Un diminuto sapo brasileño frenó una presa hidroeléctrica por primera vez y ahora afronta la amenaza del clima
Las zonas de muestreo dejaron de repartirse como antes cuando la crecida desplazó la vegetación y alteró los rincones usados por una población de sapos que solo vive junto al río Forqueta de Brasil. Durante dos jornadas de octubre de 2025, el equipo localizó 111 ejemplares adultos y juveniles, junto con renacuajos y parejas en amplexo, una señal de que el ciclo reproductivo seguía activo tras las inundaciones de 2024.
El seguimiento identifica cada ejemplar mediante sus dibujos abdominales
Según Mongabay, la expedición regresó casi año y medio después del mayor desastre climático registrado en Rio Grande do Sul para comprobar si Melanophryniscus admirabilis había sobrevivido. Michelle Abadie, bióloga que dirige la investigación, explicó que la cifra no era la mayor de la serie, aunque resultaba razonable porque la vegetación recuperaba el microhábitat y el cuadrante 24 había perdido su antigua concentración de individuos.
El trabajo reunió a Abadie con las biólogas Debora Bordignon, Karoline Zenato y Jaqueline Becker, integrantes del Laboratorio de Herpetología de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul. El tramo está dividido desde 2010 en 31 cuadrantes de 15 metros cuadrados, donde el grupo avanza con cuidado entre plantas ribereñas y fotografía el vientre de cada ejemplar.
Las manchas verdes de la zona abdominal permiten reconocerlos mediante un programa que compara imágenes almacenadas desde 2010 y ayuda a calcular la población anual. Abadie describe esos dibujos como constelaciones, mientras las macroglándulas que los forman liberan toxinas defensivas y actúan como una marca individual comparable a una huella dactilar.
El río Forqueta concentra el único refugio conocido de la especie
Descrita por la ciencia en 2006, esta especie de la familia Bufonidae tiene el tamaño de un pulgar, camina despacio y presenta el dorso verde sobre unas patas y un vientre coloreados. Esa apariencia advierte a los depredadores de que puede resultar tóxica o desagradable, un mecanismo llamado aposematismo que despierta interés entre traficantes y coleccionistas de fauna exótica.
Su reproducción depende de lluvias intensas seguidas de periodos soleados que calientan charcas temporales, por eso la mayor actividad aparece entre finales de agosto y comienzos de diciembre con temperaturas de 15 a 30 grados. Los machos bajan hacia la roca, llaman a las hembras y pueden intentar apartar al ejemplar que realiza el amplexo.
La única población conocida ocupa un pequeño sector del río, pese a que su cauce supera los 150 kilómetros, porque ningún otro punto reúne roca expuesta y un valle boscoso capaz de conservar la humedad necesaria para formar charcas efímeras. Esa dependencia agravó el golpe cuando el agua subió al menos 20 metros en 2024 y pudo arrastrar ejemplares en distintas fases de desarrollo.
Graziela Civa, vecina cuya familia arrienda la finca, informó sobre el enclave mientras Abadie permanecía aislada en su ciudad. Civa, considerada guardiana del animal, recordó que el paisaje quedó irreconocible y que la comunidad rural nunca había presenciado una lluvia semejante.
Las investigaciones frenaron una presa y refuerzan nuevas medidas
La amenaza de una presa ya había puesto a prueba esa fragilidad antes de la riada, cuando el organismo ambiental concedió en agosto de 2010 una licencia preliminar para una central situada a menos de 300 metros del hábitat. Los datos científicos ayudaron a declarar la especie en peligro crítico en 2013 y llevaron al Ministerio Público Federal a paralizar las obras en 2014.
Un estudio de la Agencia Nacional de Aguas y Saneamiento Básico calcula que el sur de Brasil podría registrar caudales máximos un 20% mayores y crecidas extremas hasta cinco veces más frecuentes. Las inundaciones de 2024 afectaron a unos 2,4 millones de personas en 478 municipios, una escala que obliga a prolongar la vigilancia del refugio.
El Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad ha incluido a la especie en el Plan Nacional de Acción para la Conservación de Especies Amenazadas, mientras el seguimiento mantendrá durante tres años la metodología aplicada desde 2010. El área fue reconocida en 2018 como zona internacional de importancia para la biodiversidad y sitio de la Alianza para la Extinción Cero, aunque carece de protección oficial.
La propuesta de ley 119/2024, presentada por el diputado estatal Matheus Gomes, pretende reconocer al sapito como patrimonio genético de Rio Grande do Sul. Su aprobación daría respaldo político a una conservación que depende de una finca privada y del turismo ligado a la cascada, dentro de un entorno amenazado por cultivos de tabaco y soja, además de plantaciones de eucalipto.