Murcia recurre a hongos para hacer sus bosques más resistentes al cambio climático

La Región de Murcia ha puesto en marcha en el Parque Regional de Sierra Espuña un proyecto pionero de biotecnología forestal que utilizará hongos autóctonos para aumentar la resistencia de los bosques frente a la sequía y las altas temperaturas. La iniciativa pretende crear un banco de micorrizas, unos microorganismos que viven en simbiosis con las raíces de las plantas y que pueden mejorar su capacidad para absorber agua y nutrientes, aumentando así sus posibilidades de supervivencia en un escenario climático cada vez más adverso.

El proyecto está impulsado por la Consejería de Medio Ambiente, Industria, Universidades, Investigación y Mar Menor, a través de la Dirección General de Patrimonio Natural y Acción Climática, y surge en un contexto marcado por varios años consecutivos de sequía extrema y un aumento sostenido de las temperaturas. Estos dos factores dificultan la regeneración natural de los montes y complican las repoblaciones forestales, por lo que la administración apuesta por buscar y aplicar soluciones basadas en la naturaleza para reforzar los ecosistemas.

Un banco de hongos para fortalecer los bosques

El eje del proyecto consiste en estudiar y aprovechar hongos micorrícicos autóctonos, unos microorganismos que establecen una relación beneficiosa con las raíces de las plantas. Gracias a esta simbiosis, los árboles pueden captar con mayor eficacia agua y nutrientes esenciales del suelo, mientras aumentan su resistencia frente al estrés hídrico, la salinidad y otros efectos derivados del cambio climático.

Además de favorecer el crecimiento de la vegetación, estos hongos contribuyen a mejorar la estructura del suelo y a incrementar su biodiversidad microbiana, aspectos fundamentales para mantener ecosistemas forestales sanos y capaces de recuperarse tras episodios de sequía o degradación. En Sierra Espuña se han catalogado cerca de 200 especies de hongos, de las que aproximadamente un tercio son micorrícicas, una riqueza biológica que convierte al parque en un lugar idóneo para llevar a cabo esta investigación.

Primero se va a proceder a la recogida de muestras sobre el terreno, luego al aislamiento de hongos autóctonos en laboratorio, a la producción de un inóculo adaptado a las condiciones del parque y a su aplicación posterior en viveros forestales sobre las plantas destinadas a futuras repoblaciones. El objetivo no es únicamente plantar nuevos árboles, sino conseguir que sobrevivan en un clima cada vez más extremo y exigente.

Un modelo para otros territorios mediterráneos

La directora general de Patrimonio Natural y Acción Climática, Inmaculada Torres, ha subrayado que “este proyecto representa una nueva forma de gestionar los espacios naturales, más innovadora, más científica y más adaptada a la realidad climática de la Región de Murcia”. Asimismo, ha destacado que “Sierra Espuña vuelve a situarse como un espacio de referencia, no solo por su valor ambiental, sino por su capacidad para generar conocimiento útil para otros territorios mediterráneos que afrontan problemas similares de sequía, desertificación y pérdida de suelo fértil”.

Torres también ha insistido en que “frente a un escenario climático cada vez más exigente, no se trata solo de plantar más, sino de plantar mejor y con más garantías de supervivencia”, al tiempo que ha dejado claro que “la innovación ambiental permite aprovechar recursos presentes en la propia naturaleza para hacer que nuestros bosques sean más fuertes y estén mejor preparados ante el cambio climático”.

El desarrollo técnico del proyecto correrá a cargo del Departamento de Biología Vegetal de la Universidad de Murcia, especializado en microbiología del suelo, que será el encargado de garantizar el rigor científico de los trabajos. La iniciativa contará con una inversión de 14.561 euros, cofinanciada en un 60% por fondos FEDER, y tendrá una duración de seis meses. Además de mejorar la gestión forestal en Sierra Espuña, los responsables del proyecto confían en que los conocimientos obtenidos puedan aplicarse en otros territorios del arco mediterráneo afectados por la aridez, convirtiendo la experiencia murciana en un referente para afrontar los efectos del cambio climático sobre los bosques.