De planta hexagonal, este castillo servía para vigilar la ruta entre Ávila y Ciudad Rodrigo y alojó a Isabel I y a Carlos V
El municipio salmantino de Puente del Congosto alberga una joya patrimonial situada en la margen izquierda del río Tormes, paraje natural declarado como Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2006. En este histórico enclave sobresale la silueta de una fortaleza medieval cuyo origen se sitúa entre los siglos XII y XIII, erigida originalmente para vigilar la ruta que unía las ciudades de Ávila y Ciudad Rodrigo. Esta construcción militar, concebida para proteger el estratégico paso sobre las aguas, constituye junto con el puente un conjunto monumental singular que evoca el esplendor de épocas pasadas y que atrae actualmente a numerosos visitantes interesados en descubrir la riqueza y belleza de toda la comarca.
El imponente puente fortificado, que da nombre a esta villa de la provincia de Salamanca y que está cimentado sobre roca de granito, fue levantado por orden de los Reyes Católicos en 1500, consolidándose como una pieza de ingeniería fundamental. Esta estructura de trece arcos de medio punto con tajamares no solo facilitaba la comunicación, sino que servía como punto de control de pontazgo y paso obligatorio para los ganados que recorrían la Cañada Real Soriana Occidental en su camino hacia Extremadura. Del antiguo sistema defensivo que custodiaba este paso fluvial, que incluía dos robustas torres de vigilancia y una puerta lateral, todavía se conservan interesantes vestigios materiales que atestiguan el carácter militar y la enorme relevancia que tuvo esta histórica ruta.
La historia señorial de la villa se consolidó en 1393, cuando el rey Enrique III de Castilla otorgó el señorío del Puente del Congosto al noble Gil González Dávila, separando este territorio de la jurisdicción directa de Ávila. El nuevo señor impulsó la reconstrucción de la primitiva fortaleza defensiva, una obra que tras su fallecimiento fue completada con gran determinación por su viuda, doña Aldonza de Guzmán, hija del maestre de la influyente orden militar de Calatrava. Al fallecer doña Aldonza, las disputas sucesorias entre sus hijos por la valiosa herencia del señorío fueron resueltas por la intervención de los Reyes Católicos, quienes decidieron repartir las posesiones familiares de manera definitiva.
Desde la perspectiva arquitectónica, el castillo de los Dávila representa un magnífico ejemplo de arquitectura militar medieval basada en un sofisticado sistema de defensa escalonada por reductos que dificultaba el éxito de cualquier asalto enemigo. El atacante que lograba franquear el primer patio exterior de armas se encontraba de inmediato con una segunda línea defensiva, conformada por un potente cubo circular adosado a la torre principal y un muro de piedra que conectaba directamente con el camino de ronda. En caso de que esta barrera fuese superada por las tropas asaltantes, los defensores del castillo tenían la opción de retirarse de forma segura hacia el interior de la torre alzada, utilizando para ello un puente levadizo que cortaba toda comunicación.
La estructura exterior de la fortificación presenta un recinto de planta hexagonal irregular construido con sólida mampostería y esquinas reforzadas mediante sillares tallados de granito. Un paseo de ronda protegido recorre la parte superior de la muralla, mientras que un muro interior divide el espacio interior, aislando el patio de armas del resto de dependencias del castillo, que cuenta con una gran torre rectangular de tres plantas y azotea transitable. El conjunto se completa con un edificio y un gran cubo semicilíndrico adosado a la torre, el cual fue mandado construir por el duque de Alba en el siglo XVI para otorgar una mayor solidez defensiva y una singularidad estética que aún hoy lo caracteriza.
Destrozos y restauración
A lo largo de los siglos, este estratégico bastión salmantino funcionó como una destacada posada de reyes, albergando tras sus gruesos muros de piedra a las personalidades más influyentes de la historia de la península. Entre los ilustres huéspedes que se alojaron en sus estancias destaca la figura de la reina Isabel I de Castilla, quien pernoctó en la fortaleza durante sus viajes por el reino. Asimismo, el emperador Carlos V hizo uso de estas instalaciones militares y residenciales en su histórico y postrero viaje de retiro hacia el Monasterio de Yuste en Extremadura, consolidando el renombre de este castillo como un punto de descanso regio de primer orden en el trayecto que comunicaba la submeseta norte con el sur peninsular.
A pesar de sufrir gravísimos destrozos materiales a manos de las tropas francesas durante los enfrentamientos de la guerra de la Independencia, el castillo de los Dávila ha logrado sobrevivir al paso del tiempo de forma admirable. Tras pertenecer durante siglos a la poderosa Casa de Alba, el inmueble pasó por manos privadas hasta su adquisición en 1980, momento en que se inició una cuidada restauración. Declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico junto con el puente medieval, este monumento se conserva hoy en excelente estado, funcionando como residencia particular y espacio de eventos que mantiene vivo su valioso legado.