Qué es real en ‘El Castillo’: claves de la serie que retrata la explotación sexual en España
La trata de mujeres con fines de explotación sexual y el auge de la mafia proxeneta en España. Son las dos cuestiones sobre las que pivota El Castillo, la nueva serie de Movistar Plus. Durante seis episodios, el espectador se adentra en un thriller policíaco que retrata el funcionamiento de este negocio de nuestro país. Lo hace con crudeza y sin adornos: huyendo del morbo, presentando a las víctimas y retratando a los empresarios que se enriquecieron, a partir de los años 90, con el negocio de la prostitución.
El Castillo mezcla ficción con realidad. La serie de Isabel Peña, Eduardo Villanueva y Elena Martín Gimeno está basada en el libro de no ficción El proxeneta (2017) de Mabel Lozano, que cuenta el testimonio de El Músico, un chulo que acabó convertido en uno de proxenetas más poderosos de España y llegó a comprar a miles de mujeres vulnerables como si fueran mercancía.
Suizo, el personaje interpretado por Raúl Arévalo, no existió en la realidad. Sin embargo, este se inspira en un proxeneta real, como es el caso de El Músico. Según detalla Lozano en la sinopsis, este hombre pasó de portero de un club a los diecisiete años, donde conoció a sus dos futuros socios, a ser un todopoderoso jefe de la mafia y dueño de doce de los macroburdeles más importantes de España.
El Músico terminó convirtiéndose en un capo de una red organizada y sin escrúpulos con un único objetivo: exprimir sistemáticamente a mujeres de todo el mundo para que se prostituyeran y sacar de ello un rédito económico. Se calcula que manejó a más de 1.700 mujeres, incluidas menores. El proxeneta terminó confesando y fue condenado en sentencia firme.
La serie protagonizada por Raúl Arévalo, Valentina Vidal, Omar Ayuso y Laia Marull bebe de proxenetas como El Músico, pero también incluye otros elementos reales. Por ejemplo, en este thriller policíaco aparece el Polígono Marconi, una zona industrial situada en el distrito de Villaverde (al sur de Madrid) que durante décadas se ha considerado como sitio de esclavitud sexual y refugio de los puteros en nuestro país.
En El Castillo también aparece una precaria Unidad Central contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF), una unidad de la Policía Nacional perteneciente a la Comisaría General de Extranjería y Fronteras. No es una sección inventada. Existe en realidad y se encarga de investigar las redes de explotación sexual y laboral, perseguir a las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de personas y combatir la falsedad documental.
La historia de ‘El Castillo’
Pobreza en el país de origen. Un viaje pagado por un chulo. Falsa promesa de trabajo. Una mujer vulnerable que cree que va a ganar dinero para su familia, pero que termina atrapada en una deuda infinita, que nunca es capaz de saldar por mucho que ponga su cuerpo a la venta. La trampa perfecta y el negocio redondo para los proxenetas. Esa es la historia que se cuenta en El Castillo, pero que sigue repitiéndose en la realidad.
En el caso de la producción de Movistar Plus, todo parte de Gerardo Liesa, un joven inspector de policía recién incorporado a la UCRIF y su compañera Carmen Osés, que intuyen que algo está cambiando en los burdeles de toda España. Suizo y sus socios dirigen varios clubs de carretera donde explotan sexualmente a prostitutas llegadas de todo el mundo. Una de esas mujeres es Claudia, que con 18 años y un hijo pequeño en Colombia, acaba de llegar a España con la esperanza de encontrar un futuro mejor.