Reconstruyen el rostro de un hombre que vivió hace casi 2.000 años en la Escocia romana
¿Cómo era el rostro de una persona que vivió hace casi dos milenios? Un equipo internacional de expertos ha tratado de responder a esta pregunta mediante la reconstrucción facial de un hombre que habitó en la actual Escocia durante el siglo II d. C. Su imagen permite acercarse un poco más a un individuo del que, hasta ahora, solo teníamos sus restos óseos.
El trabajo, presentado por los Museos Nacionales de Escocia, se basa en una serie de técnicas científicas de vanguardia que han permitido no solo determinar la composición genética de este individuo, sino también acercarse a su origen geográfico e historia de vida. La reconstrucción ha sido realizada por el doctor Chris Rynn, especialista en reconstrucción facial.
El hombre en cuestión vivió en Inveresk, un asentamiento de la Escocia romana situado cerca de la actual Edimburgo, en una época en la que el Imperio romano mantenía su presencia en el norte de Britania. Los análisis apuntan que habría nacido en el sur de Gran Bretaña y que recorrió una distancia considerable antes de llegar a esta región fronteriza.
Los investigadores, además, estiman que murió entre los años 140 y 165 d. C., cuando tenía algo más de 50 años. “Esta reconstrucción facial combina la ciencia más avanzada con la visión artística para crear una conexión inmediata con el pasado. Nos ofrece un retrato vívido de cómo pudo ser su aspecto y de quién pudo haber sido”, explicó la doctora Jess Thompson, conservadora de osteoarqueología de los Museos Nacionales de Escocia.
Heridas y otros detalles
El esqueleto utilizado para la reconstrucción conservaba varias señales de problemas físicos importantes, entre las que destaca una fractura en la nariz que había sanado antes de su muerte. El hombre también tenía una lesión grave en el brazo derecho, posiblemente relacionada con una artritis séptica, una infección que habría afectado a la articulación del codo.
“Desconocemos su ocupación, pero sin duda no era soldado al morir, ya que no podía blandir una espada. El marcado desgaste de sus dientes frontales sugiere que compensaba esta movilidad reducida sujetando objetos entre ellos”, compartieron los investigadores a cargo del estudio.
La historia de este hombre, además, está ligada a un hallazgo arqueológico especialmente llamativo, pues figuraba entre los cuatro hombres adultos sepultados en Inveresk que habían sido decapitados tras su muerte. El rito de la decapitación post mortem no era infrecuente, “pero sus motivos son difíciles de determinar y probablemente cambiaron con el tiempo”, según los expertos. Entre las posibles explicaciones figuran el castigo, las creencias sobrenaturales y los rituales vinculados a las circunstancias de la muerte.