Miles de polillas cubren casas y coches en Australia: el sorprendente regreso de una especie en peligro
Miles de polillas han aparecido durante los últimos días en varios puntos de la zona sureste de Australia, donde algunos vecinos se han encontrado paredes, ventanas, viviendas y vehículos cubiertos completamente por estos pequeños insectos. Estas grandes concentraciones se están produciendo principalmente en la zona de Nueva Gales del Sur y forman parte de uno de los fenómenos migratorios más singulares del país.
Las protagonistas son las llamadas polillas bogong, una especie autóctona de Australia que cada primavera emprende un extraordinario viaje hacia los Alpes australianos. Aunque su aparición masiva pueda parecer una plaga, los científicos contemplan con interés lo sucedido este año: la especie sufrió un desplome poblacional de hasta el 99,5 % entre 2017 y 2019 y desde 2021 está considerada en peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Precisamente por eso, la gran presencia que se ha registardo este año resulta especialmente llamativa después de años de declive. No obstante, y pese al gran número de avistamientos durante esta migración, los investigadores consideran esperanzador el aumento aunque todavía creen que es pronto para confirmar una recuperación estable de la población.
Un viaje de cientos de kilómetros
Cada primavera austral, las polillas bogong dejan las zonas interiores donde se reproducen y comienzan un recorrido que puede alcanzar hasta 1.000 kilómetros para llegar a cuevas frescas de las montañas, donde pasan los meses más cálidos. Durante su desplazamiento pueden aprovechar las corrientes de aire para avanzar y las condiciones meteorológicas pueden modificar considerablemente sus rutas habituales.
Este año, unas condiciones más favorables y los fuertes vientos habrían contribuido a que numerosas polillas aparecieran en áreas urbanas y costeras. Las lluvias también pueden haber favorecido la disponibilidad de alimento durante sus primeras etapas de vida. En todo caso, los científicos necesitarán analizar qué ocurre durante las próximas temporadas antes de determinar si las poblaciones están realmente recuperándose.
Su capacidad para completar todo ese recorrido es todavía más sorprendente porque cada individuo realiza esta migración sin haber hecho antes el camino. Es decir, las nuevas generaciones emprenden el viaje cuando sus progenitores ya han muerto, por lo que no pueden aprender la ruta siguiéndolos. Para encontrar las montañas, estos insectos utilizan señales naturales que son extraordinariamente sofisticadas.
Las investigaciones han demostrado que las polillas bogong pueden orientarse utilizando el cielo nocturno y el campo magnético terrestre. Esa capacidad les permite mantener el rumbo durante sus desplazamientos nocturnos hasta alcanzar las zonas alpinas que tanto buscan. Tras pasar allí el verano, regresan hacia las regiones donde se reproducen antes de completar su ciclo vital.
Una especie clave para la fauna de la montaña
La recuperación de estas polillas tendría consecuencias que van mucho más allá de la propia especie. Durante mucho tiempo llegaron a las montañas australianas en cantidades enormes y constituyen una fuente de alimento fundamental para diferentes aves y mamíferos. Entre ellos se encuentra la amenazada zarigüeya pigmea de montaña, que depende especialmente de la llegada de estos insectos.
La abundancia actual recuerda, de hecho, a una época en la que las migraciones de la polilla bogong eran muchísimo mayores. Antes del gran declive se calculaba que miles de millones de ejemplares podían alcanzar los Alpes australianos cada año.
Pese a las molestias que puedan provocar cuando se acumulan alrededor de viviendas, los expertos piden que no se utilicen insecticidas para eliminarlas. También aconsejan apagar las luces exteriores que no sean necesarias durante la noche, ya que la contaminación lumínica puede desorientarlas, y facilitar que los ejemplares que entren en las casas puedan volver al exterior.