Huesos rotos bajo los suelos y dentro de hogares vikingos revelan una cara de la violencia que llevaba siglos oculta
Las expediciones de conquista vikingas podían terminar con el control prolongado de territorios que sus guerreros habían atacado previamente. Aquellos pueblos escandinavos desarrollaron una cultura guerrera en la que obtener riquezas, conquistar tierras y aumentar el prestigio de los caudillos constituían importantes incentivos para recurrir a la violencia.
Cuando una partida llegaba a una población, sus habitantes podían enfrentarse al saqueo de sus viviendas, la muerte de familiares o la captura de personas destinadas a la esclavitud. Los ataques también podían provocar incendios y obligar a los supervivientes a abandonar sus hogares, aunque las expediciones variaban considerablemente según sus objetivos y las defensas que encontraban.
La violencia afectaba también a las propias comunidades escandinavas
Esa violencia también afectaba a las comunidades escandinavas, como demuestra una investigación que ha identificado 19 lesiones traumáticas en restos de 12 personas. El proyecto internacional BODY-POLITICS examinó restos correspondientes a 192 individuos procedentes de 197 depósitos arqueológicos de Dinamarca, Noruega y Suecia, fechados aproximadamente entre el 500 a. C. y el 1100 d. C.
Los resultados, publicados en 2026 en Journal of Archaeological Method and Theory, indican que al menos ocho individuos sufrieron agresiones deliberadas y que seis pudieron morir por sus heridas.
Las lesiones de algunos adultos revelan que determinados habitantes de Escandinavia sobrevivieron a varios episodios violentos durante su vida. En Gammel Lejre, un importante asentamiento de la época vikinga, apareció un hombre de entre 30 y 35 años con tres heridas cicatrizadas en el cráneo. También presentaba una fractura de antebrazo compatible con un movimiento defensivo y una clavícula que había soldado incorrectamente. Los investigadores determinaron que sobrevivió durante semanas o meses al último golpe recibido en la cabeza.
Entre los hallazgos más inquietantes figura el cráneo de un niño de entre dos y cuatro años depositado bajo el suelo de una vivienda de Jutlandia. El fragmento apareció en Postgården VI, un asentamiento situado cerca de Aalborg, y presentaba lesiones compatibles con el impacto de un arma de filo.
Marianne Hem Eriksen, profesora investigadora del Museo Nacional de Dinamarca y responsable del proyecto, explicó a Videnskab.dk que “el cráneo del niño fue colocado en el suelo de una casa donde la gente siguió viviendo”. Los análisis también establecieron que el hueso era aproximadamente 200 años anterior a la construcción de aquella vivienda.
Otro cráneo descubierto en un pozo de Aarhus pertenecía a una mujer de entre 18 y 25 años que vivió durante la época vikinga. Los análisis genéticos permitieron identificar su sexo después de que sus características anatómicas hubieran sugerido inicialmente que pertenecía a un hombre. Presentaba una lesión cerca del ojo izquierdo compatible con un golpe de espada o hacha. El pozo estaba próximo a cuatro construcciones semienterradas posiblemente utilizadas para actividades textiles.
La interpretación de estas heridas exige cautela porque muchos individuos están representados únicamente por fragmentos óseos y algunas fracturas pueden deberse a accidentes. Los investigadores también encontraron señales de problemas dentales, articulaciones deterioradas y lesiones antiguas mal curadas, compatibles con condiciones de vida difíciles. La ausencia de otras partes del esqueleto impide determinar cuántas agresiones sufrieron realmente estas personas.
Las viviendas escandinavas conservaron restos humanos durante generaciones
Los cementerios tradicionales tampoco permiten reconstruir toda la violencia de aquellas sociedades, ya que numerosos cadáveres recibieron tratamientos funerarios diferentes. BODY-POLITICS estudió huesos encontrados en hogares, pozos y estructuras domésticas que habían quedado fuera de las investigaciones centradas en tumbas convencionales.
Phys.org destacó la utilización de técnicas osteológicas y análisis biomoleculares para examinar estos restos. Los autores advierten de que “no todas las víctimas de violencia del pasado fueron enterradas en cementerios formales”.
El tratamiento posterior de los cadáveres constituye otro aspecto de la investigación, porque algunos huesos fueron cortados o modificados antes de depositarse en edificios. Eriksen señaló al medio danés Videnskab.dk que estas prácticas también podían relacionarse con la protección de las viviendas o la conservación simbólica del poder de los antepasados.
La investigadora, citada asimismo por Gizmodo, subrayó que los descubrimientos amplían el conocimiento de las concepciones escandinavas sobre la muerte. Algunos restos permanecieron durante generaciones bajo los suelos de viviendas habitadas, como ocurrió con el cráneo infantil de Jutlandia.
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