Park Güell no fue para turistas: Gaudí lo diseñó como barrio de lujo y sus pabellones evocan Hänsel y Gretel
Según datos del Ayuntamiento de Barcelona, 4,5 millones de personas visitan cada año el Park Güell. Cifra que el consistorio quiere reducir en medio millón para finales del mandato (2027). Esta afluencia turística muestra como el recinto es uno de los grandes iconos turísticos de la capital catalana, aunque nunca fue concebido para recibir visitantes. Cuando Antoni Gaudí comenzó a trabajar en él a comienzos del siglo XX, su misión era muy distinta: diseñar una exclusiva urbanización para las élites barcelonesas. El proyecto, impulsado por el empresario Eusebi Güell, pretendía transformar una gran finca situada en la Montaña Pelada en un conjunto residencial rodeado de naturaleza, con vistas al mar y viviendas destinadas a familias acomodadas.
La iniciativa seguía el modelo de las ciudades jardín y de los parques residenciales británicos que triunfaban en Europa en aquella época. El plan contemplaba unas 60 parcelas distribuidas sobre un terreno de complicada orografía, con estrictas normas urbanísticas destinadas a preservar la privacidad y la calidad ambiental del conjunto. Solo podía edificarse una sexta parte de cada parcela y las futuras construcciones no debían impedir ni las vistas al mar ni la entrada de luz a las viviendas vecinas.
Las obras comenzaron en octubre de 1900 y avanzaron con rapidez. Buena parte de los elementos que hoy identifican al Park Güell formaban parte de la infraestructura necesaria para aquella urbanización de lujo: caminos, viaductos, escalinatas, sistemas de drenaje y espacios comunes. A comienzos de 1903 ya estaban terminados los pabellones de entrada, la escalinata principal y buena parte de las estructuras que articulaban el conjunto.
Los pabellones inspirados en Hänsel y Gretel
Precisamente esos pabellones de acceso son uno de los elementos más llamativos del recinto. Sus formas onduladas, los tejados cubiertos de cerámica y su aspecto fantástico han llevado a relacionarlos con las ilustraciones del cuento de Hänsel y Gretel. Aunque hoy funcionan como una de las imágenes más reconocibles del parque, originalmente constituían la puerta de entrada a una urbanización exclusiva que aspiraba a convertirse en una de las zonas residenciales más selectas de Barcelona.
Como en otras obras de Gaudí, la naturaleza desempeñó un papel central en el diseño. El arquitecto respetó buena parte de la vegetación existente, integró los caminos en el relieve del terreno y utilizó materiales que reforzaban la sensación de continuidad entre arquitectura y paisaje. Columnas que recuerdan troncos de árboles, viaductos que parecen surgir de la roca y estructuras adaptadas a la topografía muestran esa voluntad de construir sin romper el entorno natural.
La gran plaza elevada y el famoso banco ondulado revestido con trencadís también formaban parte de esa concepción integral del espacio. Nacieron como zonas comunes para los residentes de la urbanización y constituyen uno de los elementos más característicos del proyecto. El banco, diseñado para adaptarse a la forma del cuerpo humano, rodea una terraza desde la que se domina buena parte de la ciudad.
El fracaso de la urbanización
Sin embargo, el ambicioso proyecto inmobiliario nunca logró atraer a los compradores previstos. La ubicación, las dificultades de acceso y el carácter extremadamente exclusivo de la promoción limitaron el interés por las parcelas. De las 60 viviendas proyectadas solo llegaron a construirse dos. Una de ellas fue ocupada por el propio Antoni Gaudí a partir de 1906, mientras que Eusebi Güell se instaló en la antigua Casa Larrard, situada dentro de la finca.
El fracaso comercial acabó cambiando para siempre el destino del recinto. Las obras se abandonaron en 1914 y el espacio pasó a utilizarse como jardín privado para actos públicos. Tras la muerte de Güell, sus herederos vendieron la propiedad al Ayuntamiento de Barcelona, que la adquirió en 1922 y la abrió como parque municipal cuatro años después. Lo que nació como una exclusiva urbanización para una minoría terminó convirtiéndose en uno de los espacios públicos más emblemáticos de la ciudad y en una de las obras más célebres de Antoni Gaudí.