Una momia egipcia de hace 2.700 años revela un ingrediente vegetal hasta ahora no identificado en los embalsamamientos

Un cráneo momificado de unos 2.700 años de antigüedad ha permitido identificar compuestos asociados a una planta cuya presencia en los materiales de embalsamamiento del antiguo Egipto no se había acreditado hasta ahora mediante análisis moleculares: el aloe. El hallazgo procede de una investigación de la Universidad de Marburgo, en Alemania, que combina técnicas de análisis químico con el estudio de documentos históricos para examinar las sustancias empleadas en la conservación de los cadáveres.

Los resultados, publicados en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), constituyen la primera evidencia molecular de productos derivados del género Aloe en materiales relacionados con la momificación egipcia. Sin embargo, todavía no permiten establecer si su utilización era una práctica habitual o estaba limitada a determinados procedimientos funerarios.

La investigación, encabezada por Tim Berger y desarrollada por un equipo interdisciplinar, ha examinado 24 objetos procedentes de colecciones universitarias y museísticas, entre ellos restos humanos momificados, vendajes, residuos de embalsamamiento y preparados medicinales históricos. Uno de los ejemplares más relevantes es un cráneo conservado en la colección zoológica de la Universidad de Marburgo, cuya datación por radiocarbono lo sitúa en el siglo VIII antes de Cristo.

Los análisis identificaron en este resto y en un preparado farmacéutico del siglo XVIII procedente de la antigua farmacia Löwen, de Offenbach am Main, varias moléculas relacionadas con la aloína y las aloeresinas A y D. Su presencia respalda la identificación de sustancias derivadas de plantas del género Aloe en ambas muestras, aunque no permite determinar la especie vegetal concreta ni reconstruir con certeza su preparación original.

El descubrimiento amplía el conocimiento sobre los ingredientes empleados por los antiguos egipcios para preservar los cuerpos. Investigaciones químicas anteriores habían documentado resinas de coníferas y pistacho, alquitranes, aceites vegetales, grasas animales, cera de abeja y betún, además de otras resinas de origen vegetal, como el elemi y el dammar. Pese a estos avances, seguían existiendo interrogantes sobre las especies utilizadas y las diferencias entre las mezclas funerarias según la época, la región o la parte del cuerpo tratada.

El nuevo estudio aporta información sobre una materia prima que no había sido identificada molecularmente en este contexto, pero también establece una limitación: los compuestos asociados al aloe aparecieron únicamente en dos de los 24 objetos analizados, uno antiguo y otro farmacéutico. Por tanto, los resultados no demuestran que esta planta formara parte de las recetas de embalsamamiento de manera generalizada.

Una pista que conecta las momias con los textos antiguos

Para interpretar las evidencias químicas, los investigadores examinaron 41 fuentes escritas relacionadas con las prácticas funerarias egipcias y la historia de la farmacia. Entre los términos estudiados figura nḫ-jm.j, documentado en textos del segundo milenio antes de Cristo y cuya identificación botánica continúa siendo incierta. Algunas descripciones históricas de sus propiedades y aplicaciones sugieren que podría referirse al aloe o a un producto obtenido de esta planta. No obstante, los autores advierten de que todavía no existe una correspondencia definitiva.

La investigación también aborda una dificultad lingüística que ha condicionado la interpretación de los documentos históricos. Durante siglos, la palabra aloe no se utilizó exclusivamente para identificar plantas del género Aloe, sino que también podía designar otros materiales vegetales aromáticos, como la madera de agar, procedente de árboles del género Aquilaria. Esta ambigüedad dificulta establecer qué ingredientes describían exactamente determinadas fuentes antiguas. En las muestras examinadas, sin embargo, los perfiles moleculares identificados son compatibles con productos derivados del género Aloe y no con la madera de agar.

De los rituales funerarios a los remedios medievales

El hallazgo también resulta relevante para estudiar la llamada Mumia vera aegyptiaca, una sustancia medicinal utilizada en Europa durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna. Estos productos se obtenían de materiales procedentes de momias y de sustancias asociadas a su embalsamamiento, aunque su composición podía variar considerablemente. Algunas fuentes medievales ya relacionaban el aloe con este tipo de preparados, pero se había planteado que sus autores podían haber recurrido a interpretaciones de pasajes bíblicos después de que se perdieran conocimientos sobre las técnicas funerarias egipcias.

La detección de compuestos relacionados con el aloe tanto en un cráneo antiguo como en un preparado farmacéutico del siglo XVIII sugiere que esa asociación histórica podría tener fundamentos materiales anteriores a lo que se suponía. No obstante, las evidencias no permiten demostrar una transmisión continuada de recetas ni establecer que los fabricantes de remedios medievales conocieran directamente las prácticas de embalsamamiento egipcias.

Los científicos también han empleado técnicas de metabolómica para comparar numerosas moléculas presentes en las muestras y explorar posibles relaciones entre objetos conservados en museos. Mediante herramientas informáticas y métodos de análisis asistidos por aprendizaje automático, identificaron semejanzas químicas entre una cabeza momificada y una muestra de polvo catalogada por separado en el Museo Alemán de Farmacia de Heidelberg.

Los resultados sugieren que ambos materiales podrían compartir un origen o una vinculación histórica que no aparece documentada en los registros de la colección. Aunque esta coincidencia no demuestra por sí sola una procedencia común, pone de manifiesto la utilidad de los perfiles moleculares para investigar las relaciones entre piezas antiguas y reconstruir parte de su trayectoria cuando la documentación conservada resulta insuficiente.

Otra parte del estudio examinó la composición y las propiedades biológicas de determinados preparados medicinales históricos. Los análisis revelaron diferencias importantes entre las muestras, aunque varias contenían compuestos característicos de resinas de coníferas envejecidas. En experimentos realizados con cultivos celulares, un extracto de la colección medicinal Wigand, de Marburgo, mostró un efecto protector moderado frente al daño celular asociado al virus de la gripe.

Sin embargo, el principal compuesto aislado, el ácido 7-oxodeshidroabiético, no reprodujo esa actividad por separado, por lo que los investigadores no pudieron identificar qué componentes explicaban el resultado. Los ensayos tampoco demuestran que aquellos remedios previnieran o trataran eficazmente la gripe en seres humanos. Más allá de estas pruebas, la investigación muestra cómo la combinación de documentos históricos y análisis moleculares puede ayudar a identificar materias primas antiguas, revisar interpretaciones sobre su utilización y esclarecer la composición de objetos conservados durante siglos.