Anthropic donará 42.000 millones para aplacar el rechazo a la IA ante su histórica salida a Bolsa

Anthropic ha anunciado este domingo que destinará el 5% de sus acciones a un nuevo “fondo de beneficio público” con el que busca contrarrestar el creciente malestar social hacia la inteligencia artificial antes de su esperada salida a Bolsa. La compañía, valorada actualmente en cerca de un billón de dólares, reservaría, por tanto, un paquete de acciones estimado en unos 48.000 millones de dólares, equivalente a unos 42.000 millones de euros. La medida todavía debe ser aprobada por sus accionistas.

Se espera que el laboratorio de IA dirigido por Dario Amodei salte a los parquets el mes de noviembre, una operación con la que aspira a llegar a unos dos billones de dólares de valoración, unos 1,78 billones de euros. Sería la mayor salida a bolsa de la historia, superando ampliamente la de SpaceX del pasado junio. El plan de la empresa es sumar un 2% adicional de sus acciones al nuevo fondo cada vez que el valor de la compañía en bolsa se incremente un 50%, según ha comunicado. Esta medida deberá ser aprobada en cada caso por la dirección, que no ha revelado qué valor tomará como referencia para calcular ese 50%.

La propia Anthropic está constituida como una “corporación de beneficio público”, una figura de la regulación estadounidense en la que las empresas privadas tradicionales se comprometen a tener en cuenta cuestiones de beneficio social o ambiental en sus estrategias de negocio, además de los intereses de sus accionistas. El laboratorio afirma que el fondo le permitirá ampliar su alcance con “grandes donaciones a organizaciones sin fines de lucro tradicionales o distribuciones directas a poblaciones específicas” para compensar el impacto negativo de la IA.

“Un ejemplo son sus repercusiones en el mercado laboral. La IA puede generar un enorme valor económico, pero también podría provocar inestabilidad en muchos trabajadores”, recuerda. La empresa afirma que ya ha dedicado importantes sumas a estudiar cómo resolver este problema, “pero dado el ritmo de los avances en IA, podrían ser necesarios enfoques más audaces. El Fondo tendrá la versatilidad necesaria para implementarlos”.

Según el comunicado de la empresa, las acciones depositadas en este nuevo instrumento no podrán ser utilizadas para financiar campañas de lobby ni donaciones políticas en Estados Unidos o en el extranjero. Anthropic calcula que este anuncio eleva a cerca del 20% el total de su capital reservado a causas sociales. Esa cifra incluye la promesa fundacional de sus creadores de donar el 80% de sus participaciones y un programa interno en el que participa la mitad de la plantilla, cuyas donaciones de acciones son igualadas por la firma.

Los gigantes de la IA buscan esquivar el malestar social

La idea de Anthropic no es nueva. La creación de mecanismos para ceder una parte de los beneficios de la inteligencia artificial lleva meses circulando en Silicon Valley. Dichos mecanismos quieren frenar no solo la incertidumbre que está provocando esta tecnología (impulsada por los propios laboratorios, que avisan de que la IA supone un “riesgo existencial”) sino también a las protestas contra los centros de datos, que se ha configurado como uno de los movimientos más transversales del país.

En la madrigada de este domingo, tras conocerse el plan de Anthropic, Elon Musk publicó en X que su recomendación es “entregar las acciones directamente al público”. El principal competidor de la firma de Amodei, OpenAI, filtró durante el verano conversaciones internas para poner cerca del 5% de la empresa en manos del gobierno de EEUU. Un plan que perdió tracción debido a que no pocos críticos señalaron que la operación también equivalía a socializar con el estado parte de los riesgos de la burbuja de la IA.

El debate en la meca tecnológica estadounidense está servido. Los dos laboratorios punteros son mirados con cada vez más recelos por la parte del sector que no ha invertido en ellos o no está involucrado en sus investigaciones. El propio Mark Zuckerberg marcaba distancias recientemente con el modelo de estas compañías. “En Meta no somos una de estas empresas como OpenAI o Anthropic que recaudan dinero para financiar su crecimiento y, ya sabes, obviamente abre la pregunta de hasta qué punto podrán seguir recaudando dinero”, ha declarado recientemente.

Una desconfianza que crece también fuera de Silicon Valley. La semana pasada, más de 400 científicos firmaron una carta en la que tachaban de “irresponsables” a los laboratorios que desarrollan IA de frontera, entre los que se encuentran Anthropic, OpenAI, Meta y Google DeepMind. Los investigadores, procedentes de más de 30 países, hacían hincapié en las “negligencias” cometidas este verano tras la salida a la luz de los hackeos cometidos por sus inteligencias artificiales sin supervisión.