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Nicolás Sartorius

Abogado y escritor, es vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas. Pasó varios años en la cárcel durante la dictadura franquista por su actividad política y sindical. Fue cofundador de las CC.OO; diputado hasta 1993. Participó en las negociaciones sociales y políticas durante la Transición a la Democracia. Es autor de varios ensayos como “El resurgir del movimiento obrero”; “El sindicalismo de nuevo tipo”; “Un nuevo proyecto político; “Carta a un escéptico sobre los partidos políticos”; “La memoria insumisa: sobre la dictadura de Franco”; ”El Final de la Dictadura: La conquista de la libertad en España”; el trabajo colectivo “Una nueva Globalización: propuestas para el debate” y “Siempre en la Izquierda”.

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Remedios globales para evitar la destrucción del medio ambiente

I.-La Fundación Alternativas presenta este miércoles su II Informe de Sostenibilidad, en el que plantea que es conveniente pasar a la acción, sin más demora, si queremos evitar situaciones catastróficas. Los datos son concluyentes. En 40 años hemos doblado las emisiones de carbono, dentro de unos años habrá más plásticos que peces en los mares, con la desaparición de miles de especies marinas; la energía sigue dependiendo de materias fósiles y siete millones de personas mueren al año por contaminación. Los desórdenes atmosféricos se suceden, amenazando territorios y millones de personas. Es como si la madre naturaleza protestara o castigara los despropósitos de sus descarriados hijos, los humanos.

II.- La reacción ante tamaña amenaza está siendo lenta, desigual y, en general, errática. No guarda proporción con lo que nos estamos jugando: la supervivencia de la especie humana y del conjunto del ecosistema. Es cierto que los Acuerdos de París han sido un paso adelante, pero su naturaleza no vinculante y, en especial, no sancionable hace aleatorio su cumplimiento. De momento las declaraciones y/o posición del presidente Trump en la reunión del G-7 en Taormina son demoledoras. ¿Qué ocurrirá si el país más contaminante del mundo por persona decide descolgarse de esos acuerdos? ¿Le seguirán otros bajo el supuesto argumento de que de lo contrario pierden competitividad?

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Colombia, ¿están amenazados los acuerdos de paz?

I.- Después de una intensa semana en Bogotá, de múltiples reuniones con partidos políticos, fuerzas sociales, congresistas, incluyendo representantes de las FARC, llego a la conclusión de que hay voluntad, y necesidad, de que se cumpla lo pactado en la Habana pero, también, de que existen poderosos enemigos de la paz. Terminar con 52 años de conflicto armado no es nada fácil sobre todo cuando fracasaron los numerosos intentos anteriores. Colombia sigue siendo un país en vías de desarrollo, con una renta por habitante un poco por encima de 6000 euros, uno de los más desiguales de América Latina que, a su vez, es la región más desigual del mundo. Si nos fijamos en las zonas agrarias, donde vive casi la mitad de la población del país, la desigualdad es abismal, –con un índice de Gini del 0,90– casi desigualdad absoluta. Para hacernos una idea más precisa tenemos que partir de que los predios de más de 500 hectáreas, en manos del 1% de los propietarios, suponen el 41% de la tierra, mientras más del 60% de la población campesina malvive por debajo del umbral de la pobreza. Saqué, pues, la conclusión de que éste es el problema histórico de Colombia, el probable origen de su violencia endémica y mientras no se resuelva poco se habrá avanzado.

