Ni dientes ni carne: el sorprendente hallazgo sobre un dinosaurio que vivió hace 66 millones de años

Infernogallus jamesi (VP ROM 65050)

Ada Sanuy

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Un equipo internacional de paleontólogos ha identificado una nueva especie de dinosaurio que vivió en Norteamérica durante la última etapa del Cretácico y cuya alimentación pudo incluir una elevada proporción de frutos carnosos. Bautizado como Infernogallus jamesi, este pequeño terópodo carecía de dientes y presentaba una mandíbula adaptada para desplazarse hacia delante y hacia atrás, un mecanismo que le habría permitido procesar alimentos vegetales blandos. El descubrimiento, publicado en la revista científica Nature Communications, aporta nuevas evidencias sobre la especialización alimentaria de los dinosaurios herbívoros y permite explorar su posible relación evolutiva con la diversificación de las plantas con flores.

Los fósiles proceden de la formación geológica de Hell Creek, en Estados Unidos, conocida por conservar restos de dinosaurios que habitaron la región antes de la extinción masiva de hace aproximadamente 66 millones de años. Infernogallus jamesi pertenecía a los cenagnátidos, un grupo de ovirraptorosaurios caracterizado por sus mandíbulas desdentadas y extremidades alargadas. Los investigadores estiman que pesaba alrededor de 12 kilogramos, con un margen de entre 9 y 15 kilos, lo que lo convierte en un representante especialmente pequeño de su grupo. El análisis microscópico de sus huesos indica que había alcanzado la madurez esquelética y tenía al menos seis años cuando murió, aunque probablemente había cumplido siete.

La relevancia del hallazgo reside principalmente en el estado de conservación del cráneo. Hasta ahora, el registro fósil de los cenagnátidos estaba formado en gran medida por huesos aislados y esqueletos incompletos que dificultaban reconstruir el funcionamiento de sus mandíbulas. El nuevo ejemplar conserva el primer cráneo prácticamente completo y articulado conocido de este grupo, junto con vértebras y partes de las extremidades. Esta conservación excepcional ha permitido examinar estructuras anatómicas que hasta ahora apenas podían estudiarse y reconstruir la disposición de los músculos implicados en la alimentación.

Infernogallus jamesi (VP ROM 65050)

Una mandíbula adaptada para procesar alimentos blandos

El análisis anatómico muestra que Infernogallus jamesi tenía una organización muscular poco habitual entre los dinosaurios terópodos no avianos. Mientras que en muchos de estos animales los músculos mandibulares favorecían los movimientos verticales y las mordeduras potentes, en esta especie presentaban una orientación que facilitaba el desplazamiento longitudinal de la mandíbula. Mediante una reconstrucción virtual de la articulación, los investigadores calcularon que la parte inferior de la boca podía desplazarse hasta unos 15 milímetros hacia delante y hacia atrás, una distancia equivalente aproximadamente al 14% de la longitud del cráneo. Se trata, no obstante, de una estimación biomecánica, ya que los tejidos blandos que condicionaban el movimiento real no se han conservado.

Esta movilidad se combinaba con un sistema de crestas y surcos presentes en las superficies de contacto de la mandíbula y el paladar. Al deslizarse unas sobre otras, estas estructuras habrían permitido cortar, aplastar y desmenuzar alimentos relativamente blandos mediante un mecanismo comparable al de un mortero. Los científicos también identificaron marcas óseas compatibles con una lengua potente y móvil, que podría haber ayudado a colocar los alimentos dentro de la boca. En cambio, la disposición de los músculos indica que la fuerza de mordida vertical era relativamente reducida, una característica poco adecuada para procesar vegetación muy fibrosa o materiales resistentes, como semillas duras.

Para interpretar estas adaptaciones, los investigadores compararon la anatomía del dinosaurio con la de diferentes animales actuales, especialmente aves y tortugas. Una de las semejanzas funcionales más destacadas apareció en el loro de Pesquet (Psittrichas fulgidus), una especie especializada en consumir frutos. Esta ave utiliza su aparato bucal para procesar la pulpa y descartar las semillas, en lugar de romperlas para alimentarse de su interior. Los autores consideran que Infernogallus jamesi pudo presentar un comportamiento semejante, aunque también señalan que otros materiales vegetales blandos probablemente formaban parte de su alimentación. La propuesta se basa en las características anatómicas y funcionales del cráneo, no en la identificación directa de los alimentos que consumió.

Anatomía craneal de Infernogallus jamesi gen. et. sp. nov.

Una posible relación con la evolución de las plantas con flores

El estudio también analiza la evolución de los cenagnátidos en relación con la aparición y diversificación de los frutos de las angiospermas, el grupo de plantas que producen flores. Los modelos evolutivos sitúan el origen de este linaje de dinosaurios durante el Aptiense y el Albiense, poco después de la aparición de los primeros frutos. Asimismo, las adaptaciones mandibulares más especializadas de algunos de sus representantes surgieron en un periodo próximo al aumento del tamaño y la diversidad de los frutos carnosos durante el Cretácico. Esta coincidencia temporal, considerada junto con las evidencias anatómicas, respalda la hipótesis de que estos animales aprovecharon recursos vegetales que se estaban diversificando, aunque no permite demostrar una relación directa de causa y efecto entre ambos procesos.

El descubrimiento también plantea interrogantes sobre la desaparición de estos dinosaurios al final del Cretácico. Pese a su reducido tamaño y a presentar algunas características comparables con las de las aves que sobrevivieron a aquella extinción, Infernogallus jamesi pertenecía a un linaje que no logró superar la crisis. Los autores sugieren que una alimentación muy especializada, posiblemente dependiente en buena medida de la pulpa de frutos disponibles de forma estacional o irregular, pudo representar una desventaja frente a animales capaces de aprovechar recursos más persistentes, como las semillas. Sin embargo, esta explicación continúa siendo una hipótesis y no demuestra por qué desaparecieron los cenagnátidos. El estudio destaca así la diversidad de estrategias alimentarias que existían entre los últimos dinosaurios no avianos y la complejidad de las relaciones entre estos animales y la vegetación de su época.

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