Un estudio propone una solución a la paradoja de Darwin sobre el éxito de las especies invasoras

¿Por qué algunas especies invasoras logran establecerse con éxito en nuevos ecosistemas mientras otras fracasan? La pregunta lleva más de siglo y medio dividiendo a los ecólogos desde que Charles Darwin formuló dos hipótesis aparentemente contradictorias para explicar ese fenómeno. Ahora, un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) propone una solución basada en un concepto relativamente reciente conocido como “diversidad oscura”, una herramienta que podría ayudar a reconciliar una de las controversias más persistentes de la ecología moderna.

La denominada paradoja de la naturalización de Darwin surge porque el naturalista británico planteó dos predicciones opuestas. Por un lado, una especie recién llegada tendría más probabilidades de prosperar si está estrechamente emparentada con las especies locales, ya que compartiría con ellas requisitos ambientales similares. Por otro, también argumentó que las especies más alejadas evolutivamente podrían tener ventaja al competir menos por los mismos recursos. Durante más de 160 años, numerosos estudios han respaldado una u otra explicación sin lograr resolver definitivamente cuándo se cumple cada una.

La clave está en las especies ausentes

El nuevo trabajo sostiene que la respuesta no se encuentra únicamente en las especies presentes en un ecosistema, sino también en aquellas que podrían vivir allí pero no lo hacen. Los investigadores denominan a este conjunto “diversidad oscura”. Junto con las especies observadas, esta diversidad oscura forma lo que se conoce como el conjunto regional de especies, es decir, todas aquellas para las que las condiciones ambientales son adecuadas aunque no estén presentes en un lugar determinado.

Este enfoque permite medir, además, la llamada “completitud de la comunidad”, que refleja qué proporción de las especies potencialmente capaces de ocupar un ecosistema está realmente presente. Según los autores, este indicador ofrece una visión mucho más completa del funcionamiento de las comunidades biológicas que la simple contabilización de las especies observadas, una métrica utilizada habitualmente en estudios sobre invasiones biológicas.

Para comprobarlo, el equipo analizó un conjunto de datos excepcional que recoge 340 años de introducciones de peces en 516 lagos suecos, incluyendo tanto intentos exitosos como fracasados. Esta información permitió evaluar con gran detalle qué factores favorecieron o dificultaron el establecimiento de especies exóticas en diferentes contextos ecológicos.

Los resultados mostraron que las dos hipótesis de Darwin pueden ser correctas, pero en circunstancias distintas. En los lagos con conjuntos potenciales de especies más reducidos y donde una gran parte de esas especies ya estaba presente, las especies exóticas estrechamente emparentadas con las nativas tuvieron más probabilidades de establecerse con éxito. En cambio, en los lagos capaces de albergar un mayor número de especies pero con una menor completitud ecológica, las especies más alejadas evolutivamente resultaron más exitosas.

Más allá de contar especies

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la riqueza de especies observada por sí sola no permitía detectar estos patrones. Los modelos basados únicamente en el número de especies presentes obtuvieron un respaldo considerablemente menor que aquellos que incorporaban información sobre diversidad oscura y completitud de la comunidad. Para los autores, esto demuestra que la capacidad potencial de un ecosistema es tan importante como su estado actual a la hora de entender los procesos de invasión biológica.

La investigación propone así un nuevo marco teórico para estudiar la distribución de las especies y la formación de comunidades ecológicas. Según los investigadores, integrar la diversidad oscura permite explicar por qué estudios anteriores llegaban a conclusiones aparentemente incompatibles sobre el papel del parentesco evolutivo en el éxito de las invasiones. En lugar de elegir entre una de las dos hipótesis de Darwin, el trabajo muestra que ambas pueden coexistir dependiendo de las características del ecosistema analizado.

Las implicaciones van más allá del debate académico. En un contexto marcado por el cambio climático, las alteraciones de los hábitats y la expansión de especies fuera de sus áreas naturales de distribución, disponer de herramientas más precisas para anticipar qué invasiones tienen más probabilidades de prosperar se ha convertido en una prioridad para la conservación. Los autores consideran que la diversidad oscura puede contribuir a mejorar esas predicciones y ofrecer nuevas formas de evaluar cómo responden los ecosistemas a los cambios ambientales que están transformando la biodiversidad mundial.