II.- Sin duda, durante los últimos años, la situación ha mejorado, especialmente en las áreas urbanas. Un 10% ha salido de la pobreza extrema y, a partir de los acuerdos de paz, los muertos por actos violentos y los secuestros han descendido de manera considerable. Pero no han desaparecido del todo. En una memorable sesión de la Comisión de Paz del Congreso de la República, representantes de los partidos defensores de los Acuerdos realizaron un duro alegato, con profusión de pruebas, sobre la actuación de los grupos paramilitares que siguen asesinando a líderes de las comunidades campesinas con la probable intención de que no se puedan presentar a las futuras elecciones. Acusación que el Gobierno niega aunque la realidad es tozuda. Representantes campesinos, que fueron llamados a declarar en la sesión, habían obtenido vídeos que demostraban de manera indubitable la actuación de los paramilitares. Esta situación se mantiene por el hecho insólito de que extensas áreas del país, abandonadas por las FARC como resultados de los acuerdos de paz, no han sido ocupadas por el Estado colombiano, Ejército o Policía, sino por diversos cárteles de la droga, bandas de diferente pelaje y para militares, quedando así las comunidades campesinas más desprotegidas que antes. Prueba de la debilidad del Estado, otro mal endémico del país, si bien las FF.AA. colombianas son las segundas más numerosas de América Latina, con un coste cercano al 4% del PIB.

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Trump. ¿Por qué? y ¿ahora qué?

I.- Vivimos en unos momentos en que gana quien se supone que tiene que perder. El Brexit en Gran Bretaña, Donald Trump en los EE.UU; los partidarios del NO en el referendo por la paz en Colombia....Vamos de sorpresa en sorpresa y si seguimos así a lo mejor pierde Renzi en Italia la reforma constitucional y acaba ganando Le Pen las elecciones en Francia. Pero, ¿ por qué tanta sorpresa?. Quizá, porque demasiada gente- los medios, las élites, lo “establecido”, trampean haciendo solitarios. No es tan extraño lo que está pasando aunque no sea fácil explicarlo en pocas líneas. El hecho cierto es que la globalización es un fenómeno objetivo producto de los rápidos avances de la ciencia y la técnica- luchar contra ella es inútil- que está dirigida, en lo esencial, en el interés de las grandes corporaciones multinacionales, que la política democrática no controla inmersa, todavía, en los estados nacionales. Esta mundialización se está produciendo, como ya dijeron los clásicos, con una creciente concentración del capital que en momentos de crisis se acelera y con un aumento espectacular de la desigualdad relativa. Por ejemplo, en los EE.UU el 1% de los más pudientes han concentrado más del 50% de los ingresos generados en los últimos 20 años. Esto coincide con un fenómenos de fuertes corrientes migratorias/refugiados de origen diverso como pobreza, guerras, terrorismo que se dirigen, como es lógico, hacía las zonas más ricas- Europa, EE.UU, principalmente. Si añadimos que contamos con líderes “pigmeos” ante los retos gigantes que tenemos que afrontar, pues siguen utilizando códigos que ya no sirven para nuestra época, tendremos el cuadro que explica bastante las sorpresas.

II.- En momentos así, parecidos a los de los años 30 del siglo pasado,siempre surgen populistas, demagogos que con frases simples ante temas complejos consiguen encandilar a millones de personas, incluso mayorías, que no entienden lo que les está pasando, solamente que cada vez están peor y quieren regresar a los viejos/buenos tiempos sin darse cuenta de que eso ya no es posible. Se arremete contra la globalización, contra los emigrantes, contra “ los de arriba” como antaño se arremetía contra los judíos, el tratado de Versalles o los “ comunistas”, aunque esperemos que sin las mismas consecuencias. En este caldo germinan de nuevo los nacionalismos, el racismo, la xenofobia etc. Trump ha ganado con este mensaje, parecido al del Brexit en Gran Bretaña y el que utiliza Le Pen en Francia o los gobernantes húngaros, polacos y los de alternativa por Alemania. Ahora, el nuevo Presidente americano parece que modera su lenguaje pero mantiene dos propuestas que, en mi opinión, son las más peligrosas. Una es la del proteccionismo económico a la antigua usanza. En las condiciones actuales esto puede conducir a una “guerra económica” que podría terminar en conflictos de otro tipo. La segunda, es el ataque a los emigrantes que, supuestamente, ponen en cuestión la supremacía blanca. Esta deriva puede conducir a enfrentamientos internos y a formas autoritarias de ejercer el poder, que ya veremos hasta donde llega. No debemos olvidar que la sociedad americana siempre ha tenido amplios sectores con tendencias racistas y a las personas de color no se les han reconocido sus derechos civiles hasta bien avanzados los años 60. Donald Trump ha hecho declaraciones inquietantes en este sentido, es un millonario de negocios locales, nada cosmopolita, de mentalidad anti ilustrada que regala los oídos de los trabajadores y clases medias blancas con promesas falsas y lanza improperios contra Wall Street cuando en realidad es un exponente del capitalismo más agresivo que se jacta de no pagar impuestos.

