eldiario.es

9

Síguenos:

Boletines

Boletines

Miguel Ángel Curiel

Miguel Ángel Curiel es poeta y ensayista. Su familia procede del norte de Extremadura, pero ha residido en Talavera de la Reina y en Lugo. Es autor de libros como 'El Agua', 'Luminarias' y 'Astillas', entre una extensa producción literaria.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 10

Aguas estancadas

En los últimos días he convertido el balcón en mi oficina. Tiré una pila de periódicos a la basura y metí dentro del apartamento las macetas con los cóleos y los geranios. 8m². Suficiente para estar sobre el aire y no caer. De frente las aguas estancadas del río en el Paredón de los frailes, negras con los ribetes azules del cielo roto, el blanco de las garzas sumergido como morfina que se diluye y el arrebol rosáceo de la nubes reflejadas. Patos negros saliendo de las aguas. El paseo fluvial de la Ronda vacío. Ahora se oye más que nunca el paso de los coches sobre el puente de hierro. Vibra la estructura, el sonido de los neumáticos en las juntas de dilatación, como dos almas que se tocan. Esa es la música que oigo.

¿Qué tienen estos días que no tienen otros?, se preguntaba Gustav Arnstein. Nada en particular, son días como los otros, y si son de primavera, sólo unos días de primavera más. Arnstein escribía una especie de diarios a los que llamó “Aguas estancadas”. Vivió en Viena durante cinco años encerrado sin salir de un apartamento de apenas 60m² en Leopoldstadt. Desde una de las ventanas  Arnstein saltó al Danuvio durante una redada de la Gestapo y ya nunca más se le volvió a ver. Este tipo no existió más que en un libro que a la vez no existió, pero pudo haber existido más allá de un libro que nunca se escribió.

Seguir leyendo »

Diario de una cuarentena

A Mamá

26 de marzo. Leo el poema de Jaime Gil de Biedma, pandémica y celeste, la cita previa de Catulo, sin duda lo mejor de toda la retahíla. “Quam magnus numerus Libyssae arenae aut quam sidera multa, cum tacet nox, furtiuos hominum uident amores”, Catulo, VII.

Seguir leyendo »

Río abajo

Este tiempo en una cascada, debajo de ella no oyes más que la cascada, si se secara el riachuelo oirías sólo tu respiración, el mundo, y el sonido que en la memoria dejó la cascada. El problema es el lenguaje, el lenguaje nos ha vuelto locos. Los silenciosos están llenos de lenguaje. Nunca sabes quién te dirá la verdad. La gran verdad no existe, porque siempre la verdad es una pequeña verdad entreverada, mezclada y trufada de realidad. La falta de información es información y la sobreinformación es carencia de información.

Sé poco, pero lo que sé en verdad lo sé, y no quiero saber mucho más. Veo el río desde la ventana del apartamento de la Ronda, necesito verlo todos los días para estar en contacto con el mundo. En el balcón leo al sol 'El libro del agua' de Leonardo da Vinci; quien me regaló esta maravilla en tiempos de incertidumbre se merece el mundo. "Del agua en sí. Del mar. De los ríos subterráneos. De los ríos. De los distintos estados de los fondos. De los obstáculos. De la gravilla. De las cosas que allí se mueven. Del cuidado de los ríos. De los canales. De las máquinas movidas por el agua. De la crecida del agua. De las cosas que consumen el agua". De esto trata.

Seguir leyendo »

Punto limpio

Cuando A.E. se inventó la noticia de mi muerte yo ya estaba muy lejos de L. remontando el río. Había llegado a casa desde Navalmoral en un taxi negro. T. a las nueve de la mañana un día de febrero.

Me persigno, hoy es Santa Photina, la soñadora que iluminaba el agua y la patrona de los fotógrafos. Una vez me dio de beber un Dry Martini y me fotografió desnudo sin permiso en la habitación de un hotel de Aveiro. Quizás las postales fluviales más bellas en T. se capten en febrero. La luz es limpia y ligera como una seda de aire.

Seguir leyendo »

Aporías de enero

1 de enero de 2020, y la voz interior te dice, desapréndelo todo. Regresa, vadea todos estos años, deshazte en la corriente y diluye todos los pesados pensamientos en las aguas del río. Apenas quince kilómetros aguas abajo de T. y el río parece venir de otro lugar. Todo cambia de perspectiva desde aquí, siguiendo las aguas, al fondo entre la ligera bruma el San Vicente, la montaña totémica. El pueblo, H. en la orilla aún somnoliento. No se ve a nadie.

Un año comienza puro, limpio, cerramos los ojos y sólo vemos el sol. ¿Pero qué dice la verdad? ¿Qué nos susurra al oído de hielo el tiempo? Por un momento las aguas parecen limpias, patos negros se reflejan en las aguas donde el cielo disuelve su morfina blanca. Esto quita el dolor; al otro lado el color de cobre de los árboles invernales y los carrizos. De pronto, desde la otra orilla alguien con una traje de neopreno se lanza al agua y comienza a nadar hacia aquí. Un baño ritual de año nuevo, y te preguntas: ¿Tendrá frío? ¿Saldrá de las aguas limpio y purificado?

