Medía 2,35 metros y terminó expuesto en un museo: la trágica y poco conocida historia del 'Gigante Extremeño'
Medía 2,35 metros y asombró a todo un pueblo extremeño, pero también a gran parte de la sociedad española, tanto que su cuerpo ha acabado expuesto en un museo, concretamente en el Museo Nacional de Antropología de Madrid, donde ha acabado siendo una pieza más, que se debate entre la leyenda popular y la difícil realidad que tuvo que sufrir en vida.
Hablamos de Agustín Luengo Capilla, más conocido como ‘el Gigante Extremeño’ por su gran altura y su procedencia. Murió de forma prematura a los 26 años y desde entonces se convirtió en objeto de estudio, a la vez que, de exposición pública, aunque pocos ahondan en las penurias que vivió durante su existencia.
Quién fue ‘el Gigante extremeño’
Agustín Luengo Capilla nació en la localidad de Puebla de Alcocer, provincia de Badajoz, en 1849 en el seno de una familia humilde de artesanos, que pronto se vieron desbordados cuando este creció de forma desmesurada en su preadolescencia, a los 14 años.
Y es que fue a esa edad cuando se comenzó a hacer evidente su gigantismo, que más tarde se convertiría en acromegalia, una enfermedad hormonal crónica y poco frecuente que produce demasiada hormona del crecimiento durante la edad adulta. La enfermedad se originó en un tumor benigno en la glándula pituitaria, que no solo alteró su estatura, sino también le conllevó grandes problemas de salud, como dolores de cabeza, debilitamiento general y hasta pérdida de visión.
A todo ello cabe sumar las complicaciones que esto le derivaba en la vida en general, como el hecho de que las crónicas de la época llegaron a publicar que los padres hicieron aberturas en la pared de la humilde casa para poder acomodar su gigante cama.
El polémico acuerdo que le llevó a un museo
Poco antes de su fallecimiento, en agosto de 1875, con 26 años, Luengo Capilla se trasladó a Madrid en compañía de su madre, en búsqueda de intentar aliviar sus graves dolencias, un hecho que no conseguiría, y que, además, desembocaría en su fallecimiento por tuberculosis el 31 de diciembre de ese mismo año. Antes, sin embargo, llegó a ser presentado al entonces rey Alfonso XII y quien le regaló un par de botas del número 52, que se exponen en el museo de su pueblo.
El hecho de que actualmente su cuerpo se encuentre en el Museo de Antropología de Madrid se atribuye a un supuesto acuerdo con el doctor Pedro González Velasco, fundador del museo, que habría pagado en vida 3.000 pesetas o una renta vitalicia para quedarse con su esqueleto tras morir, algo que, sin embargo, se ha puesto en duda recientemente.
En concreto, el investigador y antropólogo Luis Ángel Sánchez Gómez señaló que faltan documentos que corroboren esta versión, siendo la opción más plausible que cuando falleció el llamado ‘Gigante Extremeño’ su madre autorizara su uso y traslado al museo del doctor Velasco para su estudio.
Lo que sí que se sabe es que, tras su fallecimiento, el mencionado doctor se encargó de realizar un molde en yeso de su cuerpo y preparó su esqueleto para que fuera exhibido durante unas semanas después, llegando incluso a ser presentado en la Exposición Universal de París de 1878. A pesar de que su cuerpo se encuentra en el museo madrileño, en su localidad natal, Puebla de Alcocer guardan su memoria en el Museo del Gigante Extremeño, que abierto en 2015, cuenta con una exhibición de sus objetos personales, así como documentos de la época que hablan de él.