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La contradicción principal

I. En esta época de incertezas e incertidumbres en que los sistemas de ideas parecen haberse desplomados con estrépito, se va imponiendo una realidad que, al margen de las creencias religiosas de cada cual, resulta incontrovertible. Los seres humanos somos parte de la naturaleza, es más somos naturaleza y, no obstante, los ataques brutales que ésta sufre todos los día, y de las que somos pacientes y testigos, no se consideran atentados contra los derechos humanos, ni están recogidos en las solemnes declaraciones de derechos del hombre y del ciudadano, ni en los casos más graves se califican de crímenes contra la humanidad. Todo lo más, en los supuestos más perniciosos, de carácter individual, se tipifican como faltas o delitos de derecho común a los que se aplican penas menores en relación a la gravedad de los hechos. Sin embargo, todos aquellos actos de comisión colectiva, por grupos humanos o empresas, permanecen impunes o, todo lo más, se les aplican multas dinerarias que salen rentables en proporción al beneficio inmediato obtenido mediante la contravención cometida. O en el mejor de los casos, se eluden responsabilidades por medio del irracional sistema  de la compraventa de bonos de carbono, basado en el principio de contamina lo que quieras siempre que pagues.

II. Un ejemplo concreto de lo que decimos está sucediendo estos días calurosos de verano con los trágicos incendios, la mayoría provocados, que asolan España y que se repiten todos los años, con mayor o menor intensidad. 53 mil hectáreas calcinadas en lo que llevamos de año, en zonas de alto valor ecológico, como la Sierra de Gata en Extremadura o los de Galicia, que tardarán décadas en recuperarse. Centenas de miles de incendios en los últimos años (más de tres mil de media con 61 hectáreas calcinadas cada año), con pérdidas incalculables, no solo económicas, que quedan impunes ante el Código Penal. En los últimos siete años solamente ocho personas han sido condenadas a más de dos años de prisión. Con el reciente agravante de que en estas zonas incendiadas, en las que quedaba prohibida su utilización para otros usos que no fuera el retorno a su estado natural, evitando así la intención perversa del posible incendiario, ahora ha sido cancelada la susodicha prohibición. Decisión incomprensible que choca de frente con la intención declarativa de combatir estos comportamientos.

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Tres conclusiones del drama griego

1.- Se podría decir que el destino de la Grecia contemporánea quedó sellado un día de octubre de 1944 cuando Churchill y Stalin, sentados en torno a una mesa en el Kremlin, llegaron al famoso "pacto de los porcentajes" por el que se repartieron Europa del este. El premier británico –dicen– garabateó en un trozo de papel, y el líder ruso aceptó, las exactas proporciones en que cada parte controlaría los diferentes países. Grecia 90% británica, 10% la URSS. Este acuerdo permitiría a los británicos intervenir militarmente, después de la guerra, en la contienda civil que se desató en el país heleno, en apoyo de la monarquía y en contra de la poderosa guerrilla comunista, sin que Stalin moviera una ceja. Lo que indicaría la trascendencia que para occidente ha tenido siempre Grecia, por historia, cultura y por su posición geoestratégica. Y explica por qué en el drama griego no solo se ventila la cuestión del euro sino temas políticos de primer orden que han puesto en alerta a Obama, a  la OTAN, a Putin y a todos los demás. Primera conclusión: el Grexit no era una opción sino una estupidez política. Pensar que Grecia, dejada caer y abandonada a su suerte, no iba a buscar, por necesidad, otros padrinos era no entender nada de lo que estaba en juego.

