Un esqueleto hallado en un pozo romano permite reconstruir un brutal asesinato ocurrido hace 2.000 años

Un esqueleto descubierto hace casi medio siglo en el fondo de un pozo romano, cerca de la localidad neerlandesa de Velsen, ha permitido esclarecer nuevos detalles sobre un asesinato cometido hace aproximadamente 2.000 años. Una investigación de la Universidad de Leiden ha identificado numerosas heridas de arma blanca en los huesos de la víctima, entre ellas perforaciones en la pelvis y lesiones en la cara interna de la caja torácica. Los análisis indican que el hombre sufrió un ataque de extrema violencia, probablemente perpetrado con una daga militar romana. La cantidad de heridas ha llevado al arqueólogo Mark Driessen a considerar que pudo tratarse de una agresión intencionada, posiblemente motivada por una venganza, aunque las circunstancias exactas de su muerte siguen sin conocerse.

El hallazgo original se produjo en 1977, cuando un grupo de arqueólogos aficionados excavó un pozo situado en el emplazamiento de un antiguo fuerte romano de Velsen. En su interior encontraron un esqueleto masculino prácticamente completo, acompañado de varios objetos: un cinturón militar, una daga, un anillo, un broche y una sandalia de soldado. El estado de conservación de los restos despertó el interés de los especialistas, ya que son escasos los esqueletos de finales de la Edad del Hierro y comienzos de la época romana que han llegado hasta nuestros días en condiciones similares. Durante décadas, arqueólogos e historiadores plantearon distintas explicaciones sobre el destino de aquel hombre, sin disponer de pruebas suficientes para determinar cómo había muerto.

La nueva investigación, desarrollada por los arqueólogos Carol van Driel-Murray y Mark Driessen junto con un equipo interdisciplinar, ha combinado estudios osteoarqueológicos, técnicas forenses, análisis isotópicos y modelos tridimensionales. El examen permitió identificar nuevas evidencias de heridas que no habían sido reconocidas en las investigaciones anteriores. Mediante reconstrucciones digitales, los especialistas estudiaron cómo pudieron producirse las perforaciones observadas en los huesos. Los resultados apuntan a una daga militar romana como el arma más probable, posiblemente la misma que apareció junto al cadáver. Sin embargo, los investigadores no pueden confirmar que ese objeto fuera utilizado en el ataque.

Un ataque que apunta a una posible venganza

La cantidad y distribución de las heridas constituye uno de los principales indicios sobre las circunstancias del crimen. Según explica Driessen, los especialistas forenses calificaron la muerte como un asesinato especialmente brutal. El arqueólogo interpreta que la intensidad de la agresión podría reflejar una fuerte hostilidad hacia la víctima y considera posible que se tratara de una represalia dirigida específicamente contra ella. Esta valoración le lleva a considerar menos probable que el hombre muriera mientras defendía el fuerte de un ataque enemigo. No obstante, las lesiones no permiten establecer por sí solas quién lo mató ni cuáles fueron sus motivaciones. Los resultados de la investigación se recogen en el libro Victims of Violence from the Early Roman Fort Velsen, dedicado al análisis de este caso arqueológico.

El estudio también ha permitido conocer mejor las características físicas y el posible origen del fallecido. Se trataba de un hombre de aproximadamente 1,90 metros de estatura y constitución musculosa, unas características que llevaron a algunos arqueólogos, a comienzos de la década de 1980, a plantear que podía pertenecer a la población frisona. Sin embargo, los análisis isotópicos del esmalte dental apuntan a que pasó su infancia en el sur de Europa. Esta técnica permite obtener información sobre los lugares donde vivió una persona a partir de las señales químicas que los alimentos y el agua dejan en los dientes durante su formación. Los investigadores consideran, además, que probablemente era un soldado raso y no un oficial, debido al desgaste de su daga y a la composición de su cinturón, formado por piezas de distinta procedencia. En contraste, la vaina del arma presentaba una decoración especialmente elaborada.

Las hipótesis sobre la identidad de los asesinos

Una de las primeras explicaciones propuestas para el asesinato lo relacionaba con la rebelión de los frisones contra Roma en el año 28 después de Cristo. El historiador romano Tácito describió en sus Anales un levantamiento provocado por el aumento de las exigencias tributarias impuestas a esta población. A partir de ese relato, algunos especialistas plantearon que el hombre encontrado en Velsen podía haber muerto durante aquellos disturbios. Sin embargo, Van Driel-Murray y Driessen advierten de que no existen pruebas arqueológicas suficientes para establecer esa conexión. También señalan que las fuentes antiguas sitúan la retirada romana de los territorios al norte del Rin alrededor de ese año, mientras que los hallazgos materiales sugieren que su presencia se prolongó durante más tiempo.

Los investigadores han examinado diferentes escenarios para explicar el crimen. Uno contempla que el soldado fuera asesinado por frisones durante un ataque al fuerte, quizá en el contexto de las tensiones fiscales descritas por Tácito. Otra posibilidad es que se tratara de un desertor ejecutado por las autoridades militares, mientras que una tercera hipótesis apunta a una represalia cometida por uno o varios habitantes de la zona. Driessen y Van Driel-Murray consideran más probable que el hombre fuera asesinado por sus propios compañeros como venganza por alguna conducta indebida. Sin embargo, reconocen que ninguna de estas explicaciones puede demostrarse de manera concluyente y defienden la necesidad de mantener abiertas distintas interpretaciones ante la ausencia de pruebas definitivas.

La investigación continuará más allá de la publicación de estos resultados. Los arqueólogos señalan que todavía existen numerosos restos humanos y materiales procedentes del asentamiento romano de Velsen que merecen ser estudiados y podrían aportar información sobre la historia de aquella comunidad. El esqueleto se conserva actualmente en los depósitos del Museo Nacional de Antigüedades de Leiden, institución que espera incorporar su historia a una futura exposición permanente dedicada a los Países Bajos durante el Imperio romano. El caso pone de manifiesto cómo la aplicación de nuevas técnicas científicas a hallazgos antiguos puede revelar detalles desconocidos sobre episodios de violencia, aunque la identidad de los responsables y las circunstancias concretas de este asesinato continúen siendo un misterio.