Este ratón no tiene problemas con las alturas: se ha adaptado y es capaz de sobrevivir por encima de los 6.000 metros

Durante la mayor parte del siglo XX, se creía que el mamífero que vivía a mayor altitud era la pica de orejas largas (Ochotona macrotis), una especie emparentada con los conejos que fue encontrada en las laderas de los Himalayas durante una expedición al Everest. Este pequeño roedor campaba a sus anchas a 6.130 metros de altura cuando los exploradores dieron con él en torno a 1920.

Todo cambió hace seis años, cuando un equipo de investigadores encontró una nueva especie capaz de desafiar los límites conocidos de la vida en la Tierra. En 2020, varios ejemplares del ratón orejudo andino (Phyllotis vaccarum) fueron localizados en la cima del volcán Llullaillaco, en la frontera entre Argentina y Chile, a 6.739 metros sobre el nivel del mar.

La pregunta fue inmediata. ¿Cómo puede un animal de apenas unos gramos sobrevivir en un ambiente donde el oxígeno escasea, las temperaturas permanecen bajo cero y los recursos para alimentarse son extremadamente limitados? Un estudio publicado recientemente en la revista Science ha intentado poner en pie una respuesta.

Una adaptación sin precedentes

A medida que aumenta la altitud, disminuye la presión atmosférica y, con ella, la cantidad de oxígeno disponible para los organismos. “Por ejemplo, a 5000 metros sobre el nivel del mar, la presión parcial de oxígeno, una medida de la disponibilidad de oxígeno en el aire, es solo la mitad que a nivel del mar”, explican los investigadores en el estudio.

Para un mamífero acostumbrado a vivir en zonas bajas, alcanzar esa altura supondría un esfuerzo enorme. Tendría que respirar mucho más rápido para obtener el mismo oxígeno, pero esa estrategia provocaría una pérdida excesiva de dióxido de carbono y alteraría el equilibrio químico de su sangre. Para adaptarse a esta situación, los ratones de los Andes han desarrollado distintas soluciones que han impresionado a los expertos.

Los resultados

Los investigadores compararon animales de gran altitud con otros de menor altitud y, tras el análisis, descubrieron que los ratones que vivían en las zonas más elevadas generaban significativamente más calor corporal y mostraban una mayor actividad tanto en sus músculos como en la grasa productora de calor.

El hallazgo resultó especialmente llamativo para los investigadores, que comprobaron que estos pequeños roedores consiguen mantener esta producción de calor utilizando principalmente grasas como fuente de energía, un combustible que requiere más oxígeno que, por ejemplo, los carbohidratos.

Además, el análisis genético mostró que la evolución ha moldeado en estos ratones varias capacidades relacionadas con su supervivencia en la montaña. Por ejemplo, han desarrollado cambios en su metabolismo, siendo capaces de desintoxicar compuestos vegetales que normalmente serían dañinos para ellos.

“A veces, nuestras suposiciones sobre los entornos más extremos en los que pueden vivir los animales pueden ponerse en duda”, compartió Grant McClelland, coautor del estudio. “La evolución tiene mucho margen para experimentar”.