2.- Hay que reconocer que el método de negociación del tercer rescate ha sido nefasto. No se pueden convertir las reuniones del Eurogrupo y del Consejo europeo en "juntas universales de acreedores", en una batalla entre acreedores y deudores. Eso no tiene nada que ver con el método comunitario, ni con lo que se espera de la Unión. Explica el fracaso de los dos anteriores rescates, que no han servido para nada, la desconfianza entre todos los socios y la insolidaridad creciente de las opiniones públicas. Así es imposible construir un demos europeo. El 61% de los griegos dijeron no a la propuesta de la UE, pero ¿cuántos alemanes, finlandeses, austriacos, etc habrían dicho no a seguir dando dinero a los griegos si hubiesen sido preguntados? ¿Quizá el 90%? Y el resultado habría sido igual de democrático. El referendo de Tsipras fue un error de bulto, para consumo interno, una "moción de confianza popular", saltándose el Parlamento que se ha convertido, a la postre, en una moción de desconfianza de los socios europeos que cual bumerán puede llevarse por delante su Gobierno y adelantar las elecciones. Segunda conclusión: hay que actuar en términos de socios, no de acreedores/deudores o la UE dejará de ser lo que debe de ser. Pero Syriza ha demostrado que no sabe bien en qué mundo vive y cuáles son las reglas.

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Siempre en la izquierda

En los últimos tiempos se debate sobre la crisis de la democracia representativa, es decir, la nuestra. Cabe preguntarse dónde radica el origen primario de tal malestar. En mi opinión, en la crisis sistémica del capitalismo, en su versión dominio financiero, con repercusión en la economía productiva y en el deterioro social. Sumado lo anterior al hecho de que coincide con una crisis de alternativa real a lo existente. Esta profunda quiebra trae causa de dos fenómenos relacionados: uno, la creciente pérdida de hegemonía en la producción de bienes por parte de “Occidente” en beneficio de los países emergentes (Brics), con la consiguiente dilatación patoló- gico-infecciosa de los productos financieros con objeto de mantener la posición dominante global; dos, una creciente distribución injusta de la riqueza a nivel in- terno al tiempo que se mantiene, con artificio, la capacidad de consumo, lo que conduce a insoportables endeudamientos privados y, luego, públicos.

Al estallar las burbujas –financiera, inmobiliaria– cuya onda expansiva es global, los estados-nación se ven impotentes para hacerla frente. Estado-nación que es el espacio histórico de esa forma de democracia que llamamos representativa, por cuanto la ciudadanía es estatal, pues no existe un “demos” global y, muy escaso, europeo. Esta insuficiencia de los estados para afrontar la crisis no es obra del maligno. Las revoluciones tecnológicas han permitido globalizar los procesos, en consecuencia también los problemas y, por ello, las posibles soluciones. En una palabra, el capitalismo es global pero la política-democracia no lo es. Por ejemplo, la UE no es, todavía, un sujeto político y el G-20+ no deja de ser una coordinadora de reuniones no operativas. Al tiempo, muchos instrumentos económicos tradicionales del Estado se perdieron en los años 80/90 a partir del famoso Consenso de Washington: desregulaciones, privatizaciones sin cuento, menos impuestos, es decir, menos Estado, predominio ideológico de lo privado, individual frente a lo público y solidario. Ahora asistimos, al rebufo de la crisis, al asalto al Estado de bienestar porque la mundialización y la crisis nos introducen en un círculo diabólico del que no atinamos cómo salir.

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