Pionero de la arqueología, la intuición de este vecino gaditano le llevó en 1793 a comprar unas tierras para luego descubrir todo un yacimiento romano
A finales del siglo XVIII, en la sierra de la provincia de Cádiz, un vecino y próspero agricultor de la localidad de Ubrique llamado Juan Vicente Vegazo protagonizó un episodio visionario en la historia arqueológica de nuestra geografía. Movido por una firme intuición personal y el ferviente deseo de comprobar si las ruinas ocultas en el cerro del Salto de la Mora albergaban una especie de Pompeya local, Vegazo adquirió las tierras en 1793. Guiado por un espíritu investigador genuino, inició excavaciones sistemáticas que se prolongaron hasta 1798. Su iniciativa lo convirtió en un gran pionero de la arqueología de campo.
Los trabajos promovidos por Vegazo sacaron a la luz imponentes restos arquitectónicos y testimonios epigráficos que permitieron rescatar la identidad de la antigua ciudad. Entre sus hallazgos destacaron dos inscripciones dedicadas a los emperadores Antonino Pío y Cómodo, revelando por primera vez el nombre del municipio: Ocuri. Aunque muchas esculturas y monedas se perdieron, el agricultor ubriqueño dejó constancia escrita de sus intervenciones. Gracias a su empeño, la historiografía pudo confirmar la existencia de un próspero enclave urbano en la cima de aquel cerro calizo.
Entre el conjunto monumental que emergió del yacimiento destaca el mausoleo, considerado el monumento funerario más relevante de su tipo en toda Andalucía. Construido extramuros de la ciudad siguiendo las estrictas leyes sanitarias del mundo romano, este recinto conserva nichos destinados a albergar urnas con cenizas de difuntos, junto a ofrendas familiares y estatuas. Su magnífico estado de conservación y la armonía de sus proporciones testimonian el nivel cultural de la comunidad que habitó la cima. Este mausoleo constituye la bienvenida ceremonial a un complejo urbano verdaderamente extraordinario.
El perímetro defensivo de la ciudad está marcado por su espectacular muralla ciclópea de origen ibérico, la cual experimentó continuas remodelaciones históricas. La estructura conserva imponentes lienzos erigidos a hueso, sin emplear mortero, combinados con hiladas de sillares moldurados de época cartaginesa y una puerta remodelada en época imperial. Tras el lienzo defensivo, la trama urbana albergaba grandes cisternas destinadas a la recogida de agua de lluvia, indispensables para la población. Estas infraestructuras hidráulicas ponen de manifiesto la elevada ingeniería urbanística de Ocuri.
En el sector más elevado del cerro se localizan los espacios representativos de la vida pública de la ciudad, articulados alrededor del foro romano. En esta vasta explanada se conservan vestigios de antiguas tabernas, viviendas, edificios públicos y elementos decorativos como pedestales, basas y capiteles. Coronando el recinto, las monumentales termas se erigen como un mirador excepcional proyectado sobre las cumbres de Grazalema. Las estructuras confirman que la ciudad alcanzó su máximo esplendor durante el siglo II d.C., consolidando una infraestructura refinada y monumental.
Conservación y reconocimiento
La investigación arqueológica ha determinado que la ciudad de Ocuri estuvo integrada en el conventus iuridicus gaditanus de la Bética durante el Alto Imperio. Las prospecciones han demostrado asimismo que el enclave tuvo sus orígenes al menos en el siglo VI a.C. con un asentamiento ibérico previo. La secuencia histórica del Salto de la Mora abarca desde la Edad del Bronce hasta la época de al-Ándalus, evidenciando una ocupación continuada. La posición estratégica permitía supervisar la ruta hacia Benaocaz, convirtiendo a Ocuri en un bastión geopolítico fundamental para toda la serranía.
En la actualidad, el valor patrimonial del enclave ha sido rescatado gracias a proyectos de conservación y a la creación de un centro de visitantes. El reconocimiento a la intuición de aquel vecino gaditano del siglo XVIII se formalizó el 28 de marzo de 2022, cuando la Junta de Andalucía inscribió a Ocuri como Bien de Interés Cultural. Hoy en día, las visitas guiadas permiten recorrer las calles empedradas que Juan Vegazo comenzó a desenterrar hace más de dos siglos. Su legado perdura intacto como un testimonio imperecedero del afán de descubrimiento y de la memoria histórica del patrimonio andaluz.