Un nuevo estudio reveló que los humanos de la Edad de Hielo preferían cazar mamuts hembra

Durante decenas de miles de años, los mamuts lanudos (Mammuthus primigenius) fueron una pieza clave en la supervivencia de las comunidades humanas que habitaron Eurasia durante la última glaciación. Su carne proporcionaba alimento, mientras que sus pieles ayudaban a soportar el frío extremo.

La relación entre ambas especies quedó reflejada en numerosos yacimientos arqueológicos, donde se han encontrado enormes acumulaciones de huesos de estos animales. Han sido precisamente estos huesos los que han permitido a un grupo de investigadores de la Universidad de Estocolmo llegar a una nueva conclusión sobre la relación entre los cazadores del Paleolítico Superior y estos mamíferos gigantes.

El estudio, publicado en la revista Current Biology, reveló que los restos de mamut asociados a la actividad humana están formados mayoritariamente por hembras, un patrón que no se observa en los depósitos naturales. Los investigadores concluyeron que los cazadores-recolectores de la Edad de Hielo explotaban preferentemente a los individuos femeninos.

La investigación y sus resultados

Para llegar a esta conclusión, el equipo analizó el ADN antiguo de 521 mamuts lanudos procedentes de Eurasia y Norteamérica, de los cuales 448 fueron secuenciados por primera vez. A partir de la información genética determinaron el sexo de cada individuo y compararon dos tipos de yacimientos diferentes.

Por un lado, analizaron los restos hallados en contextos naturales y dispersos y, por otro, se centraron en grandes acumulaciones de huesos con evidencias arqueológicas de actividad humana, como marcas de carnicería o puntas de proyectil incrustadas en los huesos. Los resultados mostraron una diferencia significativa que rápidamente les llamó la atención.

En los depósitos naturales predominaban claramente los machos, que representaban alrededor del 66,5% de los individuos analizados, mientras que las hembras suponían apenas el 33,5%. Los investigadores explican que este patrón concuerda con la idea de que los machos solían llevar una vida más solitaria y, por ello, tendrían una mayor probabilidad de morir en trampas naturales o accidentes donde sus restos acabarían conservándose durante miles de años.

En cambio, en las acumulaciones asociadas a la actividad humana cerca del 70% de los individuos eran hembras. “Resulta tentador suponer que los cazadores habrían atacado a las hembras por ser más pequeñas que los machos adultos, pero la realidad podría haber sido más compleja”, señaló Hannah M. Moots, investigadora postdoctoral del Centro de Paleogenética y autora principal del estudio. “Si los mamuts se comportaban como los elefantes modernos, las hembras que vivían en manadas matriarcales podrían haber tenido mecanismos de defensa grupales que habrían hecho que los encuentros fueran igual de arriesgados, o incluso más”.

Los expertos proponen entonces otra hipótesis que tiene que ver con el movimiento. “Una posibilidad es que las manadas lideradas por hembras se desplazaran por el territorio de forma más predecible que las de machos solitarios, lo que significa que los cazadores-recolectores del Paleolítico Superior podrían simplemente haberlas encontrado con mayor frecuencia, ya fuera para cazar o para carroñear”, compartió Moots.