gas y la forma de los conductos cercanos a la superficie.
Fagradalsfjall repitió pausas y expulsiones durante seis semanas
Uno de esos comportamientos apareció en Fagradalsfjall durante la erupción de 2021, cuando las fuentes de lava alternaron periodos muy breves de actividad y reposo durante más de seis semanas. Un equipo internacional de vulcanólogos estudió aquel patrón y publicó sus resultados en Nature Communications.
La investigación propuso que las fuentes nacían de ciclos de presión dentro de una cavidad poco profunda llena de magma, una explicación que daba sentido a una regularidad que hasta entonces resultaba poco habitual.
La actividad posterior de la península de Reykjanes ha dado mayor valor a aquellas observaciones porque el episodio de 2021 formó parte de una reactivación mucho más amplia. La Oficina Meteorológica de Islandia sitúa el inicio de esta nueva fase en diciembre de 2019, después de un largo periodo de calma.
Fagradalsfjall registró tres erupciones entre 2021 y 2023, mientras que desde finales de 2023 la actividad más problemática se ha desplazado hacia Svartsengi y la hilera de cráteres de Sundhnúkur, cerca de Grindavík. En julio de 2026 todavía se acumulaba magma bajo Svartsengi y las autoridades advertían de otra posible intrusión o erupción con poco tiempo de aviso.
Una capa de espuma provocaba las fuentes periódicas
Para entender las fuentes de Fagradalsfjall, los científicos aprovecharon unas condiciones excepcionales el 5 de mayo de 2021 y midieron los gases volcánicos desde unos 300 metros. Utilizaron espectroscopia infrarroja de transformada de Fourier de trayectoria abierta, una técnica que permitió registrar datos aproximadamente cada dos segundos durante 16 ciclos de fuente y reposo. El análisis de la composición química indicó que el magma ascendente liberaba gas cerca de la superficie y formaba una capa de espuma en la parte superior de la cavidad.
Cuando esa capa colapsaba, las burbujas de gas ascendían y se expandían, aumentaba la presión y el magma salía despedido en forma de fuente. Después, el sistema volvía a cargarse y el ciclo empezaba otra vez.
Samuel Warren Scott, investigador posdoctoral de la Universidad de Islandia y coautor del estudio, explicó a Newsweek que la regularidad fue una de las características más llamativas: “La característica más notable de las fuentes de lava de Fagradalsfjall de 2021 fue su regularidad, con ciclos de actividad y reposo a intervalos de entre cinco y diez minutos”. Las fuentes alcanzaron aproximadamente entre 100 y 396 metros de altura y cada episodio duró unos minutos.
El patrón también permitió comparar Fagradalsfjall con volcanes basálticos como KÄ«lauea, en Hawái, y Etna, en Italia. En estos últimos se habían observado fases intermitentes durante periodos más largos, mientras que en Islandia la alternancia se repetía cada pocos minutos durante más de un mes. El estudio propuso que esa diferencia podía relacionarse con la profundidad de las cavidades de magma, ya que en Fagradalsfjall el ciclo de presión se situaría a unos 50-100 metros bajo el volcán.
Los gases permiten anticipar cambios eruptivos a corto plazo
La utilidad de estas mediciones rebasa la descripción de una erupción llamativa, porque las fuentes pueden lanzar material volcánico a distancias considerables y aportar información sobre lo que ocurre bajo tierra. Scott señaló que estudiar cambios en los gases y la actividad sísmica puede mejorar las previsiones a corto plazo, aunque la predicción volcánica sigue condicionada por muchas variables: “Al identificar las señales y los patrones que preceden a las fuentes, como los cambios en las emisiones de gases o en la actividad sísmica, los científicos pueden mejorar sus previsiones a corto plazo del comportamiento eruptivo”.
En una península que continúa activa, reconocer esos ciclos puede ayudar a interpretar con mayor precisión cuándo el sistema se está cargando y cómo puede liberar después esa presión.