Seguir leyendo »

Berlin ma non troppo

Habría que haberle cambiado el nombre a B., y así mismo el nombre de todo lo que allí había, hasta el de los muertos. El exorcismo ha sido de dimensiones planetarias, y lo ejercen a cada día cientos de performers frente a un muro de papel que cada noche se quema junto a las heridas cerradas de la ciudad. Yo la hubiera llamado Narbe, y al Spree también Narbe, que significa cicatriz en alemán, a todo lo habría llamado Narbe. El Spree es una cicatriz hacia el Havel, por cada país que haya pasado cambia de nombre. El Spréva, que significa juerga.

El río lento, o más que un río una sucesión de canales que convergen y divergen. El llamado hilo azul, es en realidad un curso de aguas negras deshilachadas. El río más lento del mundo, está quieto como una cicatriz de agua, y las estelas de las barcazas son la escritura de la historia del miedo. Hay tantos rostros sumergidos en el Spree de cara al cielo, rostros desencajados con muecas de hielo. Eso ves si afinas en las aguas. Lucien Stern dice que el Spree es el único río del mundo que va a contracorriente, y que los barquitos de papel en los que se ha escrito una vida se hunden por el peso ingente de las palabras.

Seguir leyendo »

En el país de los cien ríos

Unos días antes de salir hacia Cuacos de Yuste llegó a T. desde Hospitalet una postal de A.G. con una inscripción. –Al albur de un soplo de aire Sierra de Peloche en la Apertura de la Hoz, Cantos Negros en La Borera, Las barbas de Oro de la Consolación–.

Al final con letra minúscula decía debajo “Dejo C. allí han comenzado a tratarme como a un judío ” A. G. ya habrá bajado a Badajoz, a La Serena, a su pueblo llamado Peñalsordo, a las orillas del Zújar, o Sujaira, río de las penas en árabe, que ahora irá seco. Ya desde Cuacos, unos días antes del 1 de noviembre, le mandé una postal como acuse de recibo a su vieja dirección del Carrer dels Banys Nous en Barcelona. En algún momento se cruzarían las palabras inscritas en el papel en algún lugar del espacio, pero no creo que me oiga en Peñalsordo por mucho que grite desde aquí.

Seguir leyendo »

Sequía

El verano eterno en T. podría ser el título de un libro que nunca se va a escribir. Primeros días de octubre, mes de Tishrei, año 5780, año nuevo judío, Rosch Hashaná, literalmente "cabeza de año". 4 de octubre de 2019, a las afueras de T. en las huertas del camino viejo de Mejorada.

Bajo una higuera centenaria, al lado de la acequia V del canal general del Alberche, más allá de la Fábrica de tomate. Enfrente un campo con grandes placas solares. Un rebaño de ovejas pasta hierba a la sombra de las estructuras de silicio cristalino, los cardos resecos crujen en el aire, en tus sienes las palabras de nuestro tiempo se desmoronan dentro del tapial. Todo está seco y el pozo del lenguaje envenenado. El pastor marroquí sentado a la sombra del tapial de la granja de energía solar se cubre toda la cabeza y la cara con una gasa blanca. La gasa permite respirar y hablar a través de ella. Ver a través de la gasa es más difícil, a lo sumo te sientes rodeado de luz, una luz que te comprime los ojos, bajo los párpados arde la incandescencia de un verano eterno.

Seguir leyendo »

Septiembre (I)

Este artículo debería haber sido escrito debajo de un árbol y no postrado en una cama de hospital. Las noches son eternas, los días no tienen final. El techo se convierte en una pantalla ideal donde proyectar alucinaciones y recuerdos. El blanco de los hospitales es el blanco perfecto, white². Elevar una palabra al cuadrado o un color hasta que revienta en una luz irisada e irradia el miedo hasta diseminarlo en los otros. En los hospitales una mezcla extraña de miedo y alegría. De noche la luz nocturna refleja el agua y todo se mece en el techo. En la mesilla el Amyntas de André Gide.

Nunca deberíamos comparar el momento que vivimos con ningún otro anterior, la felicidad no existe a partir de ese retrotraerse. Nunca supimos gozar de ningún momento por compararlo siempre con los momentos que habían de llegar. Si la felicidad existe es ahora y para siempre, no había experiencia de ella, por eso siempre es virgen. No sé cómo le iba a decir esto a ese hombre que compartía habitación y se recuperaba de una herida de asta de toro. Para calmarlo por la noche hablaba a oscuras. Estamos en zona inundable, pero nunca más volverá a llover, y cuando vuelva a hacerlo, no dejará de llover.

Seguir leyendo »

El veraneante (II)

Este agosto en Alvalade, en el apartamento de la Henrique Cardoso que me ha prestado V.A. Dejé T. el 1 de agosto. Viajé a Lisboa en un autobús de color pistacho. T. vuelve a estar comunicado con Lisboa después de mucho tiempo con una línea de autobuses de color pistacho que viene desde París. Al cruzar el río por el Vasco de Gama, la misma sensación de siempre, la nulidad y el asombro, la luz restañada, y los barquitos de papel meciéndose en las plata de las aguas. Unas vacaciones indefinidas, vacaciones de mí mismo y contra mí mismo.

El misterio de una casa que te dejan es que todo debe quedar como si no hubieras estado allí, y que tu presencia sólo deje una imprecisa y rara huella. De la misma forma te dejan la ciudad, y de ti en ella no debe quedar más que la sombra de un fantasma que vaga por las calles sin buscar nada, y sin nada que llevarte de ella, cuando te marches no quedará estigma o culpa de tu presencia, y sí la idea de que tarde o temprano volverás cuando te llame. Te la prestan para que la vivas con una normalidad extraña, espúrea e insignificante.

Seguir leyendo »