Las alas de las mariposas crean una ilusión óptica que hace fallar a sus depredadores
Cuando un pájaro va a por una mariposa para intentar atraparla, los resultados no son siempre los esperados. El fallo no siempre se debe a un mal cálculo o a un cambio repentino de trayectoria de la presa. A veces son los propios dibujos de las alas de las mariposas los que pueden generar ilusiones ópticas capaces de engañar a sus depredadores sobre la velocidad y la dirección en la que se desplazan.
Así lo revela un estudio liderado por investigadores de las universidades británicas de Exeter y Essex y publicado en la revista científica Nature. El trabajo aporta evidencias de que el movimiento de las alas y sus patrones de rayas y manchas actúan conjuntamente para generar señales visuales engañosas durante el vuelo, una estrategia que podría ayudar a explicar por qué resulta tan complicado capturar a estos insectos en movimiento.
El hallazgo ayuda además a resolver una aparente contradicción. Muchas mariposas presentan colores y dibujos muy llamativos que deberían convertirlas en objetivos fáciles de localizar. Sin embargo, son relativamente pocos los depredadores especializados en capturarlas mientras vuelan. Las polillas, por el contrario, son perseguidas en vuelo por una variedad mucho mayor de depredadores que utilizan la vista.
Paralelismo con los postes de las barberías
El secreto estaría en cómo el cerebro interpreta el movimiento. Las rayas y manchas de las alas interfieren en los cálculos visuales que permiten determinar hacia dónde y a qué velocidad se desplaza un objeto. El efecto se intensifica porque las alas cambian continuamente de posición al volar: se aproximan durante una parte del aleteo y vuelven a separarse después, modificando constantemente el ángulo de sus dibujos.
El mecanismo recuerda a la conocida “ilusión del poste de barbero”, provocada por los tradicionales postes cilíndricos con franjas diagonales rojas, azules y blancas de algunas barberías vintage. Aunque el poste gira sobre su eje, las rayas pueden dar la impresión de desplazarse verticalmente. En las mariposas ocurre algo parecido: la combinación entre el movimiento de las alas, sus patrones y una trayectoria de vuelo impredecible puede hacer que el depredador perciba un desplazamiento diferente del real.
El efecto resulta especialmente importante durante los últimos instantes de un ataque. George Hancock, investigador de la Universidad de Exeter, explica que las ilusiones interfieren en el sistema visual del depredador durante el “ataque balístico” final, cuando quedan apenas unas decenas de milisegundos y ya prácticamente no existe tiempo para corregir la trayectoria. El resultado es que el atacante puede fallar completamente o dirigir el golpe hacia una parte menos vulnerable, como el extremo posterior del ala.
Mariposas grabadas a cámara superlenta
Para comprobarlo, los investigadores utilizaron diferentes métodos. Primero grabaron mariposas reales despegando con cámaras capaces de registrar 1.000 fotogramas por segundo y analizaron posteriormente las imágenes mediante modelos informáticos de visión. En uno de los primeros vídeos procesados, el sistema detectaba señales de movimiento hacia abajo pese a que la mariposa estaba ascendiendo.
Después, el equipo estudió 757 tipos de mariposas correspondientes a 397 especies europeas para comprobar hasta qué punto estos patrones estaban extendidos. También recurrió a 100 voluntarios, que asumieron el papel de depredadores e intentaron atrapar mariposas virtuales mediante una pantalla táctil. Los diseños que generaban una mayor confusión provocaban errores en la dirección de los ataques, tal y como predecían los modelos.
Los científicos realizaron además una especie de experimento evolutivo digital. Mediante algoritmos generaron 57.600 patrones artificiales de alas y fueron seleccionando aquellos que producían una mayor confusión de movimiento. Los diseños resultantes terminaron mostrando características similares a las presentes en mariposas reales, lo que respalda la posibilidad de que la presión ejercida por los depredadores haya contribuido a moldear la apariencia de sus alas durante la evolución.
La investigación plantea así una función adicional para unos colores que tradicionalmente se han relacionado con estrategias como el camuflaje o las señales de advertencia. Cuando una mariposa está quieta puede intentar pasar desapercibida, pero al levantar el vuelo sus llamativos patrones pueden convertirse en una defensa completamente diferente: hacerse visible y, al mismo tiempo, conseguir que el depredador vea un movimiento que en realidad no existe.